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¿Recuerdan cuando en el barrio o en la escuela jugábamos algún deporte o competencia que requería dos equipos?

Los posibles jugadores se ponían en una fila y los dos líderes se turnaban para escoger a su equipo.  Los primeros nombres eran los apetecidos, los más rápidos o habilidosos, con lo que cada equipo se iba asegurando más posibilidades de éxito.  Al final, quedaban o los más pequeños, o los chapas, aquello no dotados con habilidades deportivas, tal vez el vecino más gordito, o la que por sus lentes no podía correr tan rápido.  A esos últimos no se les elegía, se les dejaba jugar.

Otra forma de verlo es haciendo la pregunta: ¿si usted fuera a permanecer en una isla desierta por mucho tiempo, con quién iría y qué llevaría?

El encierro en casa nos tomó a todos por sorpresa, pensábamos que tal vez serían una semana o dos y las cosas no podían ser tan malas.  Ya llevamos cuatro y aún falta bastante tiempo.

¿Cómo le ha ido con sus compañeros de equipo?  ¿Es el nombre de su pareja y de sus hijos o padres el que pronunciaría voluntariamente para pasar juntos por este reto y salir ganadores?  Y más importante aún, ¿es su nombre el que ellos dirían de primero en la lista para anotar los mejores puntos, o es usted el que queda al final y está ahí aceptado pero no elegido?

Creo que un buen ejercicio para no caer en desesperación es pensar que estamos en  esa isla desierta, y no sabemos cuándo llegarán a buscarnos.

Mientras tanto, por qué no trabajamos en ser aquellos que serían llamados de primero en el equipo: los más fuertes de mente y espíritu, los más rápidos en expresar servicio y bondad;  aquellos que no se están quejando por todo, que mantienen sus espacios limpios, que buscan colaborar y hacer el proceso más llevadero para los demás, los que se juegan la próxima lavada de platos en un emocionando partido de UNO, los que preparan un té antes de que alguien lo pida, los que sonríen, abrazan y hacen masajes de pies como cierre de un día cualquiera; los que si encuentran un vaso mal lavado, lo lavan de nuevo sin reclamos, los que se acercan a ver la serie de Netflix que le interesa al otro, aunque no lleven el hilo de todas las temporadas anteriores.

Si su nombre se convierte en el primero que pide el equipo, llegará el momento en que las autoridades nos digan:

— ¡Felicidades, ya pueden salir y volver a su rutina! Y entonces diremos.

—¿Para qué?  Estoy muy bien con mi equipo en casa.

Repito:  Quédate con quien te haga pasar una buena pandemia.