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¿Cómo construir un proceso de diálogo social efectivo?  El método sinodal pinta bien

El contexto cultural y las experiencias del año 2020

El diálogo social en este siglo XXI encuentra obstáculos mayúsculos, debido a que en la cultura occidental se ha venido imponiendo un modelo cultural marcado por un exacerbado individualismo, expresado en una ética del ensimismamiento personal, de modo cada quien se comporta en sociedad como el llanero solitario, en donde el otro es un competidor, a quien hay que derrotar. Por eso, todo esfuerzo de diálogo se disuelve en un monólogo.

De ese contexto antropológico y cultural no escapa Costa Rica, y preocupa la incapacidad de nuestra población para organizar espacios de diálogo social apropiados y productivos, en la esfera familiar, educativa, social, política, eclesial, etc.

A nivel nacional, llevamos años en que desde distintos sectores se viene clamando por un diálogo auténtico, sincero, transparente, inclusivo y productivo.

Las experiencias más recientes se dieron durante el año 2020, cuando el Gobierno elaboró una propuesta al Fondo Monetario Internacional (FMI) que incluyó nuevos impuestos, lo cual provocó  bloqueos en las principales vías de comunicación del país, al punto de que se tuvo que convocar un diálogo nacional, por parte de los presidentes de los tres poderes de la República y también hubo otro esfuerzo de una convocatoria todavía más plural y amplia liderada por la Asamblea de Trabajadores y Trabajadoras del Banco Popular y de Desarrollo Comunal.

No quiero detenerme en analizar en detalle la dinámica de esos dos esfuerzos, pero sí señalar que ambos tienen en común que reunieron cúpulas y fueron efímeros, incapaces de generar procesos inclusivos, permanentes y de escucha recíproca:

  • El del Gobierno buscó legitimación para generar una nueva carta de intenciones para presentar al FMI. Fue un proceso en el que imperó la desconfianza entre sectores, la utilización de esos espacios para fines de mera contención social coyuntural, la prevalencia de los intereses de grupo por encima del bien común, así como el surgimiento todo tipo de estrategias de negociación dirigidas a que sean otros y no el propio grupo quienes terminen cargado sobre sus hombros los sacrificios que eventualmente se tuvieran que hacer para sacar adelante al país.
  • El de la Asamblea de Trabajadores del Banco Popular fue más inclusivo que el del Gobierno, pero no logró que quienes toman decisiones en el Poder Ejecutivo y el Congreso escucharan sus resultados.

El método sinodal

En el año 2022 volví a involucrarme en actividades pastorales de la Iglesia Católica —luego de 20 años de retiro voluntario— y me encontré con una iniciativa del Papa Francisco en pos de reflexionar y actuar como Iglesia Sinodal, es decir, una iglesia en la que todos sus miembros son iguales en dignidad por compartir un mismo bautismo, se escuchan todas las voces, nos respetamos mutuamente y se aprende a caminar juntos —eso significa sínodo—.

Me encontré con que ese proceso sinodal empieza en cada parroquia, es decir, desde las bases, y se van realizando asambleas en los distintos niveles: parroquial, vicarial, diocesano, país, región y continente, y la siguiente etapa del Sínodo será en el mes de octubre de 2023, en donde por primera vez, no solo participaran obispos de todo el mundo, sino también sacerdotes, religiosos, religiosas, laicos y laicas, además de que todos los que participen tendrá derecho a voto.

Pero lo más importante que encontré es el método seguido para ir haciendo las consultas: se le llama conversación espiritual, conversación en el Espíritu y más comúnmente, método sinodal, el cual tiene tres características fundamentales:

  1. Su carácter inclusivo, que no hace diferencias entre personas.
  2. Permite que cada quien se exprese en condiciones de igualdad.
  3. Privilegia el escuchar por sobre el hablar.

Mi motivación para escribir este artículo es dar a conocer cómo es que funciona el método sinodal, ya que lo he practicado varias veces, no sólo en la Iglesia Católica, sino también fuera de ella, y he visto que realmente nos cambian el chip —de lo individual a lo comunitario— y activa la inteligencia colectiva.

La dinámica que se sigue es la siguiente: primeramente, se invita a que cada quien se disponga apropiadamente, sea con una oración o momento inicial de silencio interior de unos 3 minutos.

Luego, se hacen grupos de no más de 12 personas, en los cuales se hacen tres rondas de intervenciones:

Primera ronda: cada quien tiene un máximo de 10 minutos para expresar su opinión sobre el tema que se ha seleccionado para ser abordado por todos, y la persona en uso de la palabra no puede ser interrumpida ni se aceptan comentario alguno u objeción a lo que comparte, de manera que una vez que termina, sigue la siguiente persona en uso de la palabra y así hasta que todos hayan hablado. ¿Qué hacen las personas que no están en el uso de la palabra? Escuchar atentamente lo que el otro está diciendo.

Segunda ronda: cada quien por turno tiene 5 minutos para expresar lo que le ha llamado la atención de las intervenciones de las demás personas, resaltando coincidencias o bien algún aporte que considere relevante, aunque haya sido dicho solo por una persona, mientras el resto escuchan atentamente y hacen sus anotaciones si lo desean, pero igualmente ni se permiten interrupciones ni comentarios hasta que le toque el turno a cada quien.

Tercera ronda: se abre el espacio para buscar identificar aspectos en común o líneas de trabajo que respondan al esfuerzo colectivo de escucha recíproca, generando un resumen por escrito.

Siento que si empezamos en nuestro metro cuadrado a aplicar el método sinodal vamos a poder desarrollar nuevamente la capacidad de escucha y de diálogo social por el que tantos sectores están clamando.

Eso sí, les invito a que se haga desde las bases, no desde las cúpulas, para que sea un esfuerzo de diálogo social verdadero, inclusivo, igualitario y respetuoso, en el que cada quien lo practique primero y dé el ejemplo: sea en una cámara empresarial, sindicato, asociación, centros educativos de todos los niveles, universidades, fundaciones, comités, iglesias, partidos políticos y demás organizaciones formales o no formales.

El método sinodal pinta bien porque:

  • Genera una contracultura que favorece el encuentro, la escucha recíproca, la conversación entre iguales, el dialogo constructivo y la toma de decisiones en conjunto.
  • Está al alcance de las organizaciones y grupos en que nos movemos para que a su interior lo practiquen.
  • Permite generar procesos de co-creación a mediano y largo plazo, porque la situación de nuestro país no se arregla con iniciativas cortoplacistas.

Como bien enseña el Papa Francisco: el tiempo es superior al espacio, lo que al decir de un sacerdote amigo significa que debemos dejar de privilegiar los espacios de poder por encima de los tiempos de los procesos. Que así sea.