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En el recién concluido mes de marzo, se han cumplido sin celebración alguna, los cien años de la publicación de Los Cuentos de Mi Tía Panchita, obra culmen de las dos veces Benemérita de la Patria Carmen Lyra (María Isabel Carvajal).

Gracias a la obra de Carmen Lyra ha perdurado hasta nuestros días ese maravilloso conjunto de textos que han contribuido de manera significativa no sólo a disfrutar de sana diversión, que vuele la imaginación y la fantasía, sino además generar arraigo con nuestro terruño, virtudes que ya comparten varias generaciones de costarricenses. El paisaje y el lenguaje que allí aparecen han matizado de manera importante un vínculo de identidad cultural y de sentido de pertenencia. Quiera Dios que antes del 13 de mayo, fecha en que se recuerda su partida y vergonzosa muerte en el exilio, autoridades del Ministerio de Educación Pública y del Ministerio de Cultura, rescaten tan importante e histórica conmemoración.

Es Carmen Lyra la máxima exponente de nuestra literatura infantil y desde entonces ha sido faro luminoso para las actuales generaciones de escritores y escritoras infantiles y juveniles. Su aporte a inicios del siglo pasado ubica al cuento y al teatro infantil como dos importantes recursos pedagógicos para ir moldeando la formación moral e instrucción de nuestros menores. Recodemos además que ella es la madre de la educación preescolar en Costa Rica, gracias a la aparición de la Escuela Maternal en 1925, tras la promulgación de un decreto emitido por el presidente de la época, don Julio Aosta García, ramonense de origen, el 7 de mayo de 1924.

Esa primera edición de Los Cuentos de Mi Tía Panchita, fue a través de la Imprenta Alsina y con un valor de un colón el ejemplar, con descuento de un 20% por docena. Una Costa Rica donde la mayora de su población era descalza, desdentada; muy distinta a la que conocemos hoy en día. Dicho texto estuvo compuesto por 15 cuentos, tres de ellos referidos al inigualable Tío Conejo.

En la literatura costarricense ningún personajes es tan conocido y tan nonis como Tío Conejo. Mucho más famoso que hasta el mismísimo Tonto de las Adivinanzas y nuestro querido y orejudo conejo, no nos ha salido ni una, ni dos, ni tres veces, con un domingo siete, sino muchas más mostrándose cuan taimado y confisgado es.

Fui docente de grado por 13 años y en la mayoría de ellos impartí I Año. Sí, tuve esa maravillosa experiencia de guiar y orientar el proceso de lectoescritura de muchos de mis estudiantes. En ese contexto, el narrar un cuento y personificarlo ha resultado ser una de mis experiencias más gratificantes y maravillosas, muchas veces utilizando títeres, y siendo estos de origen nacional. Tío Conejo nunca fue un personaje desconocido para mis estudiantes y mucho menos dejó de ser compañero a la hora de ir a dormir de mis hijos en edad pequeña (espero poder hacerlo con mis nietos también).

En mi edición de los Cuentos de mi Tía Panchita de la editorial EDUCA de 1976 aparecen 24 cuentos, diez de ellos son de Tío Conejo. Este ejemplar lo conservo desde que inicié mi labor docente en mayo de 1985.

Con su picardía, ante la adversidad Tío Conejo siempre salió airoso y encontró una solución, una respuesta. Cuan necesidad está la humanidad en estos momentos aciagos, de su consejo y sagacidad.

Recordemos que tiene la valentía para enfrentar a enemigos mucho más poderosos y grandes que él. Donde no fue necesaria la fuera bruta ni la violencia para triunfar. Solo un poco de astucia y sagacidad.

¡Ah muchacho! Quién no recuerda su inteligencia para derrotar a Tía Ballena y Tío Elefante, cuando estos dos confabulaban para apoderarse del mundo. Eran fuertes y temibles. La vanidad, el orgullo y la soberbia y los deseos de someter al más débil, son derrotados por la generosidad y un buen corazón, así nos lo hace ver Tío Conejo con una sonrisa de oreja a oreja y rascándose la panza.

Generosidad y buen corazón, virtudes necesarias para todas aquellas personas que emprenden luchas en búsqueda del bien común. El altruismo y preocupación por los demás marcarán permanentemente su quehacer; las angustias del obrero, el hambre de infantes de corta edad y la mortificación de madres ante la enfermedad de sus hijos, las hace suyas. Su rabia y enojo ante la injusticia hacen que Carmen Lyra participara en la quema del periódico La Información, órgano vocero de la dictadura de los Tinoco. Todos debemos de estar de acuerdo que con su actuar nos damos cuenta de que la historia de los pueblos no es algo lineal, sino en ella aparecen crisis y rupturas para generar cambios al estado de las cosas.

Esos años fueron de luchas y cambios en muchas leyes que irán configurando poco a poco la Costa Rica del futuro. Pues con ella hemos entendido que el disfrute del estado de bienestar no ha caído del cielo, que ha costado con el paso de los años, sangre, sudor y lágrimas de costarricenses que nos han antecedido. Es posible que haya estado Tío Conejo en las manifestaciones del 16 de junio de 1920 cuando decenas de campesinos y obreros, viendo colmada su paciencia por no disponer de dulce de tapa para el consumo doméstico, sitiaron el Congreso Nacional y exigieron respuestas a sus representantes, lo que degeneró en actos violentos y en la agresión de varios diputados entre ellos don Arturo Volio, presidente del congreso quien resultó golpeado en su cabeza por una piedra. En este mismo periodo, la presión de los trabajadores y la búsqueda de mayor justicia, conducirán a que Costa Rica disfrute de la aprobación de una Ley de Riesgos del Trabajo y de la creación de entidades, como lo son hoy, el INS y el Banco Nacional. De modo que haya mayor protección para los trabajadores y acceso a crédito barato para la producción nacional. Aspectos con los que Tío Conejo, estamos seguros, estaba de acuerdo.

