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El presidente Donald Trump requiere de dos cosas para sentirse líder poderoso y orientar los procesos hacia donde él considera más conveniente. Se trata del reality show en el que vive de forma permanente, al considerarse un actor de grandes dotes; y del recurso al caos, abriendo distintos frentes para tener el control de su gestión. Por eso, todos los días lanza dardos (tuits) en distintas direcciones, al mismo tiempo que profiere amenazas intimidatorias contra todo aquel que no comulgue con sus ideas. Y cuando las cosas no satisfacen su ego, recurre a la “orden ejecutiva”, sin importar las consecuencias. Este el caso de la confrontación con la red Twitter, con el decreto del 28 de mayo para limitar uno de los pilares claves de las redes sociales: una ley de 1996 que establece que una red o un blog no es responsable de lo que publiquen los usuarios. Esto a raíz de las etiquetas que colocó Twitter a sus mensajes manipuladores.

Como tituló el diario español El País se trata de una batalla actual, que motivará a muchos gobernantes proclives al autoritarismo y totalitarismo a confrontar las redes sociales, cuando cuestionen sus decisiones.

Lo anterior evidencia dos lemas claves en la gestión trumpiana: America Fisrt y Make America Great Again. Fueron los lemas de campaña que ahora mantiene en la Casa Blanca. Ambos tienen el propósito de desmantelar el orden internacional liberal construido por Estados Unidos tras la II Guerra Mundial. Y la meta es convertir a esa potencia en la primera en todo, pero según la visión de Trump, que no puede ser cuestionada por ninguno de sus asesores. Estos solo cumplen una función: asentir con las ideas del jefe, para que este crea que son las correctas y que por ese camino Estados Unidos volverá a ser la superpotencia hegemónica mundial del siglo pasado. Hoy esto es una falacia; pues Washington está en decadencia, cediendo espacios a China y Rusia.

En ese sentido el America First es convertir al país en el primero en todo lo negativo. Veamos. Ser el primer hegemón mundial que se autodestruye y acaba con sus alianzas político-militares y diplomáticas. Ser el país con más casos de contagios y muertos por el SARS-CoV-2, y lo está logrando por una gran goleada (como dirían en futbol). Ser el primero que cede el poderío económico a otros, restableciendo medidas proteccionistas que favorecen las políticas liberadoras de antiguos aliados. Y así busca otros primeros lugares en su esfuerzo por liquidar a EUA y alcanzar un orden internacional iliberal para el siglo XXI. Esto favorece a los otros aspirantes a hegemones: Pekín y Moscú.

Por su parte, Trump se considera un “Capitán América”, capaz de desafiar a cualquier adversario, pues él posee la verdad y un escudo protector. Por eso promueve la violencia a través de sus “dardos” en las redes sociales, como ocurre en el caso de la muerte por detención policial de George Floyd en Minneapolis. Este Capitán América responsabiliza a los “gobernadores progresistas”, a la extrema izquierda y a los antifascistas de las protestas, al mismo tiempo que advierte a los manifestantes que si cruzan las barricadas que protegen la Casa Blanca, se encontrarán con agentes, armas y perros feroces como nunca antes han visto.

Pero también incita a la violencia cuando convoca a sus seguidores a manifestarse frente a la Casa Blanca para confrontar a los críticos. Sin duda, diariamente Trump, en su papel de Capitán América, se prepara para crear el caos. Y lo ha logrado.

Hoy Estados Unidos enfrenta una situación crítica. Una pandemia fuera de control, con casi dos millones de casos (al momento de escribir estas líneas) y más de 106 000 fallecidos. Con protestas por “racismo” en las principales ciudades, por la muerte de Floyd, y un aumento en la militarización de los esfuerzos para controlar las manifestaciones. Por un creciente autoritarismo populista que vulnera el, ya de por sí, débil sistema electoral estadounidense. Y por continuar con el esfuerzo de desmantelar las alianzas, antes fue la OTAN y ahora el G7, al que califica de esquema obsoleto.

Lo grave de esto, es que Trump, un nuevo Capitán América en negativo, que ahora se proclama el presidente de la ley y el orden —con la Biblia en la mano—, destruya a Estados Unidos y con esto arrastre al mundo a un escenario de caos.