Heredia, Costa Rica. Durante mi etapa colegial, tuve la posibilidad de hacer una misión (era un tanto pandereta) en el cantón de Acosta. Recuerdo esa experiencia como uno de los momentos más especiales de mi vida por las personas que conocí. El acosteño es puro, auténtico, sonríe al extraño y abraza sin reparo. Ahora imagine mi reacción cuando la entrevistada empezó la videollamada con: “Podré vivir en España, pero yo seré de Acosta para toda la vida”. Le dio a su historia un espacio importante en mi corazón.

Dejarse llevar es principio y fin en su vida. Diana creció jugando en cafetales al lado sus dos primos más cercanos. Ellos, y su madre más adelante, son los responsables del amor por el judo, ya que eran los encargados de jalarla a la academia de un tío (con 7 años). Con un brillo especial en los ojos, recuerda que su motivación no estaba en el deporte, sino en compartir y experimentar largas caminatas al lado de sus inseparables cómplices.

¡Y vaya distancias! porque para llegar a la academia le tocaba caminar: “Acosta de punta a punta”. Sin dinero para los buses, los tres niños aprovechaban los trillos o atajos entre las fincas para llegar a la clase de judo a las 5:00pm. Así hasta que...su prima mayor recibió la convocatoria a la selección nacional.

La mamá de la protagonista se dispuso a llevar a la sobrina hasta San José tres veces a la semana y, por puro rebote, se llevó a “Dianita” para que viera los entrenamientos. Eso sí, jamás sospechó que la niña se iba a revelar y meter en todos las prácticas ¿Su motivación? Tener muchas niñas para pelear y aprender algo nuevo de cada una.

-Llegó a San José y pronto ya la estaban llamando a la sele ¿Qué tenía aquella niña de especial?

-Nada. Simplemente me gustaba y nunca faltaba a un entrenamiento. La falta de disciplina es lo que hunde a la mayoría de ticos...y el judo no es la excepción.

-Y al menos usted, de ¿dónde sacó esa disciplina?

-De mi mamá. Ella es ama de casa y nunca hizo deporte, sin embargo, jamás me permitió dormir más, faltar un día o dar un esfuerzo mínimo. Siempre me llevó y se sentó en una banquita hasta el final del entrenamiento.

En menos tiempo del esperado, empezó a competir internacionalmente y la pasión se transformó. Brenes pasó de verlo como un pasatiempo...a forjar su vida alrededor del deporte. Los ligamentos rotos y las operaciones (tres en las rodillas) no faltaron, sin embargo, las “mariposas en el estómago” antes de cada competencia...siempre prevalecieron.

Al salir del colegio y cumplir los 18 años, llegó la decisión más importante de su vida. Seguir el camino de sus dos primos (ir a la universidad) o apostarle la última carta al eterno amor de su infancia (el judo). Estaba en ese vaivén de ideas cuando la suerte tocó a la puerta.

-El experimentado judoca español, Carlos Montero, vino a dar unas charlas a Costa Rica y yo exploté de emoción al verlo sobre el tatami ¡Hacía cosas que yo nunca había visto!  

-Entiendo, pero él ¿Qué relación tiene con la decisión?

-Resulta que él se va...pero le cuenta a Henry Nuñez (presidente del CON) que desea ayudar a un tico o tica para desarrollar su carrera en Europa. Don Henry me recomienda y, mediante una beca del COI y la ayuda del ICODER, asumo el reto de irme para España.

Se dejó llevar otra vez. Diana arrancó los 5 años más complejos y exitosos de su carrera. En la soledad de su habitación en Alicante, me confiesa su deseo de regresar algún día a las fincas de Acosta, pero primero...llevar el judo tico a sus terceras (o cuartas..o quintas) olimpiadas consecutivas.


  • Dato La Jornada: Diana Brenes está a un pasito de Tokyo 2020. La tica está colocada entre las mejores tres ranqueadas del continente y dado el caso de mantener la posición (hasta el 30 de junio), asegurará un puesto en Japón.