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Todos somos Ramón

La creciente e indetenible ola de homicidios que asola a nuestro país no discrimina ni por sexo, grupo étnico o credo. La guerra de pandillas, el asalto o el sicariato, nos han invadido en todos los ámbitos del quehacer ciudadano: desde el recinto laboral, pasando por nuestras calles y sitios de entretenimiento, hasta llegar a irrumpir en la intimidad de nuestros hogares. Esto es a lo que los anglosajones le han dado el calificativo de “insane society”.

La génesis del terror

Ya para octubre 2025 en Costa Rica se han contabilizado más de 700 homicidios lo que presupone que este año podríamos estar llegando a un nuevo “record” histórico. No cabe duda de que el origen de todo este auge delincuencial que nos agobia está estrictamente vinculado a las condiciones socioeconómicas del país.

La desigualdad, la penetración galopante del Narcotráfico, la improvisación estatal, la saturación en redes sociales y medios de comunicación de mensajes de odio, la pérdida de oportunidades para los jóvenes y un larguísimo etcétera. Esto, sin dejar de lado los altos niveles de desempleo, la deserción escolar (solo en el 2024, alrededor de 15.000 estudiantes abandonaron las aulas) y un costo de vida considerado como el más alto de toda América Latina, en el 2025.

¿Qué de la solidaridad entre hermanos?

A todo lo antes señalado debemos agregarle que en general la sociedad costarricense ha perdido la empatía con sus semejantes. Hemos sustituido la colectividad por la individualidad, la solidaridad por la indiferencia o el desinterés.

No es posible que aparte de los altos índices de criminalidad imperantes tengamos en nuestras conciencias la astronómica suma de 5.793 muertes desde el 2023 a enero 2025, por las listas de espera en la CCSS. Sí, así como suena; la gente se muere esperando una intervención quirúrgica o un procedimiento de rutina.

Los ticos no tenemos tradición de ahorrar para la salud, para la atención médica de la familia, para la adquisición de medicamentos… ¿Pero, hasta cuándo? ¿Quiénes son los que pueden mantener pólizas millonarias para el tratamiento de enfermedades terminales o procedimientos en el extranjero? ¿Tendremos que volver a luchar por nuestro derecho a la salud, a la educación, a la seguridad? ¡Definitivamente sí y ya mañana es tarde!

¡Ramón, otra víctima inocente, sin duda!

El pasado 21 de octubre, de forma artera y cobarde apagaron la vida de un hombre bueno, ciudadano ejemplar, de buenas costumbres, buen padre, abuelo, hermano, amigo y mejor hijo, aún. Ramón Luis Azofeifa Villalobos.

Hombre de trato afable y cortés, de muchísimos conocidos por sus actividades comerciales. Rehuía las aglomeraciones de gente, prefería la intimidad de una cálida reunión de amigos en casa, que en cualquier sitio público. Amante del deporte, del buen café y vino, nunca se le conocieron enemigos. Los únicos a los que con frecuencia hacía alusión, como sus acérrimos opositores, era a los políticos y religiosos corruptos, malintencionados y demagogos. Pese a que no era practicante de ninguna religión, si era creyente, y en su vida siempre se condujo con profundo respeto por sus semejantes sin sacar ventaja de su posición.

No aceptaba ningún negocio donde se le propusiera un pago en efectivo. Siempre decía:

No puedo aceptar pagos en efectivo porque yo tengo que dar cuentas de mis ingresos a las autoridades fiscalizadoras y no quiero problemas ni con Hacienda ni con los Bancos, aunque eso signifique rechazar un negocio, por bueno que éste sea.”

Pagador puntualísimo de sus obligaciones tributarias y comerciales, jamás aceptó un negocio oscuro o por debajo de la mesa. Sus convicciones personales no se lo permitían. Tampoco tenía adicciones ni ningún tipo de contacto con mafias de narcotráfico o del contrabando.

Y es que, con todos esos atributos y características propias, ¿por qué alguien querría matar a Ramón? ¿Por qué ensañarse y propinarle seis balazos en la cien mientras conducía su auto distendidamente por los alrededores del puente del Ricardo Saprissa, rumbo a su casa?

Los posibles móviles del crimen

  • Que el gatillero que lo ejecutó, lo confundiera con otro blanco.  Se presume que como Ramón tenía una agencia de autos usados y recién había recibido el vehículo BMW X5 en el que le dispararon, y que el mismo fue adquirido de un lote de remate, que podría darse el caso de que este auto hubiera pertenecido a un Capo de la mafia y que, por falta de actualización de datos, el homicida lo acribillara por error.
  • Que Ramón hubiera tenido un altercado con un motorizado en la carretera. Como es usual en nuestras vías, los motociclistas están a la orden del día, con sus maniobras y peripecias suicidas y que en una de ellas se topara con Ramón, que hubieran tenido algún intercambio de palabras y que el susodicho lo siguiera sigilosamente hasta alcanzarlo y descargar su ira.
  • Que un narco se hubiera presentado a la Agencia a comprar un auto en efectivo y Ramón le rechazara la oferta. En la lógica de este tipo de delincuentes, un rechazo de esta naturaleza solo podría pagarse con la muerte.
  • El odio, como arma letal contra ciudadanos de cierta posición social. La sola tenencia de algunos bienes despierta la envidia y el celo desmedido de individuos socialmente desplazados pero fuertemente armados y sin apego a la vida.

Cualquiera sea la causa encontrada según las pesquisas de la investigación, el resultado será invariablemente el mismo: Ramón fue asesinado  Otra víctima colateral del crimen organizado.

El sicariato toca a nuestras puertas, ayer fue Ramón, mañana Carlos, José, Carla, Francisco, María, Oscar, Miguel, Patricia, Gabriela, Eliécer, Sandra, Marcela, Sergio… ¡La mafia escoge el apellido!

¡Esto no es un asunto de malentendidos o de vendettas entre narcos! ¡Es un tema de emergencia nacional que nos afecta a todos!  Y tarde o temprano, #TodosSomosRamón.

¡Exigimos respuestas de las autoridades policiales y judiciales!

¡O los políticos nos devuelven la Costa Rica de la igualdad, de las oportunidades, de la educación, de la seguridad, del trabajo digno y bien remunerado, o habrá que exigírselos en las urnas y en las calles!