El Poder Judicial está comprometido con la erradicación de la violencia contra las mujeres.
Cuando realizamos conmemoraciones, buscamos concientizar, captar la atención y diseminar información sobre temas relevantes para la sociedad. Normalmente se trata de fechas fijas en el calendario que nos recuerdan la importancia de algún evento pasado.
Sin embargo, las conmemoraciones relacionadas con asuntos de género adquieren un matiz distinto. En el caso de estas, la reflexión impulsa a la acción; y la sensibilización se transforma en un poderoso llamado a mover voluntades, especialmente cuando se trata de la violencia contra las mujeres y las niñas.
Esto es así porque constituye un fenómeno masivo y omnipresente, que trasciende barreras geográficas, educativas, socioeconómicas y etarias. Está en nuestras comunidades, y no solo afecta a personas que podríamos conocer, sino a todo el conjunto social, representando un obstáculo monumental para la realización plena de la democracia y el desarrollo humano de la colectividad.
Conmemorar nuestra voluntad y los esfuerzos globales para eliminar la Violencia contra las Mujeres y niñas sigue siendo un acto transgresor, en el que rompemos el silencio y la inacción que a menudo rodean estos hechos de violencia en el mundo. Esta conmemoración siempre será un llamado urgente a comprometernos más con el noble objetivo de asegurar para todas el derecho a vivir sin agresiones, sin amenazas y sin insultos.
El tamaño y la intensidad de nuestro esfuerzo debe ser equiparable a la multidimensionalidad y transversalidad de este fenómeno, que se expresa en la economía y el patrimonio personal de las mujeres, en su salud obstétrica y mental, en el acoso callejero y digital, en las lesiones físicas, privaciones de libertad y en el femicidio.
El Poder Judicial en su conjunto tiene la obligación de ser eficaz en la aplicación de la justicia para las víctimas de estas manifestaciones de violencia, proactivos en la prevención y sensibilización, y contundentes en la aplicación de la ley.
Nuestros esfuerzos deben incluir transformaciones institucionales, presupuestos adecuados, estrategias de prevención, protocolos de actuación y un diálogo constante con la sociedad civil y los familiares de las víctimas.
Involucrar al tejido social en la protección de las mujeres en situaciones de violencia es decisivo. Reforzar las campañas de información y concientización es esencial para que la sociedad actúe como un salvavidas para aquellas mujeres que, atrapadas por la desinformación, amenazas y manipulaciones psicológicas, no saben o no pueden pedir ayuda.
Debemos también trabajar hombro a hombro con nuestras comunidades, con organizaciones nacionales e internacionales, y con toda la ciudadanía, para construir una sociedad más justa e igualitaria, en la que honremos el mandato de no dejar a nadie atrás.
Nuestra posición es firme: si una mujer es víctima de violencia, utilizaremos todas las herramientas del Estado para protegerla, apoyarla y asegurar que los responsables enfrenten la justicia.
Reiteramos el compromiso a no dejarlas solas y a difundir el conocimiento sobre este tipo de violencia en aras del fortalecimiento de políticas públicas y leyes dirigidas a su erradicación.
