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Me alegra profundamente que algo tan fundamental como elegir con quien compartir la vida en igualdad de derechos haya sido legalizado. Se sentía como una barrera estructural violenta que hubiera diferencias para algunas personas, ¿por qué unas sí y otras no?

Desde mi perspectiva todo ser humano tiene derecho a amar, a ser y expresar lo que es. Se siente una desconexión muy fuerte cuando alguien pretende decirle a otro cómo vivir, peor aún, como amar. Entonces sí, yo celebro mucho ese paso hacia una sociedad más abierta a permitir que todos podamos expresar lo que somos, sin miramientos, sin condiciones, sin diferencias, sin privilegios que coartan el derecho a otros de ser. Me llena de calor el corazón pensar en todas aquellas personas que hoy podrán dar un paso simbólico y legal en sus relaciones.

Celebro a todas las que han hecho esto posible, pues sin ellas no se hubiera materializado. Hay que reconocer ese empuje.

También quiero nombrar que hay duelos. Por un lado el que esto haya tomado tanto tiempo y haya despertado tanto miedo y reacción. Que algo (de nuevo) tan fundamental como expresar amor y decidir sobre ese amor tuviera que ser llevado a una consulta pública, dice mucho. Ya es suficientemente complicado el proceso de elección de pareja como para tener estas capas adicionales de confusión y represión.

Hablamos del duelo de un camino lleno de dolor, rechazo, confusión y vergüenza de tanto ser humano. Me conmueve que hoy ese camino tenga una celebración que aliviane un poco tanta pesadez. ¡Yo también celebro!

Sé que para un grupo importante esta ley es un duelo, por otros motivos, porque esto remueve su propio sistema de creencias. Eso debe incomodar y generar un miedo que se manifiesta en enojo. No veo sentido en intentar convencer o cambiar, tampoco reclamar y mucho menos denigrar. Para mí la lucha está en expresar con valentía y amor nuestra verdad, no en ganarle a nadie nada. La convivencia amorosa se construye más allá de la idea de ganadores y perdedores.

Estamos en proceso de sanar estos duelos colectivos, eso tomará tiempo y sí, si queremos realmente sanar (nos): mucha (auto) compasión. Amor pa todas y para todos.