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Para nadie es un secreto que vivimos en tiempos difíciles, se nos vino el mundo abajo con una pandemia que a estas fechas, el año pasado, qué nos íbamos a estar imaginando; en Semana Santa del año pasado muchos de nosotros estábamos disfrutando con amigos y familiares en la playa, en la montaña o en cualquier lugar turístico; también por supuesto, muchos disfrutando de esta semana que fortalece sus creencias, asistiendo a la misa y a las procesiones; en fin, de todas formas todos al final de la semana sea como sea que se haya vivido ya estábamos imaginándonos en Semana Santa del próximo año, pero las cosas pueden dar un giro inesperado.

A principios de este año lo que empezó como una epidemia ahora ha cobrado la vida de miles de personas, la muy renombrada “COVID-19”, nosotros como costarricenses vimos desde mucho tiempo antes de que este llegara al país cómo iba en aumento en un país como China, cómo cada día más personas eran contagiadas y cómo muchas de estas morían. Al igual, pudimos observar muy anticipadamente cómo se iba expandiendo a otros países.

Desde que esta crisis inició, la mayoría tenemos a mano las redes sociales, los medios de comunicación, por lo que hemos sabido los síntomas, y también hasta han existido testimonios de personas que contraen el virus y lo que este los vuelca, claro está que no todas las personas pasan por lo mismo, pero que, si está claro que es un virus agresivo, lo está.

Entonces, llegamos al 6 de marzo del 2020, primer caso confirmado en Costa Rica, tras toda la trayectoria que se había ya visualizado se podía decir que ya estábamos algo informados de qué hacer, cómo actuar para evitar que más personas se contagien, pero una vez más Costa Rica sorprende.

Estamos claros que ante este virus realmente nadie sabe a ciencia cierta cuál es la manera más apropiada de actuar, los gobiernos hacen lo que creen que es mejor para su país, desde mi perspectiva diría que en el caso de Costa Rica el gobierno ha tomado las medidas necesarias y lo ha hecho mucho mejor que en otros países, sin embargo, aquí entra el cómo nosotros como ciudadanos hemos fallado, y cómo esto es realmente una tragedia.

Reitero, muchas veces se nos sale de nuestras manos, por ejemplo, muchas personas no tienen el privilegio de poder trabajar desde la casa, y esto es totalmente entendible; pero qué pasa con todas aquellas personas que se encuentran en una posición de privilegio y no lo aprovechan de manera responsable.

Desde el momento en que el Ministerio de Salud inició a dar indicaciones muchos se quedaron viviendo en el “a mí eso no me va a pasar” porque esa es la cultura de la que muchos, incluyéndome, no nos logramos desprender. Uno piensa que la historia sirve para que no se cometan los mismos errores, pero no es así, teniendo como ejemplo casos como Italia donde las personas no acataron órdenes y se sumieron en una crisis a la que no saben cómo responder, aún así muchos “ticos” seguían el mismo patrón.

Todos sabemos lo difícil que es hacer cuarentena, más cuando vivimos una vida tan consumista, tan rápida, donde pasar tiempo dentro de sus casas no entra en la rutina del día a día, es impensable, hasta que llega algo que nos hace detenernos. Sabemos que hay situaciones que no podemos controlar, el coronavirus definitivamente va a afectar a muchas personas, es un hecho, pero está en nosotros si esa cantidad de personas es mucha o relativamente poca.

Hemos fallado, desde las indicaciones no tan drásticas, hemos fallados, es triste ver como la actitud de los costarricenses pudo ser distinta cuando el primer caso fue confirmado, se inicia la cuarentena y muchísimas personas se fueron a bares, haciéndose de la vista gorda, cuando claramente se aumentan las posibilidades de más contagios.

Y llegamos a Semana Santa, donde ya para estas fechas se sabe la alta cantidad de personas contagiadas, y aún así muchas personas decidieron ir a disfrutar de sus “vacaciones”, ¿Dónde queda el sentido común? ¿Dónde queda la empatía? Porque si bien es cierto, muchos no son personas de riesgo, hay otras que sí lo son y cada vez que alguien sale, que decide ignorar las recomendaciones e irse a pasear aumenta las posibilidades de que si contrae el virus pueda contagiar a alguien que sí sea de riesgo.

La mayor tragedia va más allá de un virus, es una tragedia aún peor, y es la ignorancia, la irresponsabilidad de los costarricenses, que hasta ahorita no han demostrado ser mejor que eso; han seguido demostrando que prefieren esperarse hasta el último minuto para hacer algo, que prefieren sentirse invencibles y que nada les va a suceder y estas personas son las mismas que en vez de contribuir para que salgamos de esto más rápido, prefieren criticar al gobierno sobre cómo llevan la situación.

El coronavirus nos deja una gran lección y es que aún no estábamos preparados, que, a pesar de verlo venir, no supimos demostrar que íbamos a dar todo de nosotros para evitar que el golpe fuese tan duro, espero que esto marque un antes y un después, que los “ticos” sean más considerados y responsables, porque esto realmente es una tragedia nacional.