Imagen principal del artículo: Primer año administración Chaves Robles: crónica de la improvisación y exaltación a la figura del presidente
Foto: Minor Solís | Asamblea Legislativa

Primer año administración Chaves Robles: crónica de la improvisación y exaltación a la figura del presidente

Don Rodrigo Chaves hábilmente supo canalizar el enojo social contra la corrupción y crisis socioeconómica del pueblo a través de una fórmula muy particular e inédita: sin partido propio; sin experiencia alguna en gobernar y sin un programa de gobierno claro y bien desarrollado. Utiliza el Partido Progreso Social Democrático (PPSD) como taxi para obtener la silla presidencial, desde donde ha ejercido un dominio muy fuerte.

Para llegar allí, se valió de quien por muchos años había sido figura pública como periodista, y que por años pasó criticando a todo aquel que se metiera en política, sin tener ella tampoco idea de cómo se hacen las cosas en política desde adentro. Aprovechó también la crisis de representatividad y desilusión política imperante para generar la esperanza que tanta falta le hacía al electorado: "si a usted los políticos de antes no le cumplieron, nosotros le vamos a cumplir".

Por fin llegaba alguien distinto que con verbo fuerte, prometía eliminar fácilmente las pensiones de lujo, bajar de inmediato el costo de la vida, atacar con ferocidad la corrupción y encontrar salida fácil a los principales problemas del país. La oferta era tentadora y muchos mordieron el anzuelo.

En muy poco tiempo, el partido que lo llevó al poder se resquebrajó. Luz Mary Alpízar, fundadora y dueña del PPSD, siendo ahora diputada oficialista, recibe un voto de censura por parte de la mayoría de diputados de su bancada. Esto se dio acompañado de luchas internas y coincidiendo a su vez con serias denuncias e investigaciones por estructuras paralelas e ilegalidad en el financiamiento de la campaña política de Chaves donde el propio Chaves y varios de sus principales financistas están seriamente comprometidos. Para tratar de desligarse y que no les afecte de cara a las próximas elecciones municipales, el ala Chavista forma entonces un nuevo partido cuya presidenta es una funcionaria de Casa Presidencial que ha sido objeto de escándalo por delitos electorales cuando vivía en México y ha confesado a los diputados que ha pagado a trolls para generar fanatismo político poco crítico y facilitar que las serias deficiencias del gobierno no afecten la opinión pública.

Al no tener un partido político propio y serio, Chaves carecía de un equipo de trabajo que le permitiera diseñar una estrategia política sobre cómo gestionar sus objetivos. Pretendió suplir esa deficiencia fungiendo como un CEO de una empresa, reclutando lo que él llamó "técnicos altamente calificados" que garantizaran eficiencia. Algunos de ellos resultaron buenos, otros no tanto y también tuvimos a quien ha sido por mucho, la peor ministra de Salud que ha tenido Costa Rica. Lo cierto del caso es que muchos de ellos ni siquiera conocían al presidente y/o no se identificaban con su ideología, por lo que la visión de un equipo cohesionado sobre un mismo proyecto político era imposible.

Efecto inmediato de lo anterior es que ya suma prácticamente una veintena de personas que se han ido, llegando con ello a ser el gobierno que más bajas ha tenido en tan poco tiempo. Él y sus defensores tratan de ver esto como algo positivo argumentando que es gracias a tener un líder fuerte que sabe lo que quiere. No obstante, en realidad, esto un síntoma claro de la improvisación; falta de un plan nacional de desarrollo hecho en trabajo de equipo y que su grupo se identifique con un proyecto político en común. Por más que se trate de justificar, refleja una crisis e inestabilidad que nada bueno le hace al país.

A falta de un plan de gobierno, se entró a gobernar sin ideas claras en muchos campos y se ha pasado un año haciendo el diagnóstico del país, cuando esto es tarea que un candidato a la presidencia y su partido debe realizar de previo. Consecuencia de ello, el plan nacional de desarrollo se va planteando, de a poco en sus shows mediáticos de los miércoles, mediante las llamadas "rutas". Muchas aún no las conocemos.

