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Yo no soy nica, pero joteo, es decir que digo ejcuela y ajco porque me sale así y ejque después de más de media vida todavía hablo con acento.

Yo llegué acá con las dos manos atrás y sin dirección. Era algo menos que una muchacha... cuando migré sin querer del todo, que es la norma, aunque hayan excepciones.

En ese entonces, después de ir al colegio le cuidaba los chiquitos a mis papás que tenían que fajarse hasta tarde trabajando para conseguir más trabajo y aprendiendo cómo es que se habla y todo lo que se calla en tico.

Pasó el tiempo, a veces lento, otras volando y siempre hacia delante. Lejos se me murió mi abuela y la enterraron en una tierra distinta a la que la vio nacer... yo la lloré desde acá, desde donde la extraño todavía.

Y es poco lo que extraño de ese país que fue origen ahora que en esta tierra hice “lo que se debe”, es decir: planté árboles, escribí libros y tuve al menos un hijo...

Aquí hice, también, otras cosas menos legales y otras más políticas y otras que... voy a negar porque puedo y porque me conviene.

Soy bígama en eso del amor a la patria, o sea, cuando hay mundial de fútbol. Bígama en criticar diputados y lamentar decisiones que joden a los pueblos.

No me molesta ser migrante. Hace mucho que no. Jamás lo negaría y tampoco tengo como... con la cantidad de consonantes que atraviesan mis apellidos.

Me enorgullece, a veces, aunque no sepa por qué.

Yo no soy nica pero bien podría y sobre todo, ahorita, poco importa. Y ejque si me enfermo, me enlistarán teniendo en cuenta puras cosas sobre las que no tuve opinión ni nada que hacer: mi edad, mi género y mi extranjería.

A lo mejor me da fuerte y no me entero, lo más seguro es que de todos modos no me dé la gana leerlos, pero... si pasara, en los comentarios de las conferencias de prensa y de los noticiarios, todos imaginarán que nací en Masaya, desearán que me fuera pa’allá.... aún sin aliento.

No vaya a ser, Dios guarde, que les ocupe una cama, que les distraiga al ministro, que vaya y les funda la Caja.