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Como consecuencia de la pandemia que atraviesa el planeta muchos se cuestionan la importancia que tienen las patentes de invención, en general de la propiedad intelectual, y las implicaciones que traería la creación de una posible vacuna.

Nuestra legislación protege las invenciones a través de las patentes, y las define como toda creación del intelecto humano capaz de ser aplicada en la industria, siempre y cuando cumpla las condiciones de patentabilidad. Esta protección le brinda al titular un derecho de exclusividad sobre su invención por un plazo de 20 años, dentro de los cuales puede impedir que otros fabriquen, vendan o utilicen el objeto de la patente. Pasado este plazo, la invención entra al estado de la técnica y se convierte del dominio público.

Las invenciones patentadas han hecho pensar a ciertos sectores de la sociedad que la disponibilidad mundial de la cura podría esconderse bajo el manto de la propiedad intelectual. Sin embargo, el razonamiento debería ser totalmente el opuesto. La propiedad intelectual, precisamente, es el mecanismo mediante el cual logramos fomentar el desarrollo de la innovación y nuevas tecnologías, las cuales nos permitirán encontrar la cura más temprano que tarde.

No debemos temer a la protección exclusiva temporal de las invenciones. La legislación de propiedad intelectual prevé que en situaciones de extrema urgencia se pueden emitir licencias obligatorias para que tanto el Estado como terceros autorizados puedan hacer uso de una invención protegida aún sin el consentimiento del titular, pero siempre y cuando medie una justa compensación económica. En mi opinión, creándose un balance ideal entre la investigación y desarrollo y la salud pública.

La pandemia por COVID-19 19 nos ha demostrado que tenemos una comunidad científica preparada y pionera a nivel regional.  En este momento estamos en el ojo mundial y somos elogiados tanto por las iniciativas científicas y tratamientos desarrollados como por nuestro sólido sistema de salud.

Aprovechemos el momento histórico para posicionarnos internacionalmente, máxime que recientemente Estados Unidos excluyó a Costa Rica de la lista de vigilancia de propiedad intelectual “Special 301 Report”, reconociendo los esfuerzos que hemos realizado para el desarrollo de la materia de forma que cumpla con los más altos estándares internacionales.

Insto a los profesionales y sujetos interesados en la propiedad intelectual a hacer un esfuerzo por concientizar y educar a la población para que exista un cambio de mentalidad. Este es el momento perfecto para lograr la confianza de la comunidad mundial y lograr la atracción de inversión al país.