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En medio de noticias impactantes, tanto negativas como positivas, vemos cómo nos debatimos en redes sociales sobre quién tiene la razón, qué consecuencias traerán los cambios, cuál es la verdad o la realidad absoluta… Por más que nos volquemos por una arista u otra, en medio de las múltiples perspectivas que puedan existir sobre un tema o una noticia, no faltan aquellos o aquellas quienes se empecinen en agredir o violentar a quien que no piense igual. ¿Cómo responder ante lo diferente? ¿Cómo reaccionar ante quien consideramos intolerante?

El filósofo austríaco Karl Popper formuló en tres líneas la paradoja de la tolerancia: "La tolerancia ilimitada debe conducir a la desaparición de la tolerancia… Tenemos por tanto que reclamar, en nombre de la tolerancia, el derecho a no tolerar la intolerancia". Cuando toleramos a los intolerantes, acabaremos bajo la imposición de su misma intolerancia. La premisa de Popper tiene muchas complejidades, pues no implica que se deban censurar las opiniones intolerantes, sino que supone poder argumentar en contra de ellas, haciendo uso de la razón y la lógica.

Lo anterior, entraña que nos armemos de paciencia cuando discutimos con personas que definitivamente no buscan información veraz para alimentar sus argumentos y que, en cambio, hacen alarde de su falta de empatía y de su incapacidad para separar una opinión de quien la emite. Por ejemplo, “es evidente que usted no sabe de lo habla, porque es evangélico” o “su opinión es completamente errada, porque usted es gay”. Esto en el mejor de los casos, pues cada día vemos que la violencia en los comentarios se agrava cuando es posible enmascararse tras una pantalla.

En este sentido, siempre habrá quien no esté de acuerdo con nuestra opinión y hay que aceptar que eso, precisamente, es parte de la hermosa diversidad, en tanto nos expresemos con respeto y dignidad hacia la otra persona. Parafraseando al filósofo inglés John Stuart Mill, las opiniones que estén fuertemente enraizadas en los sentimientos, no verán ningún argumento lo suficientemente claro, para hacerlas cambiar.

Indudablemente el conocimiento se construye a partir de vislumbrar distintos puntos de vista, de la capacidad que tenemos como seres humanos de debatir. No deberíamos encerrarnos en creencias o costumbres, sin tomar en cuenta la casi infinita información que generalmente tenemos a mano. No perdamos de vista que todas y todos buscamos lo que nos parece la mejor solución para nuestro país o para el mundo que, además, cada quien tiene distintas capacidades de entendimiento, que es posible detenerse y contemplar distintas perspectivas sobre un mismo asunto.

No permitamos que la intolerancia nuble todo aquello que podemos tener en común para salir adelante, juntas y juntos.