A menos de 10 meses de las elecciones de medio periodo (“midterms”), el escenario político ha vuelto a vibrar en Estados Unidos tras el anuncio de retiro del magistrado liberal de la Corte Suprema de Justicia Stephen G. Breyer, quien se jubilará en junio. 

En Estados Unidos las magistraturas de la Corte son nominadas por la persona que ocupa la presidencia del país, pero son confirmadas o rechazadas por el Senado, cámara legislativa que en este momento, y hasta el 8 de noviembre, domina el Partido Demócrata. 

En dicha fecha se renovará la totalidad de los 435 escaños de la cámara baja legislativa —House of Representatives— y 34 de los 100 escaños del Senado. El presidente Joe Biden prometió en su campaña electoral nominar a una mujer negra para la Corte, por lo que una vez jubilado Breyer la nominación y posterior pronta confirmación de la candidata de Biden son claves para los demócratas antes de las midterms, pues es previsible que pierdan la mayoría en ambas cámaras.

En términos prácticos, el retiro de Breyer no cambia la composición 6:3 de la Corte, que en este momento tiene seis magistraturas conservadoras, que fueron nominadas por presidentes republicanos, y tres magistraturas liberales, por presidentes demócratas.

No obstante, el retiro de Breyer evidencia una vez más que el polarizado escenario político en Estados Unidos deja poco espacio para consensos bipartidistas que permitan la aprobación de la agenda de Biden. 

Aunque se pudiera pensar que tal polarización es herencia de la administración Trump, el proceso lleva gestándose desde 1994, de acuerdo con datos del Pew Research Center, un centro de investigación de datos y análisis social no partidista en EE. UU.

Desde entonces, y de manera drástica en la última década, las diferencias entre republicanos y demócratas han aumentado en varios conjuntos de valores políticos, particularmente los relacionados con la asistencia-seguridad social, asuntos raciales y la inmigración.

En 1994, cuando empezamos a preguntar sobre estos temas había una gran superposición entre ambos bloques. Había republicanos que estaban a la izquierda del demócrata promedio y viceversa. La última vez que hicimos estas consultas en 2017, el 97% de todos los demócratas eran más liberales que el republicano promedio, y el 95% de todos los republicanos eran más conservadores que el demócrata promedio” explica Bradley Jones, investigador senior del Pew Research Center. 

Polarización Política en EE.UU, 1994-2017. Vía Pew Research Center.

De cara a las midterms, la polarización política juega un papel activo en la discusión de los temas que actualmente copan la agenda política estadounidense y que eventualmente podrían tener un impacto en las elecciones de noviembre, como la inflación, la volatilidad económica y el reemplazo de Breyer en la Corte, según la analista política Tatiana Benavides Santos

Benavides también señala que las leyes electorales aprobadas en 2021 para dificultar el voto en 19 estados gobernados por los republicanos también podrían presentar un problema para que los demócratas mantengan la mayoría en ambas cámaras legislativas.

"Estas leyes tendrán como efecto la desmovilización y depresión de poblaciones mayoritariamente inclinadas a votar por el partido Demócrata (particularmente grupos minoritarios)”, explica Benavides. 

El investigador Bradley Jones, sin embargo, cree que es difícil medir el impacto electoral que puedan tener dichas leyes electorales, y que es muy pronto para hacerlo. 

Jones dijo que “en muchos lugares donde se promulgaron estas leyes (...) ya había una participación más baja [que en los estados con políticas de voto más abiertas], por lo que a veces es difícil separar el efecto causal de la implementación de estas políticas”.

Pese a que, en general, la población estadounidense tiene una visión más favorable del Partido Demócrata (43%) que del Republibano (35%), a menos de 10 meses de las elecciones de medio periodo, solamente el 28% de la población tiene una opinión favorable del Congreso y solamente el 41% de la ciudadanía aprueba la gestión de Biden. 

La suerte está echada. Salvo evento extraordinario, los demócratas perderán la mayoría legislativa y el cumplimiento de la agenda de Biden se seguirá complicando.