En Tío Conejo y el Yurro, asusta el atrevimiento del poderoso, que desea someter al débil e indefenso; Tío Tigre se apodera del yurro y los demás animales se espantan para no ser presa de su voracidad. Tío Conejo responde solidariamente y enfrenta a Tío Tigre con ingenio y gran dosis de creatividad, al disfrazarse de dueño del monte. Es el mismo deseo de proteger a los débiles y desvalidos, es la época en la cual hay importantes esfuerzos de Clorito Picado para desarrollar sueros contra el veneno de mordeduras de serpientes que segaban decenas de vidas de jóvenes trabajadores bananeros, este tipo de nobles y justas preocupaciones permite el surgimiento del Ministerio de Salubridad, segundo en el mundo, y una Secretaria del Trabajo. Dichos cambios sociales y legales como fruto de la lucha tenaz valerosa de trabajadores y trabajadoras.

Esa actitud de darse a los demás y combatir el egoísmo. También la descubrimos en Tío Conejo, quien ante un mal, no se conforma con lamentarse, actúa y trata de obtener mejores resultados. No en vano fue padrino de bodas de Tío Periquito Sapoyol con Tía Cotorrita, a quienes les regaló una preciosa parejita de tazas, tras tomar monedas de un pañuelo protegido con varios nudos. Fue además padrino de bautizo de los dos hijos de Tía Ardilla.

En ese mismo mes que se publicaban Los Cuentos de mi Tía Panchita, Costa Rica es sacudida por la epidemia de la gripe española, que arrebató la vida de más de 2.300 costarricenses, cuyas secuelas permitieron preparar adecuadamente una estructura en materia de sanidad pública, con acceso a agua potable, manejo de excretas y alcantarillado en zonas urbanas. Algo semejante a lo que luego el doctor Ortiz nos ha regalado como Hospital sin Paredes. ¡Ah taimado Tío Conejo! Que estuvo ahí y vio todo para luego contarlo. Tuvo que pasar por la pena, además, de ver cómo se marchaban de su país, dos grandes costarricenses cuya magna obra aún no es objeto de estudio suficiente como lo es la fina y diligente pluma de Vicente Sáenz R. y de Mario Sancho J. Todo un pueblo está en deuda con ambos, para quienes la incomprensión y la envidia aldeana, fueron las monedas con que prensa y círculos políticos de la época, les pagaron.

Carmen Lyra desarrolla una sensibilidad especial ante el sufrimiento de los demás y la injusticia que se comete contra los necesitados. Una Costa Rica que poco a poco se va tornando urbana; surgen nuevas profesiones y también nuevos problemas. Esa gripe española arrebató la vida a muchos menores, al igual que la tos ferina, tuberculosis y parásitos intestinales. Tristemente se privaron de disfrutar de Tío Conejo y sus andanzas.

Con el tequio de Tío Conejo, reímos, tenemos solaz esparcimiento, pues es una apuesta por la vida. En sus cuentos hay riqueza de ambientes y diversidad de personajes, plantas, paisajes, onomatopeyas. Nada como combatir el dolor y la soledad con la sonrisa y las buenas historias. Y que más que el mismísimo Tatica Dios a quien Tío Conejo le arranca dulces sonrisas tras haberle jalado las orejas.

Ah pero en cuestión de amores, aunque Tío Conejo siempre se mantuvo soltero no olvidemos sus pretensiones con Tía Palomita Yuré y Tía Venada. En momentos diferentes intentó noviar con alguna de ellas, pero pareciera que en el amor no le fue tan bien pues siempre Tío Tigre le tuvo tirria.

En el cuento Tío Conejo Comerciante aparecen dos productos del agro costarricense que han configurado la base de la dieta costarricense, como lo son el maíz y los frijoles. Ambos de herencia precolombina y con el maíz América conquistó el mundo. Constituyen rica fuente de proteínas y deben ser base de una irrenunciable nutrición y cultura alimentaria. No vaya a ser que algunos vivo nos sigan endulzando el oído —como Tío Tigre a Tía venada— que la comedera traída de afuera es mejor y mucho más barato. Ese razonamiento se asemeja a la burla experimentada con Tío Conejo y los quesos, no vaya a ser que el reflejo de la luna en un charco de agua, en medio camino, nos confunda con un sabroso queso. No olvidemos que Tío Conejo era muy goloso y melindres para comer, eso le valió meterse en una huerta ajena, de la cual apeniticas salió bien librado. Hoy me da pena contarle a Tío Conejo que la mitad del maíz y frijoles que consumimos no son cosechados en el país.

Ah ¡qué rico un gallito de frijoles humeantes! Creo que a Tío Conejo, a quien veo tan corrongo y pochotón le tiempo le pasa de largo, pues siempre lo veo entusiasta y lleno de vida. Cuál será su secreto? Aunque Tía Panchita no lo dice creo que le ayudó a Uvieta a deshacerse de la muerte y por eso lo seguimos viendo tan orondo y tan lirondo.