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Pan y circo a reventar

La mayoría de costarricenses, posiblemente, hemos reflexionado que llevamos varios gobiernos de discusiones políticas sobre temas que podrían ser considerados de segunda (o tercera) clase en cuanto a la necesidad de resolverlo o sobre los cuales solamente se debe dar seguimiento, por ejemplo, temas relacionados con derechos humanos que no son esencialmente de discusión sino de garantías que no deberían llevar a un proceso de largos debates sino estrategias de discusión adecuadas.

Pero también hay otros tópicos que convierten la administración pública en materia más para la prensa rosa farandulera que un verdadero espacio para el desarrollo nacional. De ahí que nos desgastemos viendo a nuestros flamantes líderes discutiendo largas horas en diferentes plataformas y medios de comunicación acerca de situaciones que parecen más una rencilla personal que un tema país, por ejemplo, el enfrentamiento que al parecer existe entre el presidente de la república contra un empresario y banquero costarricense.

A esto se suma que también se mantiene un constante enfrentamiento contra la prensa de este país acusada de ser “canalla”; término por cierto no es de autoría del presidente sino de un ruidoso señor que constantemente sale vilipendiado en medios de comunicación en búsqueda de sus cinco minutos de fama como si fuera un personaje de la “Tremenda corte”, pero que ha hecho de la persecución contra la prensa su carta de presentación y que al parecer se hace de “recibo” en Zapote también porque utilizan su discurso.

Este tipo de manifestaciones politiqueras sin un fondo constructivo es el que tiene al país en un letargo y aberración de todo lo que suene a política, sumado por supuesto a la corrupción y la falta de trabajo honesto. La gente no quiere participar en puestos de elección popular o promover verdaderos cambios que beneficien al país porque han transformado los poderes de la República en burdos escenarios de muestras de chabacanería y faltas de respeto, no solo entre opositores políticos sino también hacia el electorado y el público en general.

Se dejan de lado los verdaderos problemas nacionales que deben resolverse para dedicarse al vacilón y las desacreditaciones, inclusive, ponen en puestos ministeriales o de poder a personas cuestionadas desde hace mucho tiempo, reciclando lo que en verdad es de desecho y que no aporta nada realmente, nuestro sistema social y estructural está en cuidados paliativos y la cura no llega. No se afronta como es debido la violencia y el crimen organizado que ha cobrado la vida de más de quinientas personas en lo que va del año y que además nos ha convertido en un objetivo del crimen internacional en la región.

Desde hace varios gobiernos, no se ven medidas reales para el combate a este flagelo que nos aqueja y que mantiene en vilo a familias en distintas zonas del país, los delincuentes parecen mejor organizados y con una capacidad de reacción superior que la de nuestras autoridades y esto no hay que ser experto para notarlo con facilidad.

El hueco fiscal y la crisis presupuestaria que sufre el país tampoco se ha abordado de manera responsable, se ha tratado de llenar esos vacíos de la única forma que los últimos gobiernos creen que lo pueden hacer, “apretando más el pescuezo” de la población a base de impuestos que golpea principalmente a la clase media, aumenta la evasión y empobrece a más personas, no hay una propuesta inteligente de recaudación, ni tampoco medidas para la reducción del gasto público y la distribución adecuada para el desarrollo económico.

A esto se le debe sumar el deseo que han llevado delante de querer quebrar el seguro social, no encontrar una solución al problema de las pensiones, el deterioro en la calidad de la educación pública y un mal abordaje a la política migratoria. Estos son verdaderos problemas que debemos concentrar esfuerzos en resolver. Pero para nuestro mal, si además tenemos carencias de liderazgo, y se llevan personas cuestionadas a los poderes de la República o a los municipios, de verdad que como sociedad estamos condenados a un deterioro cada vez más acelerado y el fin de una Costa Rica de la que hasta hace no muchos años nos sentíamos orgullosos e incluso que esto abra el portillo para que como ha ocurrido en otras latitudes terminemos teniendo líderes autoritarios en el poder enquistados y destruyendo más nuestra sociedad.

Estoy seguro que no tengo las soluciones a todos los problemas que nos aquejan como costarricenses, pero inclusive en mi formación tan específica, tengo claros los temas que deberíamos afrontar cuanto antes y no perder el tiempo con circos y burlas hacia nuestra ciudadanía, la crisis es real, el abordaje no es el óptimo, ya es hora de parar tanto juego y postureo, enrollarse las mangas y trabajar a conciencia, que de esta parodia en verdad que todos ya estamos cansados y no la merecemos.