Recientemente estuve de visita por dos semanas en Costa Rica donde vi noticieros y escuché a personas quejándose de la CCSS y algunos hasta pidiendo que la eliminen. Esto me sorprendió mucho. Si no fuera por la Caja mi papá no estuviera vivo y gozando de salud a los 90 años. Además, a las personas que velamos por su calidad de vida se nos haría muy difícil apoyarlo porque no podríamos pagar los tratamientos y medicamentos que recibe de la Caja, gracias a que cotizó durante toda su vida laboral, y que son costosísimos en los hospitales privados.
A raíz de lo anterior, quiero decirles a mis compatriotas que ni a las aseguradoras privadas, ni a las compañías farmacéuticas les conviene que exista la CCSS. El negocio multibillonario de esas compañías se beneficia y multiplica explotando y enfermando a la gente. Las compañías aseguradoras venden “planes médicos” o planes de salud. Esos planes destruyen y fragmentan los servicios, explotan a los médicos y al resto de profesionales de la salud y sus socios e inversionistas se enriquecen con la venta de planes y el trabajo de todos los involucrados en ese sistema que está diseñado para que miles de millones de dólares vayan a parar a los bolsillos de sus accionistas en lugar de traducirse en servicios de salud para el pueblo que los necesita. Igualmente, a las compañías farmacéuticas y a sus socios inversionistas no les conviene que la CCSS haga las medicinas que necesitan y utilizan millones de costarricenses diariamente. Reconozco que el desarrollo de medicamentos es caro y por eso las compañías farmacéuticas tienen sus patentes protegidas por veinte años, tiempo en que nadie más las puede producir. Después de ese tiempo se pueden hacer copias genéricas de esos medicamentos, pero ya para eso tiempo les han sacado billones de dólares en ganancias.
Las aseguradoras internacionales y la industria farmacéutica tienen impacto mundial, su mercado es el planeta entero. Para ellas un sistema de salud como el de Costa Rica es un estorbo para su negocio y enriquecimiento. Si no hay gente enferma o con miedo y probabilidad de enfermarse no venden; por eso, en países dominados por esas lógicas de mercado no existe, como en Costa Rica, la medicina preventiva, no existen los servicios integrados de salud, y se han destruido y fragmentado los sistemas nacionales de salud.
Lo más triste de todo, es que eso lo han logrado con el apoyo, la complicidad, la ignorancia y el afán de lucro y de poder de los propios gobernantes, políticos, legisladores, empresarios y contratistas nacionales. El mismo pueblo que no aprecia lo que tiene y se deja deslumbrar por los espejismos de la propaganda y la publicidad termina cambiando oro por bolitas de vidrio ¡Una vez más! Como sucedió durante la conquista española.
El sistema de salud de Costa Rica es ejemplar y se lo desearían muchos países en el mundo. Hay que mejorarlo, como todo, pero no hay que destruirlo ni, mucho menos, entregárselo a los mercaderes de la salud y de la muerte. Se los dice alguien que vive en uno de los países más desarrollados y poderosos y donde la gente que no tiene un seguro se muere en la puerta del hospital.
Gracias a la Caja, mi padre y millones de costarricenses más están vivos y gozando de buena salud. Como dice nuestro himno patriótico: “Sepamos ser libres no siervos menguados, derechos sagrados la Patria nos da.” La salud es uno de esos derechos.
