Este artículo representa el criterio de quien lo firma. Los artículos de opinión publicados no reflejan necesariamente la posición editorial de este medio. Delfino.CR es un medio independiente, abierto a la opinión de sus lectores. Si desea publicar en Teclado Abierto, consulte nuestra guía para averiguar cómo hacerlo.

Todos, incluso los grandes líderes mundiales, han sido sorprendidos por la alta tasa de transmisibilidad del nuevo coronavirus. La crisis sanitaria que nos rodea es preocupante. Hoy, mientras tratamos de huir de un peligro inminente, el personal de salud sale al encuentro del mismo. Es un acto de heroísmo, un negarse a uno mismo. Al graduarse, cada médico en Costa Rica jura que “la salud y la vida de mi enfermo será la primera de mis preocupaciones”. El miedo no cambia nuestro juramento.

Sin embargo, estamos sujetos a un gran riesgo. Los profesionales de la salud somos altamente propensos a contagiarnos. Solamente en China, más de 3300 profesionales de la salud han sido infectados y más de 20 murieron. Actualmente en Italia se estima que cerca del 20% de los profesionales en salud han sido infectados y 14 han fallecido, incluyendo jóvenes.En Taiwán han fallecido cuatro y en Estados Unidos al menos dos doctores se encuentran internados en cuidados intensivos. El Dr. Peter Hotez, decano en la Universidad de Baylor, ayer reconoció que el personal de salud, sin importar la edad, está siendo afectado por el virus incluso más que otros pacientes.

Pero también somos altamente propensos a transmitirlo. Si bien los profesionales de la salud son quienes mantienen unido al sistema de salud en momentos de crisis, como lo es una epidemia, el 41% de los casos en Wuhan se debieron a contagios relacionados con los internamientos en hospitales. 

Proteger al personal de salud y quienes dependen de ellos es crucial para reducir la transmisibilidad del nuevo coronavirus. Por ello, considero importante crear conciencia sobre algunos aspectos.

En primer lugar, en muchos países, se ha reconocido la necesidad de atender la escasez de equipo de protección personal que está afectando al mundo entero. Se debe contar con el más alto nivel de equipo de protección personal, incluyendo mascarillas, guantes, trajes impermeables, anteojos y gorros. En Italia se han subcontratado fábricas de textiles para producir más mascarillas. Racionalizar los recursos es crucial para nuestro país y no es sólo responsabilidad de las autoridades públicas sino de cada uno de los miembros de la comunidad civil. 

Segundo, reforzar la importancia de realizar un tamizaje molecular al personal de salud. En un videoforo del que participé, realizado por la Asociación Americana de Salud Ocupacional, el Dr. Francesco Violante de la Universidad de Bologna, hizo énfasis en la importancia de tamizar inicialmente a los casos sospechosos al menos en dos ocasiones y en un escenario ideal a todo el personal cada quince días. Alrededor del 90% del personal de salud infectado en Bologna se debió a un colega asintomático. Es cierto que en Costa Rica también se debe racionalizar la realización de las pruebas moleculares, sin embargo, también se deberían ir reclutando biólogos moleculares, genetistas, microbiólogos y técnicos que podrían ir preparándose en sus centros de trabajo y que podrían dar servicio a zonas alejadas del Valle Central.

Tercero, contar con una estratificación del riesgo del personal. En Italia estratificaron al personal de acuerdo a si padecían comorbilidades: hipertensión, enfermedad cardiovascular, enfermedades respiratorias o diabetes; y, de acuerdo a ello, decidieron limitar la exposición de dichas personas a pacientes infectados. De esta forma, se protege al personal de mayor riesgo y se gana tiempo para los pacientes críticos. Costa Rica cuenta con personal de salud altamente calificado, sin embargo, sabemos bien que muchos cumplen con los factores de riesgo. Estratificando nuestro personal de salud y conociendo que contamos con más médicos generales que especialistas podríamos reclutar un grupo grande de médicos generales sanos apadrinados por unos cuantos especialistas y conforme se vayan contagiando ir reclutando aquellos con riesgo mayor. 

El mundo entero se encuentra en una carrera contra el nuevo coronavirus. Somos parte de la cura, pero también podemos ser, sin quererlo, parte de la enfermedad. La provisión, racionalización y optimización en la distribución del equipo de protección básico, así como,  la detección temprana de contagios en el personal y la estratificación el riesgo del personal son clave para poder mantenernos seguros y maximizar la capacidad de respuesta de nuestro sistema de salud. Debe protegerse a quienes hoy libran esta guerra en las trincheras.