En un descarado golpe a la ciencia y la soberanía estadounidenses, la Dra. Reina Roa –la principal burócrata de salud de Panamá y próxima presidenta de la cumbre del tratado antitabaco de la Organización Mundial de la Salud (OMS)– ha atacado abiertamente la credibilidad de la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) de Estados Unidos.
En una comunicación oficial del 8 de julio, Roa desestimó las revisiones basadas en evidencia de la FDA sobre productos de nicotina de riesgo reducido, como los cigarrillos electrónicos y las bolsas de nicotina, cuestionando con arrogancia la independencia de la agencia simplemente porque sus conclusiones no se alinean con la agenda ideológica de la OMS.
Esto no es una simple nimiedad burocrática. Es una crítica extraordinaria e infundada a una de las instituciones reguladoras más respetadas del mundo y, por extensión, un insulto a los Estados Unidos. Además, supone una negación a reconocer la creciente evidencia científica que demuestra que los productos de nicotina no combustibles son significativamente menos dañinos que fumar.
La afirmación de Roa de que «no existe un consenso científico independiente, ajeno a la industria tabacalera, que confirme que estos productos representan un riesgo sustancialmente menor» es manifiestamente falsa. El consenso científico mundial sobre este asunto es abrumador y abarca distintos continentes, ideologías y tradiciones de salud pública.
Contra la ciencia
El Real Colegio de Médicos del Reino Unido declaró en su emblemático informe de 2016, Nicotina sin humo, que “es improbable que el riesgo para la salud derivado de la inhalación de vapor a largo plazo supere el 5% del daño causado por fumar tabaco”. Salud Pública de Inglaterra, ahora la Oficina para la Mejora de la Salud y las Disparidades, concluyó célebremente que vapear es “al menos un 95% menos dañino que fumar”.
En 2018, las Academias Nacionales de Ciencias, Ingeniería y Medicina de EE. UU. hallaron “evidencia sustancial de que la exposición a sustancias tóxicas de los cigarrillos electrónicos es significativamente menor en comparación con los cigarrillos de tabaco combustibles”. Cancer Research U.K. es claro al afirmar que “los cigarrillos electrónicos son mucho menos dañinos que fumar”, y Action on Smoking and Health in Britain coincide en que “la evidencia es cada vez más clara de que vapear es mucho menos dañino que fumar”.
Los organismos internacionales coinciden. El Ministerio de Salud de Nueva Zelanda, la Academia Nacional de Medicina de Francia, el Centro sobre Uso de Sustancias y Adicciones de Canadá y el Centro Nacional de Epidemiología y Salud Poblacional de Australia han confirmado públicamente que el vapeo y otros productos de nicotina no combustibles son significativamente menos dañinos que fumar.
Esto no es ciencia aislada. Es la base de una formulación de políticas responsable y basada en la evidencia.
¿Ignorancia deliberada o…?
La sugerencia de Roa de que estas posturas no representan un verdadero consenso científico refleja ignorancia premeditada o un intento deliberado de engañar. Peor aún, insinúa que la FDA, una agencia reguladora conocida por establecer algunos de los estándares de productos más estrictos a nivel mundial, podría estar comprometida o manipulada por la industria tabacalera. Esta es una acusación indignante que raya en la difamación absoluta.
¡Qué cambio radical para la OMS! En su informe de un grupo de estudio en 2015, la OMS recomendó que «las estrategias regulatorias desarrolladas por la Administración de Alimentos y Medicamentos de EE. UU. podrían utilizarse como base para decidir sobre las mejores prácticas».
Sin embargo, ahora que la FDA ha autorizado los vapeadores, el tabaco calentado y las bolsitas de nicotina como «apropiados para la protección de la salud pública», Roa señala que la OMS ha cambiado repentinamente de opinión, lo que plantea la pregunta de si su postura tiene más que ver con los recortes de fondos estadounidenses a la OMS que con la salud pública.
Ya sería bastante preocupante que esta falsa retórica viniera de una voz marginal. Sin embargo, un documento oficial del Ministerio de Salud de Panamá y de la próxima presidenta de la 11.ª Conferencia de las Partes (COP 11), la reunión mundial clave para establecer políticas sobre tabaco en el marco del Convenio Marco para el Control del Tabaco de la OMS, debería acarrear responsabilidades.
Este rol debería exigir un liderazgo basado en la evidencia y la capacidad de unir a los países en torno al objetivo común de reducir las muertes y enfermedades relacionadas con el tabaquismo. En cambio, el rechazo de Roa a los hechos aceptados indica una preocupante reticencia a analizar datos reales y una indiferencia hacia la urgente necesidad de proporcionar información precisa a los fumadores, especialmente en los países en desarrollo.
La ciencia exige más
Cuestionar la independencia de la FDA no solo es ofensivo para los reguladores y profesionales de la salud pública estadounidense, sino también un error que debilita la credibilidad de la OMS. La reducción de daños del tabaco no es una invención estadounidense ni propaganda de la industria. Es una estrategia de salud pública basada en el principio de reducir el riesgo para las personas que no pueden o no quieren dejar la nicotina por completo. El propio Convenio Marco para el Control del Tabaco de la OMS menciona explícitamente la reducción de daños, pero en la práctica sigue ignorando este enfoque.
Al minimizar el papel de la FDA y desestimar el amplio consenso científico, Roa socava la credibilidad de las instituciones de salud pública a nivel mundial y alimenta la desconfianza en la ciencia regulatoria. Irónicamente, al acusar a otros de falta de independencia, plantea interrogantes sobre su propia objetividad al presidir la COP 11, la reunión internacional de salud pública más importante del año. Dicha reunión debería llevarse a cabo con imparcialidad, sin un ambiente que intente excluir el consenso establecido sobre los productos con menor impacto.
Las declaraciones de Roa traicionan la misión misma de la OMS y del Convenio Marco para el Control del Tabaco. Si la comunidad mundial de salud pública realmente desea reducir la carga del tabaquismo, debe comenzar por respetar la integridad de organismos científicos como la FDA, aceptar la evidencia creíble dondequiera que se origine y reconocer que la reducción de daños no es una amenaza, sino una oportunidad.
Este artículo fue originalmente publicado en inglés en Blaze Media el 19 de agosto del 2025.
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