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Vivimos tiempos inéditos. Es importante en este entorno, solidarizarnos con el personal médico y todo su personal auxiliar, quienes día a día se enfrentan a retos no antes vistos. Ante ellos y ellas, nuestro respeto y admiración.

Hay otro grupo de profesionales hacia quienes muchos ojos vuelcan su mirada en estos momentos con curiosidad y esperanza. Lo hemos dicho en el pasado, lo decimos ahora y lo seguiremos diciendo en el futuro: la ciencia, la tecnología y la innovación deben ser motores para el desarrollo social y económico del país. Costa Rica tiene mucho para sorprender a propios y a extraños. Veamos varios ejemplos.

Al menos, hasta nuestro conocimiento, dos grupos distintos desean secuenciar el genoma del SARS-CoV-2 que circula en Costa Rica. De pasaje en pasaje, el virus va teniendo pequeñas mutaciones de forma azarosa como proceso natural y totalmente esperable. Aunque se han secuenciado miles de muestras circundantes a nivel mundial, podríamos aprovechar la experiencia de grupos consolidados costarricenses para conocer un poco más sobre la biología y la química de este virus y así, por ejemplo, diseñar pruebas más sensibles y robustas de detección que ayuden a realizar un estudio epidemiológico, o bien, explorar posibles terapias basados en el mRNA complementario que bloquee la replicación del virus. Esta información también podría ser la base para analizar qué otras terapias podrían ser más exitosas, dada la experiencia en otras latitudes. En todo caso, parte de algo esencial: hay que conocer muy bien el virus, y esto comienza, desde su genoma.

Conocemos adicionalmente, que el grupo de investigación en Biología Molecular del Centro Nacional de Innovaciones Biotecnológicas (CeniBiot), gracias a un financiamiento del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), explorará un ensayo basado en la misma técnica aconsejada por la Organización Mundial de la Salud (OMS), la reacción de la polimerasa en tiempo real (RT-PCR), pero tratando de usar un protocolo con elementos o insumos más accesibles en este momento. Existe también la propuesta del grupo experto en Virología de la Facultad de Microbiología, para el diagnóstico serológico en pacientes recuperados y personas asintomáticas de la presencia de anticuerpos neutralizantes. Ambas pruebas son de alta prioridad, porque a pesar de estar en estado de emergencia, algunos sectores de la sociedad claman por una apertura de la política de cuarentena que tenemos en estos momentos. Es claro que las grandes compañías pueden asumir este alto costo, pero empresas pequeñas o medianas realmente atraviesan dificultades grandes, sin dejar de lado a los costarricenses que viven al día, que es una gran mayoría. Desafortunadamente, no hay estudios que sustenten el abrir nuevamente el país, dado que el número de la muestra hasta el momento es muy reducido (9,752 pruebas aplicadas al reporte del 17 de abril). No podemos respaldar el uso de pruebas rápidas que tengan un % muy bajo de certeza; tenemos que respaldarnos en pruebas que tengan una certeza del orden del 80-85% o superior. Entendemos y comprendemos la gran responsabilidad que lleva el señor Ministro de Salud en sus hombros, sobre todo, porque al pasar del tiempo, las medidas de contención se hacen más y más difíciles.

Conocer y detectar el virus es necesario, pero también hay que tratarlo. El Instituto Clodomiro Picado (ICP), adscrito a la Facultad de Microbiología de la Universidad de Costa Rica es una de las entidades científicas y tecnológicas más importantes que tiene este país y su desempeño es crítico hoy. Veamos por qué. Nos llegan reportes desde China altamente esperanzadores en los que han obtenidos resultados muy favorables aplicando plasma e inmunoglobulinas purificadas obtenidos de pacientes recuperados, a pacientes en estado crítico. El cuerpo reacciona ante la presencia del virus, produciendo una serie de mecanismos de defensa, dentro de éstos, encontramos los anticuerpos que actúan neutralizando el virus. Dichosamente para Costa Rica, el proceso de purificación de plasma no difiere en su ciencia de lo que ha venido realizando el ICP desde hace 50 años, cuando produce suero antiofídico no solamente para Costa Rica, sino para América Latina y África subsahariana. Por ello, el ICP es el llamado para purificar el plasma obtenido de voluntarios, el cual una vez pasada una serie de pruebas de control de calidad, debe procesarse en sus instalaciones.

Sin embargo, se requieren 25 personas donando 1 litro de sangre, para obtener un máximo de 50 dosis. Esta limitante también fue analizada, y justamente aprovechando la experiencia del ICP, se propuso una tercera línea de acción que permita obtener anticuerpos equinos, y así, no depender de donadores de plasma. Este esfuerzo tan esperanzador, de las manos del Dr. Guillermo León y del Dr. Alberto Alape y su grupo de investigadores, podría poner en un lapso de 3 meses alrededor de 600 dosis de inmunoglobulinas neutralizantes equinas. El procedimiento requiere de la inmunización de caballos, empleando para ello la proteína S viral recombinante del SARS-CoV-2. La reacción esperable, es que los caballos produzcan una cadena de reacciones inmunológicas, dentro de las cuales, se producirán las inmunoglobulinas que neutralizarán el virus. Cabe aclarar, que los caballos no enfermarán.

Costa Rica tiene el recurso humano y el propósito de colaborar. En ese sentido el Conicit ha decidido apoyar con recursos del programa denominado internamente BID-1, la producción de inmunoglobulinas equinas purificadas, con la expectativa de poder brindar al país, y por qué no, al mundo, una terapia sostenida en el tiempo, con la cual se pueda disminuir la mortalidad y la morbilidad del COVID-19.

Hoy más que nunca el sector de ciencia, tecnología e innovación debe ser reconocido por sus aportes para resolver la crisis actual. El financiamiento para este sector, debe implicar un proceso lo más exacto y cumplido. Nos encontramos sin embargo, imbuidos en un sistema de administración pública, que no garantiza la transferencia efectiva y oportuna, pues hay que pasar una serie de barreras o tramitologías, muchas veces ilógicas.