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Redacto este segundo artículo mucho antes de lo que me había imaginado, a pedido de varias personas, amigos, amigas, vecinos, colegas y conocidos que están entrando a un punto de desesperación.

Expresiones como: “Tengo ganas de llorar y no sé por qué”, “Tengo ansiedad y no sé qué me la genera”, “No quiero ni cocinar ni limpiar”, “Todos me caen mal en la casa”. Están llevando a mucha gente a un punto de desesperación, a un camino al que no se le ve la salida inmediata, y que lo están manejando con una sensación de que esta cuarentena no sólo es obligada por nuestro bien, sino que emocionalmente está siendo percibida como un castigo.

Nada más peligroso que percibir la cuarentena de esta manera, pues nos estamos olvidando que este “encierro” es por amor a mí mismo, a mis seres queridos y al resto de la comunidad que debemos de cuidar y proteger.

Tal vez muchos hemos visto un video que habla del por qué Japón con sus millones de habitantes, ha tenido un contagio bajo, ¡Y es precisamente eso! La cultura japonesa con sus miles de terremotos y adversidades de la naturaleza ha aprendido a usar al máximo la resiliencia para sí mismos y para ayudar al otro.

Sus espacios personales son sagrados y no andan con el besuqueo y abrazo al que estamos acostumbrados, su saludo es una reverencia que respeta el espacio del otro, en el momento en que perciben el menor síntoma de resfrío se ponen mascarilla y no andan estornudando al aire libre.

Y es precisamente por su disciplina, respeto a las normas y cuidado al prójimo que el contagio ha sido bajo. ¿Podríamos los ticos intentar copiar tanta cosa buena de esa cultura para cuidarnos más entre todos? ¿Cuántos besos y abrazos que damos son sólo por costumbre y por quedar bien con los demás? ¿Cuántos serán verdaderamente genuinos?

Estábamos acostumbrados a llevar un estilo de vida desmesurada, corra a la reunión, corra al banco, corra al trabajo, corra a la fiesta, corra, corra, corra… Y, de un pronto a otro, no sólo no tenemos que correr, sino que nos encontramos con alguien extraño, alguien que no conocíamos: “nosotros mismos”.

Esa persona que se levanta todos los días y para ver a alguien se tiene que ver en su propio espejo, “hablar” consigo mismo, entretenerse a sí mismo, vestirse para sí mismo y no para andar luciendo a los demás. A esa persona no la conocíamos y esto está produciendo mucha ansiedad y mucho desconcierto, ¡qué malos compañeros hemos sido de nosotros mismos!

A la fuerza ahora hemos tenido que pensar cómo entretenernos solos, cómo bailar solos, cómo hacer ejercicios solos, explorar a lo interno y responder ¿qué quiero hacer? ¿Qué me satisface? ¿Qué me alegra, y qué no? ¿Quién me va a entretener o a alegrar, o adónde voy a pasarla bien?

Ese desconocido, que se llama yo, se nos presentó de un momento a otro, nos asustó, y no sabemos qué hacer con él pues aprendimos que el estar felices y contentos era solamente con otras personas o en actividades programadas para entretenernos.

No es de extrañar que la angustia que ese “yo” nos genera, esté incidiendo en muchos síntomas psicosomáticos, tengo amigas que me dicen: “Tengo tos, tengo asma, me duele el estómago, no puedo dormir, todo el día me duele la cabeza” y agrego una expresión muy campesina pero simpática y muy descriptiva: “Tengo un gran desatino” (léase ansiedad).

¿Ustedes se han preguntado todo lo que pueden descubrir en este “encerramiento? ¿Saben en qué circunstancias fue que Isaac Newton descubrió la Ley de la Gravedad?

Es la hora de quebrar el esquema cómodo al que nos acostumbramos en la zona de confort en que vivíamos y descubrir ese potencial que todos llevamos dentro pero que por pereza, comodidad o desconocimiento no se nos ocurrió volver la mirada hacia nuestro adentro.

Paralelo a la ansiedad, la depresión, el aburrimiento, las somatizaciones, veo que un enemigo impresionantemente destructivo y que está haciendo estragos a nivel emocional: el miedo.

El miedo puede ser capaz de anticipar catástrofes, de que veamos lo que no existe, de que sintamos lo que está lejos de sentirse y si nos aliamos con ese enemigo, podemos llegar a convertir irrealidades en sintomatología, y es en eso es lo que está cayendo gran parte de nuestra población.

Si no nos aliamos con las limitaciones vehiculares, si no intentamos copiar conductas tan sabias como las de la cultura japonesa, si no aceptamos que por un tiempo nuestra realidad ha cambiado (incluyendo el plano económico) y tenemos que aceptarlo nos guste o no, si nos seguimos aliando con la quejadera y a la victimización, le estamos dando desde ya el triunfo al enemigo.