Hace unos 25 años, las fiestas de mi pueblo, “Churuca”, figuraban entre las más destacadas de Cartago. Eran conocidas por su ambiente familiar y la calidad de su gastronomía. Recuerdo que llegaba gente de toda la provincia brumosa e incluso de San José.

En esas fiestas, los juegos mecánicos proporcionaban diversión para todos los públicos. Mi favorito era el barco pirata. Después incorporaron el “Kamikaze”, que se convirtió en mi predilecto. Este término, que literalmente significa “viento divino”, fue utilizado por los estadounidenses para referirse a los ataques suicidas realizados por los pilotos japoneses durante la Segunda Guerra Mundial.

Nosotros lo conocíamos como “El Martillo”: denominación que se debe a su forma y a la fuerza con la que giraba en un eje, lo que provocaba que los ocupantes dieran vueltas de 360° y quedaran con la cabeza abajo durante algunos segundos. Me encantaba esa sensación y la extraño, pero ahora evito utilizar juegos mecánicos. Siento temor, no por la velocidad ni por la aceleración, o por las sensaciones corporales, sino porque la seguridad de estos juegos no es óptima.

En el pasado, no pensaba tanto en la seguridad de los juegos mecánicos. Simplemente los disfrutaba. Hoy, cuando veo algún “turno”, me traslado a mi infancia y adolescencia, pero también analizo su seguridad. En varias ocasiones, he observado juegos con bases inestables, desgastes, desniveles y otras condiciones peligrosas.

Algunos accidentes recientes

“La Tagada” es un juego mecánico que consiste en un plato gigante que se mueve violentamente en varias direcciones. Este juego utiliza una fuerza centrífuga muy elevada y carece de sistemas básicos de protección como, por ejemplo, cinturones de seguridad. Además, se permite a las personas ponerse de pie, lo que aumenta notablemente la probabilidad de salir expulsados.

Hace poco más de un año, una joven madre de San Pablo de León Cortés sufrió en este juego graves lesiones que le ocasionaron la muerte. Este caso no se atribuye a fallos del juego, sino a su nivel de riesgo intrínseco.

Tras este lamentable suceso, los organizadores manifestaron que tenían todos los permisos al día, pero este argumento no es válido en este caso. Ningún juego de este tipo debería conllevar un alto riesgo de muerte, aunque en el reglamento se indique que el usuario asume ese riesgo. Sin duda, podríamos estar ante un caso de homicidio culposo por parte de los organizadores y del Ministerio de Salud, que otorga los permisos.

En octubre de 2024, en Siquirres, el juego mecánico “El Pulpo” colapsó y cuatro niños resultaron heridos. La ministra de Salud, Mari Munive, indicó que los permisos se habían otorgado después de que el departamento de ingeniería realizara una inspección, como establece el procedimiento. El 28 de enero de este año, en Palmares, varias personas tuvieron que ser rescatadas cuando quedaron cabeza abajo en el juego mecánico “Move it”, que se detuvo de pronto debido al fallo de un sensor de seguridad.

Estos sucesos son cada vez más recurrentes en Costa Rica. Resultan preocupantes si tenemos en cuenta que, cuando se aplican correctamente las normativas técnicas de seguridad, la probabilidad de sufrir una lesión grave en un juego mecánico es mínima: 1 en 16 millones. Esta probabilidad es incluso menor que la de ser impactado por un rayo en Estados Unidos, que se ha estimado en una en 700,000.

La recurrencia de estos eventos en nuestro país podría deberse a que no se apliquen normas técnicas reconocidas internacionalmente y a que muchos de estos juegos son muy antiguos. Es muy posible que hayan sobrepasado su vida útil, o que no reciban el mantenimiento adecuado.

Fiscalización

Recientemente, en varios medios de comunicación se indicó que los ingenieros del Ministerio de Salud inspeccionaron los juegos mecánicos de Palmares y que no hallaron signos de fatiga o daños visibles. No obstante, a los pocos días se produjo una avería que ocasionó una emergencia.

Los procedimientos de inspección de los juegos mecánicos deben ser exhaustivos. Deben ser realizados por ingenieros experimentados en este tipo de atracciones, que conozcan todos sus sistemas, tanto mecánicos como eléctricos. Pero también debería haber fiscalización durante su uso y se deberían exigir estrictos protocolos de revisión diaria a los operadores de los juegos.

Existen dudas sobre la calidad y la efectividad de los protocolos preventivos aplicados por el Ministerio de Salud al otorgar este tipo de permisos y, sobre todo, sobre su aplicación en la operación diaria de las atracciones, que podrían presentar fallos por el uso, incluso después de haber aprobado una inspección inicial.

Algunas normativas reconocidas internacionalmente emiten criterios de seguridad para los juegos mecánicos. La Sociedad Estadounidense para Pruebas y Materiales (ASTM, por sus siglas en inglés) emitió la norma F2291-24, que proporciona criterios y referencias a los diseñadores, ingenieros, fabricantes, propietarios y operadores de juegos mecánicos para su diseño o modificación.

Por su parte, la Unión Europea promulgó el estándar EN 13814:2019, Seguridad de las atracciones y dispositivos recreativos, que también busca establecer criterios de seguridad en el diseño y la operación de estas atracciones.

Con estas bases normativas, los inspectores calificados pueden revisar límites de aceleración, cargas y resistencia, equipos hidráulicos, sistemas neumáticos, sistemas de control relacionados con la seguridad, sistemas eléctricos y mecánicos, vallas y barandas, soldaduras, elementos de fijación, revestimientos, controles del operador y protección contra caídas.

Los “turnos” son espacios familiares que fomentan la cultura y la diversión. Sin embargo, esto debe ocurrir siempre bajo altos estándares de seguridad, que eviten que las familias costarricenses tengan que lamentar una pérdida que sin duda podríamos evitar. Ningún “kamikaze”, excepto el juego mecánico, debería formar parte de estas actividades.

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