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Mi nombre es Juliana Corrales, durante los últimos años he dedicado mi vida personal y profesional a unir la creatividad con la conservación marina. Buscando resolver problemas desde un punto de vista distinto, desde la creatividad y la empatía. Hace un par de meses tuve la oportunidad de formar parte de una experiencia bastante única y para mí, el hecho de que pasara justo antes del evento que iba a marcar nuestra generación y el curso de la humanidad para siempre, definitivamente no fue casualidad.

Fui seleccionada entre 10,000 candidatas para ser la primer costarricense en formar parte de una de las etapas de la primera Navegación Alrededor del Mundo de eXXpedition, de Galápagos a Isla de Pascua. Tuve el privilegio de navegar a bordo de un velero de 70 pies, al lado de 13 mujeres de 7 diferentes nacionalidades, por 14 días y 2009 millas náuticas; con el fin de buscar las causas y soluciones al problema del plástico en el mar. Ese era nuestro fin principal, pero al mismo tiempo cada una vivió una experiencia transformadora, pudimos ver el mundo en el que vivimos desde una perspectiva diferente y que, sin saber, nos iba a ayudar bastante, a acoplarnos a la realidad que nos esperaba.

El slogan de eXXpedition es: “hacer lo invisible, visible”. La situación del plástico en el mar ha evolucionado de ser un problema muy visible, la idea de la famosa “isla de plástico”, a un problema más complejo, pero menos obvio: los microplásticos. La durabilidad del plástico se ha convertido en una de sus mayores amenazas ya que no se degrada, solamente se convierte en partes cada vez más pequeñas. Fragmentos que son casi invisibles a nuestros ojos. Por medio de estas experiencias de transformación y de investigación, eXXpedition está creando una red multidisciplinaria de líderes femeninas, para que enfoquen sus habilidades con el objetivo de cambiar la manera en que nos sentimos, pensamos y actuamos en torno a los océanos. Y al mismo tiempo, contribuir con investigaciones científicas a nivel global. No importa de dónde venimos o a qué nos dedicamos, en todas está el potencial de cambio.

Si bien no parece ser algo intencional, eXXpedition no solo expone el problema del plástico en nuestros océanos, sino también nuestra estrecha relación con estos ecosistemas. Esta fue mi primera vez navegando en mar abierto y al estar rodeada de mar, a merced del viento y las mareas, se me hizo de repente muy obvia nuestra dependencia y conexión intrínseca con la naturaleza. Yo me considero bastante consiente de ese vínculo, pero en ese momento se hizo tangible. Para poder avanzar y sobrellevar el viaje dependíamos del mar, del viento, de los cambios repentinos en el clima; y muy importante, el poder comprenderlos. Al estar en medio del Océano Pacifico se hacía muy claro el hecho de que es el mar lo que nos conecta a todos. Literalmente los océanos nos tocan a todos, nos conectan físicamente. No hay lugar al que no podamos llegar por medio de nuestros mares y océanos.

Además, nuestra realidad en esos 14 días estaba limitada a los 70 pies de nuestro velero. Todas compartimos una misma embarcación y era nuestra responsabilidad cuidarla y cuidarnos para poder llegar a nuestro destino. Conforme pasaban los días empezamos a construir una relación de cuidado y agradecimiento hacia el velero y entre la tripulación. Nos cuidábamos unas a las otras, si una se enfermaba otra la atendía y se hacía cargo que no pasara a más. Trabajábamos en turnos para mantenernos en curso y a salvo. Cocinábamos usando los alimentos de manera muy estratégica para que nos alcanzaran durante toda la navegación. Estábamos viviendo con lo esencial, solamente lo que necesitábamos por que el espacio era pequeño. Además, muy conscientes de nuestros deshechos. Ya que no desaparecían mágicamente, como lo hacen en tierra, teníamos que depositar todo dentro del espacio en el que vivíamos.

Para mí toda la experiencia fue una analogía de lo que debería ser nuestra experiencia en este planeta, pero claro, a una escala mucho más pequeña. Nos hemos desensibilizado del mundo que nos rodea y del impacto que nuestras acciones tienen en él. Se nos ha olvidado qué es lo esencial y damos por sentado, todos los procesos naturales que pasan día a día, para que podamos estar aquí en este momento.

Nuestro planeta es nuestro barco, y aunque se sienta tan grande, también tiene sus límites. Lo podemos ver en nuestros mares, en el aire que respiramos, en los cambios en nuestros climas; estamos llegando a un punto vital, en donde la naturaleza nos obliga a parar y empezar a observar el mundo que nos rodea. Nos está haciendo “visible, lo invisible” y lo está haciendo de una manera muy explícita. De la misma manera en que nosotras, no hubiéramos podido llegar a nuestro destino solas, la comunidad global no va a poder salir de esta situación, sin ayudarnos unos a otros.

Está en todos y todas, el potencial de hacer una diferencia, desde quedarnos en nuestras casas, a decirle no esa botella plástica. Es importante darle el valor merecido a esas acciones pequeñas e individuales. Por que al final, lo más importante es saber, que navegamos este universo en un mismo barco.