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No quiero redundar a propósito de la lucha contra #Alcoa y el Movimiento Estudiantil.

Pero sí me gustaría recordar la memoria de Iris Navarrete, como la primera estudiante que en el XI Congreso Estudiantil Universitario del 1969, hizo una moción señalando la necesidad de oponer el Movimiento Estudiantil al contrato-ley que se discutía en la Asamblea Legislativa.

En general, solamente Semanario Universidad, el Cihac y el investigador Randall Chaves han trazado el tema del papel trascendental de la moción que hizo Iris y cómo se invisibilizó su participación hasta el año anterior, cuando se publica el artículo de Randall, con una crítica muy atinada que comparto: la memoria pública sobre Alcoa está masculinizada (si quieren el artículo me pueden escribir).

En el año 1969 se modificó la forma en que se escogía la Federación de Estudiantes de la UCR (Feucr). Ya no era en el Consejo Estudiantil Universitario (CEU) sino que, del 70 en adelante, sería mediante voto directo. Por eso hay que recordar ese año más allá de Alcoa; fue la juventud estudiosa, reflexionando alrededor del impacto ambiental de una transnacional en el país. No olvidemos que el 24 de abril de 1970 se aprobó, con 41 votos a favor y 11 en contra, el proyecto y más tarde ese mismo día José Joaquín Trejos, como presidente de la República, firmó el proyecto de ley, de forma apresurada.

A mediados de los setentas, hubo una reforma constitucional que transformó la figura de contratos-ley, por la de tratados de libre comercio; de esa forma el proyecto desapareció poco a poco del tiempo.

Las dinámicas cambiantes entre contratos-ley y las ideas de los nuevos tratados comerciales siguen siendo sumamente parecidas: y quizás nunca antes habían estado tan vigentes. No podemos pretender que las juventudes sean iguales a la de “la huella de abril”, pero sí debemos reconstruir la historia para evidenciar los aspectos que han sido injustos (como la invisibilización de Iris) y la distorsión de los acontecimientos tal como pasaron.