Las Fuerzas Armadas de Rusia se han hecho este jueves con el control el control de la central nuclear de Chernóbil, situada en el norte de Ucrania y escenario del mayor desastre atómico del mundo en 1986, según ha reconocido el Gobierno.

El presidente de Ucrania, Volodimir Zelenski, había advertido en su cuenta de Twitter del inicio de la ofensiva, sin entrar en detalles: "Las fuerzas de ocupación rusas están intentando capturar la central de Chernóbil". Horas más tarde, el gobierno ucraniano reconoció que perdió control de la zona y desconoce el estado de la central y de los depósitos de desechos nucleares que allí se ubican.

El Gobierno de Zelenski ha asegurado que las tropas rusas entraron desde la vecina Bielorrusia, país que sufrió especialmente las consecuencias del desastre nuclear.

Un asesor del Ministerio del Interior, Anton Gerashchenko, ha advertido de que, en caso de que sufra daños la instalación donde se almacenan los desechos nucleares, el material radioactivo podría extenderse también por países de la Unión Europea.

El sarcófago que protege a Europa

Un sarcófago de 30.000 toneladas de peso, financiado por la Unión Europea, protege el reactor número 4 de la central nuclear de Chernóbil, que, según ha denunciado el presidente de Ucrania, ahora está en manos de fuerzas rusas.

La central de Chernóbil sufrió el 26 de abril de 1986 el mayor accidente de la historia de la energía nuclear tras registrarse la explosión del reactor. El enclave formaba parte de la antigua Unión Soviética (URSS), a la que pertenecía Ucrania y el Kremlin trató de silenciar el suceso durante semanas.

Tras el accidente se decretó una zona de exclusión de 30 kilómetros de radio en el entorno de la planta, situada a unos 4 kilómetros de la ciudad de Prípyat, a 18 kilómetros de distancia de la ciudad de Chernóbil y a poco más de 17 kilómetros de la frontera de Bielorrusia.

Día y medio después del accidente se evacuó a la totalidad de la población de Pripyat, de 49.360 personas, pero durante las semanas y meses siguientes, en total se evacuaron a 67.000 personas más de zonas contaminadas y fueron desalojadas por orden del Gobierno de la URSS. Finalmente, la Organización Internacional de la Energía Atómica (OIEA) estima que hasta 200.000 personas fueron reubicadas como consecuencia del accidente.

Con motivo del accidente nuclear se generaron explosiones que provocaron la voladura de la tapa del reactor 4 y del núcleo se liberaron grandes cantidades de material radiactivo a la atmósfera. La nube radiactiva se extendió a toda Europa y llegó a América del norte, según datos de la OIEA.

Durante años se realizaron gestiones con el Gobierno de Ucrania para cerrar definitivamente la instalación y el último de sus reactores se paró en el diciembre del año 2000. Cuarenta países de la comunidad internacional se prometieron a reunir los fondos para construir una barrera de protección en el reactor. En concreto, el grueso de la financiación del proyecto, cuyo coste alcanzó los 2.100 millones de euros, fueron recaudados por el Fondo de Protección de Chernóbil del Banco Europeo para la Reconstrucción y el Desarrollo.

El conocido como Nuevo Sarcófago de Seguridad de Chernóbil (NSC, por sus siglas en inglés) supera las 30.000 toneladas de peso en forma de bóveda que retiene aún gran radicación. Oficialmente fue entregado por la Unión Europea a Ucrania el pasado mes de julio de 2019 después de 12 años de construcción a través de un consorcio de empresas.

La estructura que protege Chernóbil tiene 108 metros de altura, 162 metros de largo y 257 metros de ancho y sus cimientos descansan sobre un volumen de 20.000 metros cúbicos de hormigón y se ha diseñado para evite la filtración de radiación al menos 100 años más. Su misión será dar una solución definitiva a las más de 100 toneladas de uranio y otros materiales radiactivos que el accidente liberó.

La bóveda está cubierta por paneles de acero de especial resistencia y en su interior oculta una cámara de aire de doce metros de espesor que incorpora un sofisticado sistema de ventilación que minimiza el riesgo de corrosión, mantiene la humedad relativa de la instalación en torno al 40 por ciento y permite recircular unos 45.000 metros cúbicos de aire por hora.

La bóveda es lo suficientemente larga como para albergar dos Boeing 747 o la estatua de la libertad y tiene la capacidad para resistir un terremoto de magnitud 6, un tornado de categoría 3 (con vientos de 254 a 332 kilómetros por hora) y temperaturas extremas que van desde los -43ºC hasta los +45ºC.