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¿Qué tan difícil es gobernar durante una pandemia? La pregunta suena retórica, pero es válida en el contexto actual, en donde no pocos critican las acciones y omisiones del gobierno del presidente Alvarado.

Algunos desde una posición de baja responsabilidad relativa señalan que debe hacerse esto o aquello, como si fuera una partida de ajedrez en tarde de domingo, o como si cada equivocación tuviese poco impacto y bastase con tomar nota para la siguiente jugada que nos llevará automáticamente al éxito. El problema es que, en medio de un estado de cosas tan crítico, tan único, se reducen significativamente los grados de libertad para equivocarnos sin tener que asumir consecuencias potencialmente devastadoras. La situación está muy lejos de ser un juego o una simple simulación, y ninguna otra administración ha enfrentado una coyuntura igual a la que vivimos. Hay que otorgar crédito al gobierno por eso.

Sin embargo, la pericia, la sabiduría, y el conocimiento deben relucir en los momentos más difíciles. La historia nos señala casos en donde líderes brillantes han cambiado el rumbo de los acontecimientos haciendo un uso inteligente, y a veces hasta sorprendente, de los recursos con que contaban.

Mientras mayor sea el reto para nuestros gobernantes, más tolerantes y participativos debemos ser en la búsqueda de soluciones, pero también es cierto que necesitamos demandar agudeza, liderazgo y el mejor juicio experto posible a quienes nos guían. Cabe aquí preguntarse si ese ha sido el caso del gobierno del presidente Alvarado Quesada.

¿Qué está ocurriendo en el gobierno? Se llama vacío de mando, y es exactamente lo mismo que ocurre en cualquier actividad humana organizada, sea esta un ejército, una empresa o el gobierno de una República.

Al hacer un símil de lo que ocurre en la administración de la pandemia en Costa Rica, con una crisis en un ambiente corporativo, pareciera que la voz de mando no la está asumiendo la cabeza de la organización sino un área de esta. Cuando en una empresa su gerente general, la figura articuladora de todos los esfuerzos, no tiene toda la presencia necesaria y, por ejemplo, el área de riesgo es quien orienta exclusivamente los esfuerzos de toda la compañía, emergerá una dinámica excesivamente tímida en términos de producción, ventas y finanzas, y la empresa puede colapsar por inacción. Esto es lo que está en cierta medida ocurriendo en el país. Se ha dejado recaer una desproporcionada responsabilidad sobre el Ministerio de Salud, el cual es sumamente competente en su ejercicio, pero, como es de esperarse, esta área del gobierno tiene como norte absoluto resguardar la vida y la salud de las personas. Lo demás, y es lógico que así lo piense el ministro Salas, es secundario.

Suena trillado, pero son insuficientes los niveles actuales de diálogo, de planificación conjunta y de compromiso con otros actores que conocen muy bien y tienen mucho que aportar en los campos de la producción, la economía real, y el emprendimiento. La faceta económica y de empleo tiene hoy casi tanta importancia como la concerniente a la salud. La incertidumbre en el seno de los hogares crece con los días, y que el presidente ceda el timón que determina la satisfacción de cada una de las necesidades de sus conciudadanos, no es la mejor movida.

Quien ostenta la mayor jerarquía está obligado a pensar en la estrategia completa del organismo que dirige, de lo contrario el “balance” que tanto se menciona, y que en efecto es vital para mantener a flote a todos los integrantes del colectivo, no llegará.