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Hace unos tres meses, desde la detección de la epidemia de COVID-19 en Wuhan en China, no solo esta enfermedad ha tomado el centro del escenario, sino que ha generado un impacto que es difícil de cuantificar en la mayoría de las áreas de la vida humana. Desde las relaciones interpersonales cotidianas hasta la economía global o los principales eventos religiosos, la sombra de la epidemia se siente en todas partes.

El SARS-CoV-2 ha demostrado una capacidad de transmisión excepcional y ha infectado rápidamente a personas de todos los continentes, más de 663.000 positivas y más de 30.800 muertes. En Costa Rica, el número está en 314 casos locales positivos y 2 muertes, según datos suministrados por el Ministerio de Salud este domingo.

La ausencia de vacunas o tratamientos efectivos resulta en una fuerte sensación de falta de protección para los seres humanos. Sin embargo, los funcionarios de salud en todos los niveles exigen calma y advierten que el miedo a la enfermedad en sí misma puede tener más efectos nocivos que el virus en sí.

Quizás el cambio más inmediato y notable para todos tiene que ver con las precauciones para minimizar el riesgo de infección y las últimas medidas que ha tomado el Poder Ejecutivo como la restricción vehicular sanitaria (los fines de semana va de 8 p.m. a 5 a.m.). Por supuesto, no todos los han adoptado, pero una gran mayoría de los costarricenses lo han acatado para bajar la incidencia del virus.

Dichas medidas se derivan de las recomendaciones hechas por el Ministerio de Salud. Estos son pequeños cambios en las costumbres que están tan profundamente arraigados en nuestra cultura como el tipo de saludo (se saludaba anteriormente con un beso, con estrechar las manos o un abrazo) o incluso cubrirse con el codo al estornudar en lugar de con la mano.

Hace unos días, el ministro del Interior alemán dejó con la mano extendida a la canciller Ángela Merkel. Durante una visita de Estado de los Reyes de España al presidente Macron en Francia, fue de igual forma. No se dieron las manos, sino que se dieron una reverencia. Del mismo modo, varios videos virales han mostrado algunos saludos originales desarrollados por ciudadanos de las áreas afectadas, como el "Wuhan Shake", que es saludar con los pies.

Obviamente, una de las principales amenazas para la propagación del virus es la multitud. Como resultado, numerosos eventos masivos fueron cancelados, pospuestos o al menos sujetos a estrictas medidas de seguridad. Competiciones deportivas o conciertos son algunos de los eventos afectados, pero los efectos van aún más lejos: como las celebraciones religiosas, las cuales tendrán que adaptarse a riesgos futuros.

El miedo a la infección ha llevado a muchas personas en nuestro país a comprar productos sanitarios, especialmente alcohol en gel y mascarillas. La fiebre por estos bienes ha alcanzado un nivel tal que sus precios han aumentado considerablemente y ha habido una escasez en algunas cadenas de supermercados e incluso muchos de estos han impuesto restricciones de la cantidad de artículos que se pueden adquirir por persona.

Sin embargo, las autoridades insisten: estos artículos deben usarse correctamente y deben evitarse compras innecesarias. Lo más importante es lavarse constantemente las manos con agua y jabón y evitar tocarse la cara, boca, ojos y nariz, si no se ha lavado las manos recientemente.

Otra posible fuente de contagio es el lugar de trabajo, donde el riesgo humano se agrava por el daño económico de un brote masivo de coronavirus puede causar a la fuerza laboral. Este riesgo ha causado que muchas compañías y negocios hayan cerrado por decisión propia o por orden sanitaria. Las que siguen operando han dispensado alcohol en gel y recuerdan con frecuencia los hábitos que evitan el contagio. Algunas han implementado el teletrabajo para sus colaboradores. Quizás esta tendencia persista: el teletrabajo se ha vuelto cada vez más común en los últimos años, por lo que no es sorprendente es que la presión sobre la situación actual se convierta en una práctica habitual.

Hasta ahora, el virus ha tenido un impacto innegable en la economía global, poniendo en alerta a compañías, gobiernos e instituciones como el Fondo Monetario Internacional (FMI). Los mercados de valores de todo el mundo han entrado en una dinámica de alarma que es difícil de romper, y ha habido descensos preocupantes en algunos de los principales índices bursátiles del mundo. En Costa Roca ha significado el cierre total o temporal de muchas empresas, con la subsecuente pérdida de empleos.

Los efectos del virus también se pueden sentir en el sector industrial, cuya cadena de producción se ha visto gravemente afectada desde la aparición del primer caso, lo que ha llevado a un apagado sin precedentes de los motores industriales.

Al mismo tiempo, los precios del petróleo han caído (principalmente debido a la caída de la demanda en los países más afectados). En general, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) advirtió que la epidemia podría reducir a la mitad el pronóstico de crecimiento mundial para este año al 1.5%.

Quizás uno de los primeros y más notables efectos del brote de coronavirus fue la incomodidad que ha causado a muchos viajeros. Con el tiempo, estas dificultades se han multiplicado y se utilizan medidas restrictivas de aislamiento para proteger la propagación del virus. Inicialmente, estos inconvenientes (principalmente en forma de cancelaciones de vuelos y restricciones de entrada de ciertos países) afectaron en particular a los ciudadanos y viajeros de todo el mundo.

En consecuencia, las autoridades de gobierno han recomendado a las compañías que cancelen o pospongan los viajes de trabajo y a los ciudadanos tanto como sea posible para evitar viajar el mayor tiempo posible.

El resultado es notable en las reservaciones turísticas, prácticamente vacías en las últimas semanas y con múltiples cancelaciones. Muchos hoteles del país han cesado su personal.

En una situación que ya está causando gran preocupación en la sociedad, fenómenos como la información excesiva de los medios tradicionales o la difusión de información y mensajes falsos a través de las redes sociales solo contribuyen a aumentar la alarma, advierte la Organización Mundial de la Salud (OMS); esto puede ser muy contraproducente.

Por ejemplo, Facebook ha comenzado a eliminar publicaciones con contenido falso o teorías de conspiración reportadas por las autoridades de salud, Google y Twitter están trabajando en medidas similares.

La implementación de estos mecanismos implica la participación de equipos de verificación e inteligencia artificial y, por lo tanto, la adquisición de herramientas que las redes sociales puedan tener a partir de ahora. Por lo tanto, es razonable imaginar que este cambio podría tener una proyección futura, y la epidemia de coronavirus marca el comienzo de un mayor compromiso para combatir este fenómeno pernicioso.

De hecho, el impacto del coronavirus es tan grande en tantas áreas que es prácticamente inevitable que muchos de sus efectos se quedarán, aunque es temprano para predecir exactamente cuáles. En el mejor de los casos, podrá aportar una valiosa experiencia para enfrentar fenómenos similares en el futuro. Lo importante ahora es quedarse en casa y seguir las medidas que indiquen las autoridades sanitarias.