Durante el último tiempo, cerca de 140 países han reafirmado su reconocimiento a un Estado palestino independiente. Que países del G7 incluidos Francia, Reino Unido, Canadá y Australia se sumen marca un cambio simbólico y estratégico en la diplomacia a nivel internacional. El momento en que esto ocurre no es el más oportuno, en medio del conflicto en Gaza, con las intenciones políticas del gobierno israelí de ampliar los asentamientos bajo amenaza de anexión y las denuncias de crímenes contra la humanidad en el enclave mediterráneo, es la combinación de una propuesta sin futuro.
Es adecuado mencionar las implicaciones positivas y negativas de esta decisión, así como las alternativas a medidas unilaterales como el reconocimiento sin condiciones o el proceso de anexión de territorios por parte de Israel. El reconocimiento de Palestina como Estado es un gesto más simbólico que significativo y sus implicaciones afectan la dinámica del conflicto y el escenario global.
La decisión refuerza la idea de legitimar el proceso de autodeterminación palestina como un sujeto político a nivel internacional, brindando herramientas a diplomáticas y abriendo oportunidades en la participación del gobierno palestino de optar por la vía diplomática y abriendo las puertas a una mayor participación en tratados y foros internacionales.
También, la idea de impulsar esta propuesta de estatidad tiene como objetivo presionar a Israel en cuanto al tema de la ampliación de su control sobre los asentamientos en las zonas disputadas de Judea y Samaria (Cisjordania), enviando el mensaje que este tipo de medidas son una mala respuesta ante el contexto que vive el país.
Por medio de este reconocimiento, el gobierno palestino podría optar eventualmente a captar cooperación económica y al desarrollo, también fortalecer eventualmente su posición frente a tribunales internacionales y pedir que se hagan valer sus derechos de manera efectiva. Si la medida incluye exigir el reconocimiento mutuo de Palestina e Israel desde sus naturalezas podría eventualmente promover un dialogo hacia la coexistencia contra la violencia que se ha escalado en el último tiempo.
Pero, la medida no se encuentra exenta de riesgos y contradicciones, por ejemplo, el timing elegido podría no ser el más oportuno ya que ocurre en contexto de guerra abierta en Gaza, con la presencia de rehenes israelíes, la negativa de los islamistas a tomar decisiones para dejar el poder, y con una crisis humanitaria de altísimo riesgo. Algunos podrían interpretar esta acción como una señal de desconocimiento del contexto en que se ha desatado la guerra, una insensibilidad sobre las víctimas israelíes e incluso la legitimación de las acciones de Hamas tanto contra Israel como contra los propios palestinos de Gaza.
De igual manera, hay pocos cambios que pueden ocurrir en el terreno, en primer lugar, porque los palestinos no cuentan con un control territorial efectivo, sino que por el contrario se encuentra separado física, legal y políticamente, el reconocimiento palestino podría fortalecer a sectores extremistas y atomizar aun más la fuerza de la Autoridad Nacional Palestina.
El reconocimiento podría profundizar la brecha entre los países occidentales y el mundo árabe, deteriorando las relaciones con Israel y con Estados Unidos, afectando sectores claves como seguridad, inversiones, investigación y desarrollo, así como el factor comercial, también fomentar la imposición de gestos unilaterales que intensifiquen las distancias y aleje la posibilidad de una paz negociada.
Mientras tanto, se pueden plantear alternativas a estas medidas unilaterales que podrían ser una opción para impulsar mayor estabilidad y preparar el terreno hacia una paz duradera y sostenible. Primero, se puede plantear un reconocimiento condicionado o progresivo con reformas institucionales, elecciones con la conformación únicamente de fuerzas políticas que no se transformen en elementos que rompan con el diálogo hacia la paz y de esa manera condicionar la aceptación de existencia de Israel como un punto inflexible para ser parte de los procesos de reestructuración palestinas.
Como segundo aspecto se encuentra un fortalecimiento institucional a la Autoridad Nacional palestina a través de la cooperación financiera, técnica y política, incorporar cláusulas como la lucha contra la corrupción, el combate a la atomización de las fuerzas de seguridad y profesionalizar las instituciones de seguridad.
En estos procesos de cooperación, también debe impulsarse la relacionada al desarrollo como energía, infraestructura, y otros que lleven a un desarrollo económico a la población palestina y que le permita ir alcanzando diferentes niveles de independencia con menos interdependencia económica de algunos actores particulares.
Se debe ampliar la mediación exclusiva de Estados Unidos e incorporar a países de la Unión Europea, así como impulsar la participación de países árabes moderados y organismos internacionales de manera responsable. Ante esto, también es importante avanzar en derechos prácticos de manera parcial y paulatina sin forzar el estatus final, así como la importancia de garantías de seguridad conjuntas para reducir la desconfianza y funcionen como un puente de solución definitiva.
Además, frente a los riesgos de anexiones unilaterales por parte del gobierno de Israel en Cisjordania, la comunidad internacional podría explorar con Israel medidas menos irreversibles, por ejemplo, el congelamiento de asentamientos a cambio de seguridad, administración compartida con supervisión internacional para proteger a poblaciones de ambos países, incrementar las competencias locales de la ANP sin llegar un reconocimiento pleno actualmente de los palestinos ni una anexión.
Por otra parte, también cabe la posibilidad de una confederación israelí – palestina y jordana sobre soberanías compartidas y coordinación en temas de seguridad, junto con un proyecto de cooperación pragmática y coordinación de seguridad, junto con el desarrollo económico en conjunto, y la internacionalización temporal de territorios en disputa para finalmente impulsar un intercambio territorial negociado de acuerdo con la resolución 242 del año 1967.
Finalmente, el reconocimiento de Palestina por parte de distintos países se convierte en un parteaguas, un gesto simbólico para la narrativa palestina, pero también desafíos diplomáticos intensos, la pregunta central es si esta decisión acerca a las partes a la paz o por el contrario termina de solidificar posturas unilaterales que compliquen aún más el conflicto que ha sido imposible de aterrizar de manera definitiva.
