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¿Es suficiente demostración de la existencia de una deidad el decir que hay cosas que ignoramos? Una de las hipótesis sobre el origen de las creencias humanas en divinidades tiene que ver con nuestra necesidad de comprender nuestro entorno, así como a nosotros mismos.

Entonces, por ejemplo, cuando ocurrían fenómenos atmosféricos o geológicos que resultaban completamente inexplicables para nuestros antepasados, tales como las tormentas eléctricas, los terremotos o las erupciones volcánicas, habrían acudido a herramientas de pensamiento primitivo como el antropomorfismo, que consiste en atribuir agencialidad y características análogas a las humanas a lo que ocurre a nuestro alrededor.

Así pues, podían construir la creencia de que la tormenta eléctrica ocurría porque un ser humano de mayores proporciones y poderes que los regulares estaba disparando aquellos rayos, de la misma forma en que los humanos tiraban sus lanzas. Además, podían explicarse aquellos "lanzamientos" como un producto del enojo de aquel "ser superior", que los tiraba para mostrar su enojo por alguna "mala conducta" en la tribu, tomando así esta creencia tintes morales y convirtiéndose eventualmente en un mecanismo de control social.

Por difícil de creer que parezca, estos mecanismos de pensamiento primitivo subsisten con mucho vigor en amplísimos sectores de la población, incluso en personas con estudios universitarios, que suelen atribuir cada fenómeno que les parezca extraordinario a una trascendencia metafísica que solo sería "explicable" por la acción de un "ser superior". Si nos fijamos con atención, esta atribución no difiere en nada de las que habrían hecho nuestros ancestros, pese a que hoy contamos con muy buenas investigaciones y evidencia científica que nos ayudan a comprender fenómenos naturales que antes se creían misteriosos e inaccesibles.

Un caso de esta inaccesibilidad es el del problema cuerpo-"alma", ya que durante siglos se ha asumido como verdadera la postura dualista sistematizada por Descartes: "pienso, por lo tanto existo". Pero esta separación cuerpo-"alma" ha sido ampliamente cuestionada por la neurociencia cognitiva moderna, en la cual, como plantea Damasio, se aporta evidencia de que el caso es más bien el contrario, es decir: existo (tengo cuerpo, sistema nervioso y cerebro) y por eso soy capaz de pensar. Entonces, ya no sería que habría por un lado una "res cogitans" (mente) y por otro, de forma separada, una "res extensa" (cuerpo), siendo la segunda un mero envoltorio inútil de la primera, sino que el pensamiento es el producto del cerebro y el cuerpo integrados, de modo que sin cuerpo ni cerebro no habría consciencia ni pensamiento en el ser humano.

Pensar que detrás de cada "misterio sin resolver" se encuentra algún dios, no le ayuda mucho a la ciencia a avanzar, pues al contrario, como explica Harari, cuando reconocemos nuestra ignorancia y en lugar de sustituirla con seres completamente imaginarios, la tratamos de resolver con investigación rigurosa y sistemática, es cuando más avanzamos.

La idea del dios de los huecos es una falacia de argumento ad ignorantiam, pues el que no se entienda algo no significa que haya un ser imaginario parecido al humano provocándolo, y deshacernos de esta falacia y sesgo cognitivo, nos puede ayudar mucho a avanzar nuestra investigación, nuestro pensamiento crítico y nuestro conocimiento.