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Este proceso pandémico ha dado la posibilidad (a la mayoría) de encontrarse consigo mismo y de autoevaluarse (si se hizo o no allá cada quién).

Si después de esto no mejoramos como pareja, como padres y madres, hijos, profesionales, emprendedores, empresarios, en fin, personas, ya no sé cuándo, y ahí sí como decía mi papá: apague y vámonos.

Esta crisis puso en evidencia a nivel global, la guerra encarnizada que tenemos contra la biodiversidad. Hemos llevado a la pobreza extrema a la naturaleza, y ella solita y con nuestra ausencia ha encontrado el camino para regenerarse.

Esa misma naturaleza nos exige dos cosas: no seguir viviendo por debajo de nuestros privilegios, y tampoco por encima de nuestras capacidades.

¿Por debajo de nuestros privilegios?

Como nunca, la humanidad ha vivido esta posibilidad de tenerlo todo para garantizarse una vida plena, que no esté bien repartido y que se sigan cometiendo injusticias dogmáticas irracionales es otra cosa.

¿Qué se puede decir de Costa Rica específicamente?

¡Que privilegio de país! Poseemos vastos recursos y bases filosóficas socioeconómicas labradas décadas atrás para alcanzar el desarrollo, lastimosamente, ese rumbo se ha lesionado con prácticas políticas ortodoxas, perversión empresarial en algunos casos, corrupción (en todos los niveles) y hasta abuso sindical, que vienen gestándose desde mediados de los ochenta y hasta la fecha y que, por dicha, aún no han logrado el cometido de despedazar un sistema que responde de forma proactiva e innovadora con creces, cuando se conjuntan la disciplina y la buena voluntad.

Por otro lado, si a usted le ha incomodado estar en casa, teniendo todas las de la ley, me entristece decirle que ha perdido de vista sus privilegios. Una persona para no vivir por debajo de sus privilegios tiene que honrar su existencia con tres acciones: ser agradecida, ponerse ilusiones y por supuesto ayudar a otras; esto último podría lograrlo con una pregunta base profunda: ¿Le gustaría tener un papá o mamá como usted? ¿Un hijo o hija como usted? ¿Una pareja como usted? ¿Un hermano o hermana como usted? ¿Uun jefe o jefa como usted? En fin, una persona a su lado como usted es, para lograr resolver las incertidumbres que se le presentan.

¿Por encima de nuestras capacidades?

Una persona, dos celulares. Me resuena tanto este ejemplo moderno de “estatus y productividad”. Es que de verdad: ¿Qué *#$@* nos pasa?

Costa Rica, ha llegado a ubicarse en el segundo lugar, de los países que más horas se trabaja per cápita, sin embargo, estamos entre los países que no alcanza ni el 30% de productividad.

De que trabajamos mucho por supuesto que sí, pero inteligentemente, eso está entre dicho. Cuando se logra nos comemos el mundo (eso sucede muchas veces, historias de liderazgos disruptivos y transformacionales sobran en este terruño).

Al igual que el mundo entero, necesitamos bajarle intensidad, parar, reparar y perder de vista las prácticas mágicas de autoayuda y alivio, dejar de barnizar las broncas y dedicarse a resolverlas, y por supuesto compartir los métodos.

Hago un llamado vehemente a los políticos y empresarios (no soy nadie, pero bueno puedo gritar), a que se erradiquen condiciones indignantes (como muchas con las que se atiende al campesino de este país) o prácticas laborales que lleven a las personas a vivir por debajo de sus privilegios, mucho menos aquellas que se ubiquen por encima de sus capacidades. Preocupa que esa “nueva normalidad”, se constituya en prácticas patronales (empresariales) abusivas de la lógica y naturaleza humana (ya esto ocurrió en muchos casos después de la crisis económica del 2008), no vale que sigamos pensando en esas teorías materialistas no dialécticas, de lo que hacían 10 ahora lo pueden (deben) hacer 2 para mejorar la utilidad; eso además de enfermizo es asocial, y de todos modos poco productivo.

Y también el llamado vehemente a todos y todas como ciudadanos, esta crisis nos retrató a la mayoría: sobreendeudamiento, posiciones conformistas y automatizadas, desconexión social patrocinada por la celeridad de las cosas y la inmediatez, y una devaluación de la esencia humana en general marcan la pauta en los estilos de vida; esto no es necesariamente culpa de nuestros gobernantes y diferentes líderes, ya que si bien es cierto ellos hacen la oferta, nosotros la compramos. Este adagio es feo pero muy real: no existe amo sin esclavo ni esclavo sin amo. Como nunca, se nos presenta la oportunidad de exigirle a los líderes el tipo de oferta que queremos nos hagan para vivir (no sobrevivir), y espero que su familia también le ubique como líder, y le presione en la misma medida.

Globalicemos la filosofía japonesa de que la disciplina tarde o temprano vence al intelecto. Se ha retratado también que no cuidamos lo básico: nuestra salud, física y mental; que vivimos inseguros no solo por delincuencia y violencia organizada, sino por comportamientos enfermizos normalizados desde y en la casa. Con tinta indeleble tállese esto en su corteza cerebral: los grupos se destruyen de adentro hacia afuera.

No me he olvidado de los que les ha tocado vivir esto como un drama, no obstante, prefiero confrontar(me) a aquellos que, teniendo circunstancias, las elevamos como dramas, y perdemos de vista que, resolviendo problemas, podemos abrir posibilidades para ayudar a los que viven esos dramas.

No se trata de tener las mismas ideas, pero sí el mismo respeto.

Honestidad y amabilidad como clave de interacción, ya que todos estamos librando batallas, este 2020 nos puso a lidiar la misma batalla, y que no todos tengamos la posibilidad de bregarla en las mismas condiciones, señala una necesaria mejora y de grandes dimensiones.

Visión compartida a partir de esto, no solo es un acto necesario sino muy inteligente y principalmente humano.