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El impacto de esta crisis no tiene precedentes. Las noticias nos abruman; la incertidumbre y el miedo no nos dejan recuperar la paz.

Hoy, nos hemos enterado de que los presidentes Donald Trump, de Estados Unidos, y Xi Jinping, de China, han conversado en un nivel que todos esperábamos: como dos líderes mundiales del G20 (foro cuyos miembros permanentes son 19 países de todos los continentes y que reúnen el 66 % de la población mundial y el 85 % del producto bruto mundial).

Los mandatarios han puesto de lado sus grandes diferencias y conflictos, por todos conocidos, para buscar cooperación y así enfrentar la pandemia del coronavirus y el colapso de la economía en el mundo.

Mientras eso sucedía en las más altas esferas políticas, Costa Rica, un país que se ha distinguido por su longeva democracia y madurez política, tiene la capacidad también para dejar de lado sus diferencias y disputas políticas para superar la emergencia.

El sector privado y sus empleados ya están pagando un altísimo precio; se ha despedido, suspendido o disminuido, en el mejor de los casos, los contratos laborales a cientos de miles de personas. Se habla de 109.000 empleos perdidos en el sector de restaurantes y bares, y cerca de 200.000 en el sector turismo. En unas pocas semanas se ha incrementado el desempleo a casi el doble de los números de hoy. Adicionalmente es importante mencionar que los salarios más altos, que son la clase media del país, ya fueron “golpeados” con el reciente incremento en el impuesto de renta incluido en el paquete fiscal.

Es lamentable que no haya en la Asamblea Legislativa  ninguna propuesta para ajustar las jornadas y salarios para el sector público, que no sea la del Gobierno, que de nuevo amenaza con seguir recargando al sector productivo privado con toda la factura de esta pandemia. Para toda referencia basta con ver la conferencia de prensa de hoy.

Dónde mirar. He estado leyendo sobre las medidas adoptadas por otros países. La gran mayoría estará acudiendo a pagar seguros de desempleo, que de no ser por nuestro lúgubre déficit fiscal, sería una opción perfectamente viable. Esto nos da la oportunidad como sociedad de poner las barbas en remojo y hacer conciencia sobre la importancia de tener finanzas sanas.

Extrapolando la situación del país a una familia, sería el equivalente a estar endeudados más allá de la capacidad de pago. De surgir una emergencia, no se contaría con ahorros o capacidad de endeudamiento para hacerle frente.

Como se mencionó anteriormente, el problema del déficit fiscal, no permite auxiliar por medio de transferencias (seguro de desempleo estatal) y así asegurarle a la gente, como en otros países, al menos el 75% del salario que tenían antes de la emergencia del coronavirus.

Uruguay ha anunciado una disminución del 5 al 20 % de los salarios del sector público, incluyendo al presidente de la República, ministros y legisladores. El déficit fiscal de Uruguay a inicios del 2020 era de 4,7 % del PIB. Costa Rica registró un 5,96 % en enero de este año.

Analizando los casos de otros países, una de las medidas temporales, por más impopular que sea, debería ser la de un recorte general en los salarios de toda la planilla pública, en un 25 %. Los empleados trabajarían 75 % de su jornada laboral, devengando un salario acorde a ese tiempo. Estarían exentos quienes atienden la emergencia de una u otra forma. El sector público asegura mantener su empleo y no nos endeudamos más para mantener una estructura insostenible bajo las condiciones actuales.

Muchos empleados se encuentran en casa sin trabajar del todo y otros están intentando hacer teletrabajo con un sistema burocrático que aún se encuentra en pañales. La experiencia nos ayudará a avanzar en la digitalización, que tendrá muchísimos beneficios en ahorros, eficiencia y disminución del tráfico vehicular, entre otros.

Este 25 % de ahorro en el pago de salarios de la planilla pública, se debería destinar a ofrecer un seguro de desempleo a las personas que estén suspendidas o sin trabajo por los próximos dos o tres meses, evitando endeudar aún más el país.

No es una medida sencilla ni fácil, pero es temporal, y es en tiempos de prueba cuando emergen los líderes. Tomo prestada una cita de Theodore Roosevelt que utilizó el reconocido economista, académico y consultor chileno Andrés Velasco en un artículo reciente: “Sin una gran oportunidad no se puede llegar a ser un gran estadista, si Abraham Lincoln hubiera vivido en tiempos de paz, nadie conocería su nombre hoy en día”. Latinoamérica se encuentra en una lucha contra el contagio, una inminente depresión económica y una amplia desesperación social. Le pido a los Abraham Lincoln de la región: ¡Por favor, den un paso adelante!

Diputados: muestren su temple en medio de la emergencia, no son tiempos para decisiones tardías o de cálculos políticos, estamos en tiempos de coronavirus y el futuro de Costa Rica está en sus manos.