Este artículo representa el criterio de quien lo firma. Los artículos de opinión publicados no reflejan necesariamente la posición editorial de este medio.

Precisamente cuando se cumplen 20 años de la histórica cumbre intercoreana, que tuvo lugar en junio de 2000 y reunió, durante tres días, a los mandatarios surcoreano Kim Dae-jung y norcoreano Kim Jong-il en Pionyang, marcando una nueva etapa en las relaciones en la península de Corea, el Gobierno de Corea del Norte anunció, el sábado 14 la inminente ruptura de relaciones. El primer paso fue interrumpir las líneas de comunicación y movilizar tropas a la zona desmilitarizada en el paralelo 10; el segundo destruir la oficina de relaciones intercoreanas.

El anuncio lo hizo la hermana del líder norcoreano, Km Yo Jong, que ha asumido, últimamente, un mayor protagonismo. Ello hace pensar que ha comenzado un reacomodo de puestos en la cúpula gobernante. En sus declaraciones expresó que “ya es hora de romper con las autoridades de Corea del Sur”. Desde inicios de junio habían declaraciones con amenazas al sur, denunciando campañas propagandísticas por desertores acogidos por Seúl. Las tensiones han seguido en aumento y se ha dejado entrever que el ejército norcoreano podría decidir acciones en contra del “enemigo del sur”.

La protesta norcoreana por el lanzamiento de propaganda desde el sur ha sido reiterada y Seúl anunció que se detendrían los envíos; pero no lo ha logrado. Sin embargo, los expertos consideran que esa no es la verdadera razón para la ruptura. Van Jackson, especialista en asunto coreanos, identifica tres causas: sentimiento de traición por parte del presidente Trump, la caída en el comercio con China por la pandemia y la necesidad de la hermana del mandatario de mostrar fuerza para asumir una posición de liderazgo frente a la vieja generación militar, muy desgastada.

La historia de las relaciones intercoreanas evidencia que Pionyang utiliza tácticas dilatorias para desviar la atención de los problemas internos. El problema es que la información oficial que sale de las autoridades norcoreanas es muy limitada, para lograr tener un panorama claro de la cotidianeidad y las dinámicas de la familia imperial.

Mientras tanto, Seúl reiteró que está preparado para enfrentar cualquier situación e instó a respetar los acuerdos intercoreanos, que están orientados a establecer la paz definitiva en la península y evitar confrontaciones que conduzcan a un clima bélico.

Precisamente entre esos acuerdos está la Declaración Conjunta de 15 de junio de 2000. En ella ambas partes se comprometieron a avanzar hacia la paz y la unificación del pueblo coreano. Ese esfuerzo le permitió al mandatario surcoreano, Kim Dae-jung, recibir el Premio Nobel de la Paz en ese año por su “política del sol” en procura de la unidad coreana. Sin embargo, desde ese momento el régimen de la familia Kim ha hecho esfuerzos por obstaculizar las iniciativas de diálogo. Prueba de ello son los ensayos de misiles balísticos y el programa nuclear.

A pesar de las propuestas de los mandatarios surcoreanos en estos 20 años y de los programas de asistencia y cooperación hacia el pueblo norcoreano, una de las más recientes fue la Declaración de Panmunjom para la Paz, la Prosperidad y la Unificación de la Península Coreana, no ha habido avances significativos. En estas dos décadas ha habido momentos de tensión y hoy se trata de uno de ellos, por lo que la pregunta que cabe formular es ¿qué busca esta vez Pionyang al interrumpir las relaciones bilaterales?

La cuestión es que los mensajes norcoreanos hay que interpretarlos en el contexto de lo que acontezca en las acciones internas de la familia Kim y entra estas y otras autoridades. Pero al mismo tiempo en los vínculos de Corea del Norte con China, Rusia y Estados Unidos. Pero también, como anotó un antiguo ministro de la unificación, Limd Dong-won, lo cierto es que las relaciones intercoreanas son una cuestión de avances, retrocesos, logros y contratiempos.

Lo que suceda en la Península Coreana es motivo de preocupación para todo el mundo, pues constituye un punto de inflexión en las relaciones internacionales, como uno de los resabios de la Guerra Fría. De ahí la necesidad de dar seguimiento a los eventos entre Seúl y Pionyang en este nuevo momento de tensión.