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Nuestro país cuenta con un sistema de salud que ha permitido responder eficazmente a la pandemia. En conjunto la CCSS con el Ministerio de Salud han logrado coordinar los aspectos epidemiológicos, políticos y logísticos para que la estrategia de supresión adoptada por el país evite la saturación del sistema de salud. Esto ha sido reconocido a nivel mundial, pero poco se ha hablado del papel determinante que es una población educada capaz de acatar las medidas de salud pública.

Históricamente Costa Rica se ha diferenciado de la región centroamericana por el rol preponderante de la educación en la vida nacional. En la época colonial se distingue un modelo educativo con influencia de la ideología de la ilustración francesa, el empirismo, el racionalismo y el positivismo. En 1843 se crea la Universidad de Santo Tomás que aporta a la construcción del conocimiento y el análisis de la realidad nacional. Los pensadores allí formados, así como otros provenientes de universidades de Europa y América del Norte, resaltan la importancia de la escolarización de la población para formar personas libres.

Para inicios del siglo XX nuestro país cuenta con instituciones de educación de prestigio como el Liceo de Costa Rica o el colegio San Luis Gonzaga en Cartago. Desde la universidad se sostiene el sistema de educación primaria. Se impulsan las bibliotecas públicas y se utilizan diarios y revistas como medio de educación de la población. Para mediados de los años 30, la alfabetización de nuestra población sorprende a la misión chilena conformada por educadores de aquel país que, a la vanguardia de la educación en el continente, no lograban que la escuela permeara de la misma forma en su nación.

La Escuela Normal y posteriormente la Universidad de Costa Rica fueron pilares para consolidar la profesionalización de los maestros, donde destacan pensadores como Carmen Lyra, Emma Gamboa y Joaquín García Monge, entre otros. Ellos no solo se preocuparon por la cuestión educativa, sino por la realidad nacional y el bienestar e igualdad de oportunidades para toda la población. Los educadores se constituyen como un gremio fuerte que incide poderosamente en las decisiones políticas nacionales. Mientras tanto, la UCR y posteriormente la UNA, UNED y el TEC aportan profesionales de distintas ramas al país.

Importante es destacar la educación en salud, los académicos y pensadores de la colonia crean el protomedicato, una versión primitiva del ministerio de salud que rige los asuntos que conciernen a la salud pública.

Tanto la Universidad de Santo Tomás como la Universidad de Costa Rica, desde su concepción, consideran clave la formación de profesionales en medicina. Un caso interesante es el relativo al periodo 1914-1921, la fundación Rockefeller y los maestros de las escuelas rurales desarrollan campañas de salud pública en el contexto de la prevención de la anquilostomiasis, una enfermedad por parásitos que se transmiten a través de las heces. Las escuelas educan a los niños y niñas sobre el aseo personal y la importancia del uso de letrinas, e indirectamente a las familias por extensión de este conocimiento hacia la comunidad. En comparación con el resto de la región, Costa Rica logra una cobertura de educación sanitaria en un 70% de la población gracias a la extensión de las escuelas públicas y principalmente las rurales.

Hasta 1976 la Universidad de Costa Rica fue la única institución de educación superior que formaba profesionales en medicina y hoy en día aporta profesionales en todas las áreas: medicina, enfermería, farmacia, nutrición, microbiología, tecnologías de la salud, salud pública, odontología, psicología, así como continúa su labor en la formación y profesionalización de educadores, cuenta con 48 unidades de investigación que incluyen al INCIENSA y al Instituto Clodomiro Picado, que destacan por los aportes que realizan en esta coyuntura.

Resalto estos datos históricos para hacer evidente que el fortalecimiento de la educación pública es esencial para mantener en equilibrio la institucionalidad de nuestro país. Permite contar con una población educada que permita responder en conjunto a los desafíos que como sociedad debemos enfrentar. Es paradójico que en una época en la que ha sido más que evidente la fortaleza de nuestro sistema de bienestar social con los datos positivos de nuestro manejo ante la crisis por la COVID-19, las voces que más se escuchan son en detrimento de esta institucionalidad. Las soluciones deben dirigirse a fortalecer lo que tantos años ha costado construir, no al contrario, replicar modelos que están dejando claro que el capital no tiene interés ni respeto por las vidas humanas.