Debido a su origen y formación, se presenta haciendo alarde de que su sello distintivo es que va a liderar la Presidencia y a su equipo de trabajo, como si fuera una gran empresa. Como tal, plantea a cada subalterno sus objetivos, metas y plazos para cumplirlos, y él emerge como la figura superior.

Aquí radica su principal y gran error: al llegar al poder, desconoce cómo funciona el aparato político costarricense y la naturaleza misma de lo público y lo privado. Un principio básico del derecho es que en lo privado todo se puede hacer en el tanto no esté prohibido; mientras que en lo público, solo se puede hacer lo expresamente permitido. Ya solo esto impide que la forma de trabajo de una empresa privada se puede extrapolar exitosamente a la función pública y al ámbito político. Un ministro, por mucho que quisiera, no puede funcionar como un gerente en una empresa privada. De hecho, co-gobierna con el presidente en la ejecución y tiene fuertes limitaciones a su trabajo debido al andamiaje institucional y legal. Adicionalmente, de forma constante debe enfrentar y conciliar diferentes intereses, de ahí que la construcción de políticas públicas no se puede cumplir en un plazo determinado, ya que depende de múltiples factores.

Esto ya impone una presión sumamente fuerte sobre su equipo de trabajo, que sin duda produce fugas e inestabilidad. Bajo el esquema que él utiliza, lo relevante es el tiempo o la eficiencia; no así la calidad o la eficacia. La orden es cumplir rápido el objetivo, pero en la práctica, dentro de un gobierno, no siempre se puede hacer así y hacerlo bien, porque la ley o el sistema lo impide. Si se hace mal, se corre el riesgo que el funcionario caiga en responsabilidad civil o incluso penal. Bajo esta modalidad de trabajo, al jefe no le importa humillar al subalterno. La orden está dada, y si no se logra, no es culpa de él quien dio la orden, sino del subalterno que no la pudo cumplir. La figura de él y su imagen como presidente están por encima de todo y de todos.

El hacer las cosas rápidamente, sin poner tanta atención a la calidad, y el desconocimiento de la política pública se evidencia por ejemplo en tantos fallidos decretos ejecutivos, que se vinieron abajo. El propio deseo de Chaves —que lo expresó durante la campaña electoral y trató de poner en práctica— era el de gobernar mediante decretos ejecutivos. La consecuencia de este desfase y desconocimiento se ve a su vez en la falta de planteamiento de proyectos de ley propios del ejecutivo, que marquen una visión de lo que se quiere en esta Administración, ya que él venía con la idea de que, sin la ayuda del Legislativo, podría gobernar.

Al chocar de frente con esta realidad, se le ha visto en este primer año de gobierno con una irritabilidad casi permanente y con un discurso agresivo y confrontativo. Como presidente de un país, su principal deber es cumplir su juramento de respetar la Constitución y las leyes, pero constantemente arremete contra la institucionalidad del país, ataca al Poder Judicial, al Poder Legislativo, a la prensa y, en fin, a todo el sistema de pesos y contrapesos que es tan vital en las democracias representativas como la nuestra. A oídos de la gente, esto resulta altamente atractivo, ya que existe una evidente molestia del pueblo acumulada por décadas por el funcionamiento del Estado. Sin embargo, este discurso no aporta más que eso: alimentar el enojo o la insatisfacción hacia nuestra institucionalidad, lo cual tarde o temprano nos pasará una factura muy peligrosa.

El desconocimiento de la estructura del Estado por parte de su gobierno altamente personalista, lo ha llevado a cometer constantes errores jurídico-políticos y a lograr muy pocos resultados concretos y positivos. De forma reiterada, se ha querido vestir con ropa ajena. El más evidente es celebrar la cierta estabilidad fiscal que goza el país cuando bien es sabido que ello es fruto de la reforma fiscal del gobierno y la Asamblea Legislativa anterior, quienes sí se comieron la bronca a pesar de su costo político. Tuvo que llegar don Rodrigo Arias para aclarárselo.

