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No se trata de satanizar o bendecir a uno ni al otro. No son rivales, ni amantes. Solo dos entes que bailan a distinto son.

Mi objetivo es dar un panorama general a todo lector interesado en entender por qué el turismo es un poderoso generador de riqueza en todo el planeta. Para hacerse una idea de su magnitud y peso, el turismo está entre las cinco industrias exportadoras más grandes del mundo, siendo la tercera, después de la farmacéutica y la de los combustibles. Suele ser difícil comparar al turismo con los combustibles, pues, aunque el turismo incluye cosas tangibles (como venta de noches de hotel y tiquetes de avión) también vende emociones. Promete experiencias y crea memorias. Las pastillas o la gasolina son solo productos físicos.

Por lo tanto, decir que la tercera industria exportadora más grande de la economía mundial se contrajo un 22 % en su primer trimestre y que posiblemente caiga entre un 60 % y un 80 % en 2020, no es cualquier resfrío. Sobre todo, cuando se suma a esto que se habla de 144 millones de personas que han perdido su fuente de ingresos familiar. Más del 50% de estos casos son mujeres (datos de la Organización Mundial del Turismo a mayo 2020).

La COVID-19, que ya viajó por el mundo entero causando estragos, llegó a este terruño costarricense, en donde la principal fuente generadora de divisas proviene del turismo y hay más de doscientos mil empleos directos que constituyen la prosperidad familiar de una parte de la población.

Sin embargo, las dificultades por las que atraviesa el turismo son graves porque esta industria es un tejido productivo que involucra más de ochenta actividades relacionadas. Es decir, su derrame es más expansiva en riqueza que ninguna otra, pues, antes de la COVID-19 y gracias a que en 2018 el Banco Central de Costa Rica publicó por primera vez la matriz insumo-producto en turismo (MIP turística, las estimaciones de la cuenta satélite, 2012-2016), se confirmó que el turismo pasó de aportar el 4,4 % del PIB nacional en 2012 a 6,3 % en 2016. Hoy, la COVID-19 ha suspendido nuestro baile y ha derramado angustia.

Aun así, el turismo nunca se ha dejado amedrentar; la recuperación es parte de su ADN. Según el grupo de expertos de la OMT, el turismo se recuperará, así como lo hizo de la pandemia del SARS en marzo del 2003, de la cual duró unos once meses en recuperarse; así como después de los atentados del 11-S, cuando tardó 42 meses para volver en América a los niveles previos a los atentados; o tras la crisis económica de 2009, cuando tardó 19 meses. La recuperación, en el caso actual, incorpora un elemento nuevo que es la seguridad sanitaria y la confianza. Además, la COVID-19 ha puesto en el turismo nacional el liderazgo de la recuperación inicial.

He ahí el gran reto para Costa Rica, donde el turismo nacional es un poco incómodo, pues el turista internacional genera casi cuatro veces más ingresos que uno nacional y de ahí podría surgir el mal de ojo hacia el costarricense que quiere vacacionar en su propio país. Sin embargo, la riqueza que genera el extranjero llega a menos manos que la generada por los ticos, ya que el derrame económico del extranjero es de unos cien colones menos por cada mil, según el Estado de la Nación de 2019. Pero, hoy, con la necesidad de la recuperación económica, es el turismo nacional el que puede no solo crear ganancia, sino también hacer que esta llegue a más familias que lo que haría el extranjero.

Las circunstancias obligan a la oferta turística local a atraer al visitante costarricense antes ignorado.  El interés hará que lo mire con ojos de conquista. Pero, en esta interesada atracción, dominará la salud y no la tarifa. La motivación del viaje se basará en la novedad de la experiencia. Lo masivo se desvanece. La búsqueda de espacios naturales predominará y esto incentiva a una mejora en la gestión turística de áreas silvestres protegidas, cuya deuda en protección viene arrastrándose. Algunos ticos podrían pensar en acceder a hoteles cinco estrellas a precios de mercado; pero, pienso que eso es ilusorio. Habrá oferta para cada presupuesto. Lo que sí anticipo es que ahora se hablará de precios justos para la experiencia que se promete. Considero que el baile iría por ahí.

Y eso es lo que importa hoy.