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El turismo en Costa Rica representaba hasta ahora un 10% de la fuerza laboral en forma directa y más de un 20% en forma indirecta. Además, representaba cerca del 10% del PIB, pero su encadenamiento afecta directamente más de un 20% del PIB y puede ser hasta un 30%. Sin embargo, en este 2020 ha sido el único sector con temporada cero y el que más tiempo va a durar en recuperarse. Por solo esto requiere de una declaratoria de emergencia prolongada y medidas económicas concretas y efectivas.

En el 2019 el turismo generó cerca de 4 mil millones de USD, de los cuales unos 2,100 millones se quedaron en el país, o sea, el valor agregado más alto de cualquier exportación del país. Su encadenamiento afecta casi todas las otras actividades económicas del país. Por ejemplo, los turistas del año pasado consumieron más de 100 millones de huevos, y millones de kilos de carne, granos, etc., y a precios mucho más altos que lo que se les paga a los productores al exportarlos. 

El presidente Carlos Alvarado, todo su Consejo Económico y todos los costarricenses, nos vamos a lamentar muchísimo si el sector turismo entra en quiebra, porque puede arrastrar a un hueco al resto de la economía del país y, para la historia, se le quedará debiendo mucho a las generaciones futuras.  

Necesitamos que el pueblo costarricense y muy particularmente los tomadores de decisión conozcan y entiendan las idiosincrasias de cómo opera el turismo. Actualmente se están tomando decisiones ilógicas e incongruentes, como por ejemplo lo han sido el autorizar a los hoteles a abrir, pero sin poder servir comida los fines de semana, o autorizar que abran hoteles de playa y cerrar las playas a las 8:00 a.m., o decirles a los transportistas que solo pueden circular ciertos días que no son continuos, o sea pueden llevar a su destino a los turistas, pero al día siguiente para seguir el viaje tienen que cambiar de vehículo.

El Poder Ejecutivo debe consultar a los expertos del turismo y coordinar con los locales en cada sitio, pues son los que saben donde “les chima el zapato” y como resolverlo. Todo lo que necesita y pide el sector turismo es lógico y consecuente, aunque esto no parece estar claro para el Poder Ejecutivo.

La cruda realidad es que más del 90% de las empresas del sector son mipymes y la mayoría no tienen garantías reales, ni condiciones para calificar como sujetos de crédito porque los bancos les exigen, siguiendo instrucciones de la SUGEF, que adivinen su futuro y puedan decir desde ahora exactamente cuándo y cómo van a repagar sus deudas. Esto es absolutamente imposible y absurdo en la situación de crisis actual. Estimo que como resultado ya han cerrado sus puertas entre un 20% y un 25% de las mipymes turísticas y, si no reciben asistencia inmediata, dentro de los próximos dos o tres meses cerrarán otro tanto igual de empresas.

En la actualidad, no solo no se ve ninguna acción efectiva de asistencia financiera para la mayoría del sector, pero hay cientos de miles de personas desempleadas y sin ingresos, que necesitan proveerle a sus familias. Esto puede llegar a impactar muy negativamente la fibra social del país, porque, cuando la gente está con hambre es más propensa a tomar malas decisiones o dejarse afectar por malas influencias. 

Si perdemos la paz perdemos al turismo, entre otras muchas cosas. Es vital e impostergable que el sector público y el privado, incluyendo a todas las empresas, se junten y sean proactivos y creativos para asistir a los cientos de miles de desempleados en el sector y a las empresas en riesgo. 

Tenemos que reactivar el turismo nacional que es la tabla de salvación del momento, para así generar alivio. Con este fin y a modo de ejemplo, en nuestra compañía desarrollamos una herramienta digital para asistir a todos los empresarios turísticos a implementar los protocolos de salud requeridos por las autoridades, denominado Clean & Safe to Visit, con el fin de ayudar a generar confianza en los turistas y así ayudar a reactivar la actividad del sector, primero desde el turismo nacional y luego con el turismo internacional.

No debemos perder de vista que cualquier ayuda debe tomar en cuenta que se tiene que dar una reducción real inmediata de por lo menos el 75% de la actividad turística. Esto significa que la primera prioridad debe ser la de asistir a los exempleados de turismo a reubicarlos y para luego poderlos reincorporar más adelante, conforme vaya creciendo la demanda. Igual hay que hacer con todos los activos de las empresas que se deberán asignar a otras cosas mientras que lleguen a ser necesarios.

Es imperativo que el Poder Ejecutivo le dé la preponderancia correspondiente al Consejo Nacional de Competitividad Turística (CONACOT) y que eliminen la inseguridad que le generan a los empresarios al no establecer fechas fijas para la reapertura de las fronteras aéreas y al no definir y comunicar claramente las reglas para que los diferentes sectores pueden operar.

Si bien es cierto que el ICT juega un papel de suma importancia para nuestro sector, en la coordinación con las otras instituciones oficiales del país, es indispensable que el instituto abogue por las necesidades del sector privado y le consulte de previo a sus expertos antes de crear políticas y tomar decisiones que afectan su desarrollo y las operaciones de la totalidad de las empresas turísticas, sus colaboradores y los encadenamientos dependientes. Igualmente, en este periodo de la peor crisis de la historia en el turismo, el ICT debiera asignar una importante porción de sus recursos de profesionales y económicos para asistir a las mipymes del sector para que puedan sobrevivir.