A pesar de que su gobierno es conservador y liberal y con ello ideológicamente coincide de alguna forma con la integración actual de Asamblea Legislativa (salvo el Frente Amplio), la productividad de proyectos de ley propios ha sido insignificante. Esto se debe sin duda a su falta de habilidad para la negociación y su falta de entendimiento del manejo político costarricense. Parece que considera innecesaria a la Asamblea, como si el oficialismo tuviera una gran mayoría, y constantemente habla de dinamitar puentes y atacar a sus enemigos. Su objetivo es imponer. No negociar. Vale más exaltar su imagen que lograr acuerdos.

Los resultados nefastos para el país de esta forma de gobierno saltan a la vista y nos resultan carísimos. En el primer año, se ha dado menos cumplimiento de metas por parte de un gobierno. En lugar de bajar, el costo de la vida ha subido de forma importante. Salarios casi estancados excepto la de sus ministros, esos sí subieron el doble. La ruta del arroz ha sido un fiasco que solo ha servido para que sus grandes financistas ganen millones de dólares en perjuicio de las arcas del Estado. Además, ha habido una baja estrepitosa en los índices internacionales de respeto a la libertad de prensa. El crecimiento en la tasa de homicidios es la más alta de toda Latinoamérica y la más alta en la historia de Costa Rica. Recordamos cuando el tema de inseguridad ya era alarmante y el presidente nos dice que es la prensa canalla la que quiere sobredimensionar el problema. Ahora, con gran ignorancia y ante la incompetencia de él y su ministro de Seguridad, menciona la posibilidad de llegar a un Estado de excepción y no sabe hasta dónde podrá garantizar que nuestros hijos vivan en democracia. Es un inmenso daño a la imagen del país que el Jefe de Estado tenga la irresponsabilidad de referirse así al país.

Otros de sus grandes y peligrosos desaciertos han sido el ataque constante a las universidades, a la Caja Costarricense del Seguro Social y ni qué decir de su última movida con CINDE.

En cada uno de sus movimientos, de forma solapada, usualmente se dan uno o varios de estos elementos: revanchismo político; debilitamiento al Estado social de derecho; favorecimiento a sus inversionistas de campaña o ciertas élites. Lo irónico de esto último es que su discurso popular es de acabar con los privilegios de sectores, pero en realidad se trata de quitar a unos para poner a los suyos.

Resulta sumamente para el país que en muy buena medida, todo se hace a vista y paciencia de la gran mayoría de sectores de nuestra sociedad. Su personalidad conflictiva y agresiva difícilmente le permite avances al país, pero es lo que le da réditos en la opinión pública. Para él no hay espacio a la disidencia o la crítica. O se está con él o se convierte en el enemigo que debe ser derrotado. Como buen "bully", provoca que muchos no quieran meterse con él. Otras veces, la dignidad tiene un precio. Esto ha silenciado a los sindicatos, cierta prensa, cámaras empresariales y, sobre todo, a la oposición, que como tal no ha existido, salvo el Frente Amplio, que ha sido la mejor bancada en la Asamblea Legislativa y la única que realmente ha defendido al pueblo. No es necesario ser de izquierda para admitirlo. Habrá que ver si el tema CINDE marca un antes y un después en las relaciones entre la oposición y el oficialismo. Lo cierto es que, a juzgar por lo realizado en la Asamblea Legislativa por los diputados del PUSC y del PLN, estos partidos están haciendo todo lo necesario para no volver a ganar unas elecciones presidenciales.

Hasta la fecha, y si todo sigue igual, quienes están contentos son sus financistas, empresas fuertes y ciertas élites de poder. Podrá haber desarrollo económico para unos cuantos, pero los más perjudicados serán los que conforman el grueso de la población, incluyendo la clase más desposeída que, irónicamente, son quienes más lo apoyan.

Últimamente, muchos se han dado cuenta del gran engaño. Habrá otros que, por más que tengan ante sí datos reales (y no los que él y su jefe de bancada manipulan), seguirán creyéndole. Al final de cuentas, sabemos que no podrá cumplir sus promesas de campaña con las que convenció a tanta gente, pero aún así, sus fieles seguidores le creerán cuando él diga que no pudo cumplir no por culpa suya, sino por culpa de los demás. No será casual. Habrá un grupo de trolls a sueldo que los terminarán convenciendo de ello. Definitivamente, tenemos al presidente que nos merecemos.