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Desde mi temprana juventud mi gran sueño fue ser abogada, incluso sin tener muy claro (en aquel entonces) el por qué. En el camino se fueron anteponiendo todas las vicisitudes posibles… La carrera saturada, la academia larga y complicada para una mujer que debía trabajar para poder pagar sus estudios. No digo con esto que yo tuviera más dificultades que otros para lograr mis objetivos. Cualquier persona que anhele y efectivamente trabaje para sacar su carrera adelante, o bien, cumplir cualquier otra meta, debe irse plantándose a los problemas que la vida adulta en un país como este nos va presentando. Así lo fui aprendiendo en el camino, impulsada por esa meta de siempre, ser abogada. Conforme fui avanzando en la carrera fui desarrollando intereses muy claros en temas de derechos humanos en general, pero principalmente de género y equidad

No es muy común que en la facultad de derecho se hable de temas como feminismo o equidad de género. A las mujeres que vamos interesándonos en estos temas, no nos queda de otra, ya que la sociedad una y otra vez nos ha demostrado que es un tema no superado y por el cual tenemos que seguirnos indignando y no solo eso, porque no es suficiente, sino alzar la voz, como mujeres, como feministas, y las que podamos, como abogadas. Toda voz es al final una suma que no tiene pérdida. Su ganancia es la vida y la dignidad de muchas mujeres que no tienen herramientas con las que luchar, o que si de alguna manera las han ido trabajando o adquiriendo la sociedad se encarga de quitárselas a como puede hasta que ya no quede nada. 

Podría incluir aquí datos de cómo los femicidios han afectado a nuestro país en los últimos años, porque los hay y son preocupantes. Pero el muy reciente homicidio de Luany nos tiene a todos con la garganta hecha un nudo, no exageramos con decir que no nos deja concentrarnos en nuestras tareas diarias normales, porque tenemos muchas ganas de alzar la voz muy fuerte, con ganas de que la justicia prevalezca pero no solo eso porque ya no es suficiente.

El país cuenta con las herramientas jurídicas necesarias para evitar que este tipo de escenarios macabros continúen sucediendo, para prevenir. No podemos darle a instituciones públicas permisos especiales que atenten contra la vida. Las niñas y mujeres costarricenses no deben seguir viviendo con temor, ni seguir teniendo miedo de salir a la calle, ni de vivir solas, ni de ir a la pulpería después de las 5 de la tarde.

Alcemos la voz. Alcemos la voz todos muy especialmente aquellos que creemos en la justicia, quienes nos hemos dedicado a estudiar cómo la justicia ha sido una herramienta de cambio y poder a través de miles de generaciones, quienes creemos que para la justicia el fin último predominante es la vida humana, y que la dignidad y valor no son moneda de cambio para favorecer intereses personales o políticos... muchos menos aquellos impulsados por corrientes patriarcales que se quieren sostener como parte de un sistema silencioso pero poderoso desde el cual se maniobra para ir moviendo los hilos de nuestra sociedad, hasta que se hace normal que una mujer sea enterrada en el patio de su vecino. 

Luany, por toda la guerra que te dio la sociedad costarricense para llevar una vida digna, hoy levantamos la voz.