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Conflicto en Gaza y el escenario de las narrativas

El uso del lenguaje en el conflicto entre palestinos e israelíes ha sido explotado constantemente con la intención de elevar el nivel de enfado con respecto a las acciones de los actores en los enfrentamientos y es algo que principalmente impacta a Israel, quien la lucha mediática la tiene cuesta arriba desde hace varios años.

Por ejemplo, decir a lo que ocurre que es un “genocidio”, no solo desvirtúa los parámetros con los cuales el Derecho Internacional plantea dicho crimen, sino que incluso degrada situaciones realmente graves que han ocurrido donde el objetivo ha sido el exterminio sistemático de poblaciones, como el caso del Holocausto, de Ruanda, Yugoslavia, entre otros, donde los objetivos sí estaban estatalmente marcados hacia ese objetivo nefasto.

Este tipo de discursos usados en el enfrentamiento palestino – israelí se convierte en un juicio contra un Estado de manera diferenciada a otros conflictos incluso regionales. Por ejemplo, poco se habla de los cientos de miles de sirios asesinados por el régimen y por sus aliados, incluyendo poblaciones sensibles como ocurre en este caso, o la situación de Yemen que también contempla cientos de miles de muertos en nueve años, de igual manera ocurre con el tema kurdo o incluso en otras latitudes como lo que ocurre en África o en otros países asiáticos.

El conflicto entre palestinos e israelíes moviliza sin ninguna duda los sentimientos de las poblaciones, incluso de manera irracional, casi “futbolística” y se convierte en una guerra de narrativas que terminan por catalogarlos como si se tratara del conflicto más nefasto de la historia de la humanidad, cuando los costes humanos; entre civiles y militares, en las décadas que ha persistido no es tan elevado en comparación con otros en la misma zona y que la mayoría de las acusaciones sobre “exterminio” o sobre “limpieza étnica” se resume en una manipulación de los sentimientos para obtener réditos de carácter político.

Lo anterior es una medida aplicada regularmente para este conflicto y principalmente pesa sobre Israel y no porque sea un Estado y el otro sea una organización irregular, porque misma situación debería ser vista con respecto a Yemen y las guerrillas hutíes o en el caso de Siria y el ataque del régimen contra la oposición que está resguardada en medio de población civil, pero no ocurre, ¿por qué?

Sencillamente porque el tema palestino se ha transformado entre algunos países del Sistema Internacional; en ocasiones inclusive algunos de dudosa reputación en temas de derechos humanos y libertades civiles, en una herramienta de descalificación a la existencia misma de Israel como lo hace desde incluso la Guerra Fría una mayoría automática en los foros de Naciones Unidas y que está compuesta en algunos casos por países autoritarios y dictatoriales, de ahí que resulte absurdo que un país que viola los derechos de las mujeres como Irán o que un corrupto país africano quiera dar clases de respeto a la dignidad humana a Israel.

Incluso, pareciendo el “mundo del revés” en pocos días, Irán asumirá la presidencia del Foro de DDHH de las Naciones Unidas, o sea, la desvalorización de los principios de derechos humanos de un país que atormenta minorías étnicas como árabes del Ahvaz, algunos kurdos, persigue a azeríes étnicos y hasta agrede mujeres, aun está fresco el recuerdo de Mahsa Amini.

Ahora bien, ¿limita todo lo dicho a la necesidad de entender que hoy estamos frente a una tragedia humana en la Franja de Gaza? Para nada, por el contrario, la tragedia del pueblo palestino es haberse convertido en la moneda de canje de luchas del mundo árabe que ha oscilado entre un derrotista nacionalismo panarabista y el radicalismo del nacionalismo islámico.

Este último entrega como “ofrenda a Moloc” la vida de civiles sin contemplaciones, porque en sus ideales dogmáticos, entienden que en la muerte de aquellos que dicen “defender” se encuentra material para su lucha ideológica y política y están enfocados en saber que en el esfuerzo (yihad) de promover su visión necropolítica de ideología religiosa, su muerte los eleva a los jardines del Edén y contra esto, no hay razonamiento ni principio de respeto a la vida que valga.

Sin embargo, aún están quienes creen que el centro de esta discusión es por territorios o autodeterminación solamente, cuando esa idea hace rato ha quedado desmentida y se debe considerar que aquellos que honestamente defienden la noble causa palestina les están vendiendo el discurso de modo incorrecto y pese a que buscan comprar el ideal de un Estado palestino libre, soberano e independiente que se merecen, entre las líneas de la “resistencia” y la “lucha”, les están endosando un discurso incendiario y peligroso que solamente favorece a los radicales que hoy nos tienen lamentando la vida de miles de seres humanos en Gaza e Israel.