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Salud preventiva y vacunación: un escudo invisible para proteger a nuestros adultos mayores

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Cada 1° de octubre, conmemoramos el Día Internacional de la Persona Adulta Mayor, una fecha que nos invita a reflexionar sobre los grandes desafíos y oportunidades que representa el envejecimiento poblacional. A nivel mundial, el número de personas mayores de 60 años se ha duplicado, pasando de unos 541 millones en 1995 a 1.200 millones en 2025. Por lo que, esta transición demográfica obliga a anticipar acciones que aseguren no solo más años de vida, sino también con mejor calidad de vida.

La Organización Mundial de la Salud ha sido clara al respecto: el envejecimiento saludable debe ser una prioridad mundial y para lograrlo, la salud preventiva es fundamental. Dentro de las estrategias más costo-efectivas, la vacunación destaca como una herramienta poderosa que no sólo reduce hospitalizaciones y complicaciones, sino que también permite a adultos jóvenes y mayores vivir con dignidad y autonomía.

Es importante derribar el mito de que las vacunas son exclusivamente para la niñez. Las personas adultas mayores enfrentan riesgos particulares ante enfermedades prevenibles, debido a la disminución natural de las defensas del cuerpo con el paso de los años. Mantener el esquema de vacunación actualizado, incluyendo las dosis de refuerzo, es fundamental para reducir el impacto de infecciones graves y asegurar una vejez activa.

Por lo anterior, es importante considerar que la vacunación tiene el potencial de seguir siendo la herramienta más poderosa para mejorar la salud mundial y contribuir al bienestar humano, por lo que debemos extender los beneficios de esta medida clave de prevención y protección más allá de la niñez y especialmente, entre las mujeres embarazadas y los adultos mayores.

Invertir en vacunación del adulto es invertir en salud pública.3 Las personas mayores no son actores pasivos de la sociedad; al contrario, impulsan el progreso y aportan experiencia, resiliencia y valores a nuestras comunidades. Su bienestar es, por tanto, una responsabilidad colectiva.

Diversos estudios demuestran que, si bien aproximadamente el 25% de las diferencias en la longevidad entre las personas se atribuyen a factores genéticos, el entorno y los estilos de vida tienen una influencia directa en la salud y en el tipo de envejecimiento que cada individuo experimenta. En este sentido, los hábitos saludables y las medidas de prevención pueden marcar una diferencia significativa.

No se trata solo de sumar años a la vida, sino de sumar vida a los años. Como líder de negocios senior de la industria farmacéutica, hago un llamado para que, desde el ecosistema de salud, sigamos educando sobre la importancia e impacto positivo de la vacunación en todas las etapas de la vida. La prevención debe ser un pilar clave en las estrategias de salud de nuestros países. Recordemos que el envejecimiento saludable se construye día a día y la vacunación es una de las herramientas para lograrlo.

En este Día Internacional de la Persona Adulta Mayor, celebremos y cuidemos a quienes tanto han aportado a nuestras familias y nuestras comunidades. Apostar por su salud es apostar por un futuro más justo, resiliente y humano para toda la sociedad.

Escrito por: Lucila Mouro, líder de negocios senior de la industria farmacéutica