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Todos los costarricenses conocemos a alguien en nuestro entorno; familia, pareja, vecino, compañero de la U, el gym, o algún otro medio en el cual nos desarrollamos a diario, que es empleado público.

Vemos empleados públicos a diario, en las noticias, en las famosas conferencias de moda de la COVID-19, en hospitales, los cuerpos policiales en las calles, en fin, están en todas partes.

Pero, ¿cuál es la definición de empleado público? Si realizamos la búsqueda en la RAE, nos da la definición correcta según el idioma, si lo tropicalizamos, sería, como todo aquel empleado de la administración pública.

Podemos además conocer la cantidad de instituciones públicas que tenemos actualmente en nuestro país, y la encontramos en la página de MIDEPLAN.

Entonces viene una pregunta ¿Por qué nadie los quiere? O es que acaso no hemos escuchado todos la frase, “son un montón de vagos que ganan un montón de plata”. Pero, ¿Qué tan cierta esta afirmación popular?

En el servicio civil podemos encontrar información detallada de gran parte del sector público, aquí es donde se pone interesante. Según las estadísticas disponibles, no representa un porcentaje tan alto de la población, y esta detallado por puestos y por escalas salariales. Como se puede apreciar, y si nos dedicamos a realizar las operaciones matemáticas, podríamos saber a 2019, cuanto se paga por escala laboral, es cierto, existen unas muy altas, pero en realidad son los menos.

¿Por qué entonces la mala fama? Probablemente por las 26 instituciones y las 51 municipalidades que poseen convención colectiva registrada en el Ministerio de Trabajo. Como ya sabemos, este tema no es sencillo, como podemos ver, es extenso y tiene muchísimas aristas, sin contar que cualquier intento por quitar algo de las mencionadas convenciones, y se termina siendo enemigo público de los señores que hacen huelgas.

Pero volvamos al lado humano, al factor persona, alguna vez hemos notado que muchos empleados públicos empiezan en puestos pequeños, y tras mucho esfuerzo, se convierten en profesionales, lo cual no es garantía de avance, que muchos empleados públicos con títulos universitarios, tienen dos trabajos, o emprendimientos los fines de semana, porque pasan años sin pasar de oficinistas o técnicos, luego de hacer una inversión importante en formación universitaria.

Hemos pensado alguna vez en que fuera de los edificios administrativos de las instituciones públicas, existen muchos empleados públicos que están afuera, con sol o con lluvia, porque son quienes mueven las obras, quienes recopilan la información y hacen posible el obtener los datos que nos presentan con tantos gráficos bonitos en la televisión. Y recordemos que por ser empleados públicos, todo se rebaja de planilla, así que siempre son los primeros en pagar cuanto impuesto nuevo venga a salvar el día. No podemos además obviar el hecho que en las instituciones sin convención colectiva, los beneficios son muchísimos menos, y menos costosos.

Ahora en esta nueva realidad que enfrentamos con pandemia, ha aparecido una nueva afirmación en redes sociales y por consiguiente en el clamor popular, los empleados públicos no pueden opinar porque tienen el salario fijo. Aquí debemos pensar de nuevo en la persona, es cierto, se tiene trabajo y una entrada fija, pero una gran parte no logra sobrevivir solo con eso. De todos es sabido que Costa Rica es caro para vivir, y los empleados públicos no escapan a esta realidad.

Debemos pensar también en cuánto dinamizan la economía, cómo ayudan a la reactivación, los famosos encadenamientos, se compra el pan en la mañana y se ayuda a toda una actividad productiva detrás de ese baguette.

Por eso la próxima vez que veamos a ese empleado público que conocemos, tomemos en cuenta que quizá tenga tantas preocupaciones o más que el empleado privado, como decían los abuelos, “la procesión se lleva por dentro”.

Y recordemos que al final, empleados públicos o privados, todos somos ticos, y compartimos los mismos cincuenta y un mil cien kilómetros cuadrados.