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El enésimo ataque contra los funcionarios del sector público viene de los mejores abogados del neoliberalismo en Costa Rica; y muestra, una vez más su gran oportunismo. En realidad, ese ataque es la cortina de humo de una ideología hegemónica que teme tener techo de vidrio. Para su desgracia, los hechos nos muestran inequívocamente una realidad: la necesidad de contar con un sector público fuerte, resiliente y solidario, para proteger a la población contra una crisis sanitaria y económica. Al contrario, los abogados del neoliberalismo promueven desde hace décadas, menos impuestos, menos solidaridad, menos servicio público, menos proteccionismo, y más competencia entre los individuos y los países. Ahora, ¿cuáles son las primeras conclusiones de la crisis del COVID-19?

Primero, la cooperación entre los investigadores de todo el mundo, y en particular el intercambio rápido de información de científicos de China, permitió ganar semanas cruciales en la búsqueda de un tratamiento y de una vacuna. Estamos lejos de un mundo neoliberal regulado por la competencia entre laboratorios y las patentes.

Segundo, la lógica neoliberal de reducción de los gastos públicos provocó la deslocalización en China de la producción de productos estratégicos como las máscaras quirúrgicas y los medicamentos como el paracetamol. Hoy esto parece un grave error. De la misma manera que se reveló la importancia de la seguridad alimentaria nacional.

Tercero, frente a una epidemia viral desconocida, ¿qué requerimos para frenar la propagación? Vigilancia epidemiológica y pruebas de diagnóstico gratuitas para detectar los primeros casos y aislarlos; hospitales públicos que atiendan a todos los pacientes gratuitamente; un seguro social público para evitar que los casos poco sintomáticos vayan a trabajar para no perder un día de sueldo y se transformen en bomba de tiempo. Es decir, necesitamos un Ministerio de Salud, un INCIENSA y una CCSS. Aquellos que atacamos hace seis meses, mañana serán nuestros héroes nacionales.

Entonces, se viene la propuesta de reducir a la mitad los ingresos de los asalariados públicos que están en trabajo remoto. Dice mucho de cuáles son sus prioridades. Hoy, el trabajo remoto no son vacaciones: es la mejor forma de contribuir con la lucha contra el COVID-19; es responsabilidad y protección social. Pero, en tiempos de crisis, es cierto que necesitamos solidaridad entre todos los que tienen la posibilidad de trabajar y de recibir ingresos (trabajadores del sector público, privado, rentistas, pensionados), y los que perdieron su trabajo o ven sus ingresos disminuidos. Eso se llama un seguro obligatorio de desempleo. En la mayoría de los países europeos, existe desde hace varias décadas. Cuando una persona está trabajando, ella y su empresa cotizan al sistema de seguro público. Y si la persona perdiera su trabajo, recibe una indemnización por un tiempo que le permita buscar otro trabajo. Este mecanismo debería existir desde hace años pero ¿adivinen quiénes son los que se han opuestos a estas medidas?

Finalmente, la crisis demuestra que nuestras sociedades ocupan solidaridad y seguridad. La lógica neoliberal es intrínsecamente cortoplacista. Por eso tiene tanta dificultad a responder a las crisis, que son por definición inesperables y repentinas. Promueve las desigualdades sociales, y ha impedido crear los mecanismos de redistribución que ahora necesitamos para proteger a los más vulnerables.