Mónica González Solís – Estudiante de la carrera de Administración de Negocios

Si le mencionan alguna de las siguientes palabras: Instagram, Facebook, seguidores, “likes” o “influencers”, ¿se siente usted de una u otra manera familiarizado? La respuesta muy probablemente —al menos para más de un 80% de los encuestados— sea positiva, y es que las palabras anteriormente mencionadas forman parte de la cotidianeidad en nuestro país desde hace unos dos años a la fecha. Estas resuenan cada vez más en los oídos de cientos de costarricenses que, al igual que el resto del mundo, se han metido en una tendencia de mercadeo que, sin lugar a dudas, le ha abierto las puertas a más de uno.

Y es que, si bien esto es un fenómeno bastante novedoso, parece ser la clave de tanto los publicistas como de los relacionistas públicos para atraer al mercado deseado para su producto. La clave está en transmitir, a través de una foto, video o transmisiones en vivo, una experiencia que va a cautivar al que está detrás de la pantalla. Muchas veces la estrategia de las diferentes marcas empieza por el “influencer” específicamente, tratando de llamar su atención de manera que el mensaje que después comunique a sus seguidores sea honesto y hable desde la experiencia. Las regalías van desde bolsos, productos comestibles, productos de belleza, accesorios, zapatos, lencería, estadías, entre otros.

Pero en este negocio no solamente se toman en cuenta los seguidores, sino también sus interacciones con el “influencer”. La principal razón detrás de esto es que actualmente existe un mercado en el cual se compran seguidores por diferentes sumas de dinero y, básicamente, lo que se hace es crear perfiles falsos con tal de inflar los números.

Las ganancias pueden significar sumas de dinero bastante altas: el pago por cada publicación puede ir desde los $100 hasta incluso $1000. Es importante destacar que los “influencers” usualmente hacen más de una publicación por semana, por lo que el ingreso mensual se ve positivamente impactado por esta razón. Esto, sin lugar a dudas, hace de este mercado uno muy llamativo para miles de modelos nacionales que se quieren dedicar a sus propios negocios y tener una entrada de dinero extra que no signifique mucho tiempo en su apretada agenda.

Sin embargo, no todo es color de rosa, como lo dice el conocido dicho popular, ya que los “influencers”, al tener una vida tan pública son, en varias ocasiones, fuertemente criticados por ciertas decisiones personales y laborales. Una de las críticas más comunes va de la mano con el cambio repentino que muchas veces hay en cuanto a las marcas apoyadas, ya que se promocionan, por ejemplo, tenis de una marca una semana, y luego se hace lo mismo con otra marca semanas o meses después. Esto no afecta solamente al “influencer”, sino que tiene una afectación directa en la marca anteriormente promocionada.

Si bien este mercado parece ser muy prometedor, se podría asegurar que no es sostenible en el tiempo y que se trata de algo temporal que fácilmente puede ser sustituido por alguna otra estrategia de mercadeo más efectiva. Cabe destacar el hecho de que ya se habla de “microfluencers”, los cuales estarían dedicados solamente a un nicho de mercado, con pocos seguidores, pero mucho más efectivos dado que su enfoque no varía si no que se mantiene constante en el tiempo. Habrá que ver entonces qué depara el futuro del mercadeo y de las relaciones públicas para un país que, si bien es bastante pequeño en población, tiene un consumo bastante alto en comparación a otros países en Centroamérica.

 

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