Vélez es una ciudad colombiana ubicada al sur del departamento de Santander, distante unos 231 kilómetros de Bucaramanga, la capital, y aproximadamente a 200 kilómetros de Bogotá. Se encuentra a unos 2150 metros sobre el nivel del mar, y cuenta con apenas 20,000 habitantes. Un dato relevante para esta historia, es que fue el primer lugar en América latina en conceder a la mujer el derecho al voto en el año de 1853, dado que las féminas santanderinas son conocidas por su carácter fuerte y decidido, capaces de sacar adelante un hogar por sí mismas y donde el varón ocupa un papel más bien secundario en la estructura familiar.

La narración que voy a relatarles me fue contada recientemente por el protagonista, creí en lo que me dijo y no dudo en la sinceridad de su convicción. En esa medida, se trata de una historia real. Cuando “John Jairo” (evidente nombre ficticio), se presentó a sus 19 años a la Escuela de Carabinero de la Provincia de Vélez, solo aceptaban varones, actualmente es mixta. La primera noche de inducción, se les dijo en un tono monótono y sin alarma a los nuevos reclutas, que por las noches no prestaran atención a las risas de las brujas que venían del pueblo a “alimentarse de la energía masculina”, y que sí, sentían que no podían moverse estando despiertos, aunque sintieran miedo, era parte de lo antes descrito. Los “pelados” se miraron unos a otros con incredulidad.

En los primeros meses no pasó nada relevante, pero cuando llegó el momento de entrenamiento anti guerrilla, los enviaron por unidades a dormir fuera del complejo, lo que era prácticamente selva. John Jairo tuvo el primer turno de guarda de su destacamento y escuchó carcajadas de mujeres en los árboles cercanos, al alumbrar con su foco de reglamento, divisó varios piscos (chompipes), que volaban entre los árboles, por lo que disparó varías ráfagas de su fusil sin lograr impactar ningún blanco. El oficial a cargo se presentó de inmediato a preguntar por la situación y se le informó de lo sucedido. Él dijo que eran las brujas de Vélez, que había que insultarlas hasta que se fueran, y así lo hicieron todos los jóvenes en ese momento. La experiencia se repitió en varias ocasiones. Y según John Jairo, casi todos sus compañeros, incluyéndolos, fueron presas de la inmovilidad nocturna mientras una bruja succionaba su energía sin que ellos pudieran mover un músculo.

Con mi escepticismo natural, le pregunté a John Jairo qué tipo de brujas eran esas: “de las malas” me dijo, tienen pacto con el diablo, porque pueden cambiar de forma. Agregó que, en el día, son personas normales con familia, oficio o trabajo, algunas incluso van a la iglesia, y nadie en el pueblo (pese a ser pequeño) sabe quiénes son, pero reciben trabajos y encargos de maldad, que varían desde amarres amorosos hasta “secar” a alguien hasta que muera.

En Santander tienen un dicho muy interesante: “te están echando el tabaco”, que significa que, si uno huele a cigarro o puro donde nadie fuma, implica que lo están trabajando con brujería. Hace pocos días estuve en Bogotá, y caminando por Chapinero Alto, cerca de mi hotel, pasé por una esquina que me provocó escalofríos y un sentimiento parecido al terror, resulta que en ese sitio quedaba un restaurante llamado Pozzetto, en donde el 4 de diciembre de 1986, Campo Elías Delgado Morales, profesor de inglés, veterano de Vietnam, asesinó a veintidós comensales, y previamente había matado a su madre, a una estudiante de quince años y varios vecinos de su conjunto departamental. Cuando experimenté el miedo y tristeza que describo, no sabía que ese era el lugar de los crímenes. El edificio va a ser demolido para construir un condominio departamental. Este hecho que conmocionó a Colombia, inspiró al destacado novelista Mario Mendoza a escribir: “Satanás”, una espeluznante obra literaria que sirvió de base para la película del mismo nombre protagonizada por el estupendo actor mexicano Demian Alcázar con un acento rolo (bogotano) perfecto.

De Colombia, me asustan cosas más cotidianas, por ejemplo, los salarios de muchos funcionarios públicos que no calzan con sus estilos de vida suntuosos; la desaparición de los gestores de cambio social no ideologizado; su descarada estratificación socio económica; uno tiene la sensación de que se camina en el filo de la navaja casi todo el tiempo, descubro enorme calidad humana por una parte y una maldad oculta disfrazada de caridad de centro comercial de lujo por la otra. No es necesario ir al Llano para encontrar brujas y brujos, la maldad es agua que corre por la alcantarilla, pero también Colombia es verde como los ojos claros de las morenas costeñas y hay mucha gente buena, como en todas partes. Pero de que vuelan… vuelan.

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