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En ciertos momentos un gran número de idiotas

tienen una enorme cantidad de dinero idiota.

Walter Bagehot, 1895

He crecido en un ambiente donde las familias compiten unas con otras para ver cuáles viven mejor, algunos se han endeudado hasta la desesperación, otros han cometido crímenes y de la noche a la mañana tienen edificios y colecciones de autos, muchos trabajan como esclavos para sustentar un estilo de vida innecesario, y algunos otros siguen viviendo a expensas de los delitos de sus padres o abuelos con un dinero maldito que los arrastra siempre hacia la oscuridad. En todo este tiempo he visto fortunas desplomarse, he visto compañías caer junto con el orgullo y el glamour de sus dueños, he conocido familias completas cuyas vidas han sido miserables a pesar de que tienen cuentas bancarias enormes, pero lo que más he presenciado es como el dinero en exceso no trae felicidad sino en muchos casos desgracia, contienda y enajenación. Por eso se ha vuelto tan atractivo ser un matón, un delicuente, destruir vidas para conseguir un poco de dinero fácil o caer en la trampa de una sociedad de consumo que educa para ser su marioneta.

Cuando he tocado estos temas siempre me he topado con aquellos que solo conocen los extremos y piensan que si no se es millonario se es pobre, pero entre ambas cosas hay distancias astronómicas, pues la calidad de vida no depende de la cantidad de dinero acumulada sino de la tranquilidad que tenemos en el lugar donde estamos. Es cierto, y todos lo sabemos, lo importante que es el dinero, pero también entendemos todas las demás cosas que lo sobrepasan en momentos determinantes, y no es que tengamos una mentalidad mediocre o que estemos destinados a vivir en la calle, sino que hemos encontrado un equilibrio para llevar una vida decente y digna sin tener que someternos a ningún tipo de violencia bursátil.

En Costa Rica existen 2.984.769 tarjetas de crédito, y la deuda asciende a más de un billón y medio de colones, lo que garantiza un caos económico que solo beneficia a grandes compañías y bancos. El maelstrom social deriva en gran medida de esto, pues la cotidianidad está fundamentada en interacciones sociales desestabilizadas por la noción de éxito, por la apariencia y por las ilusiones en tercera dimensión de lo que significa vivir.

Hay algo que muchos no han comprendido, y es que los estereotipos que influyen en estos comportamientos derivan de la educación, pero no de la que se supone nos dieron en la escuela y el colegio —que, a propósito, ya de por si es pésima— sino la que viene de los medios de masas. Desde inicios del siglo veinte se pusieron en marcha una serie de programas para la erradicación de la persona culta, y la construcción de un nuevo tipo de persona: el humano pasivo. Noam Chomsky habla ampliamente del control del pensamiento desde una perspectiva certera cuando nombra una a una las construcciones sociales que han influido en el desarrollo de este nuevo tipo de humano, que es pasivo y silencioso, porque acepta y deja pasar, porque da por sentado todo cuanto se le presenta; trabaja para comprar y compra para aparentar y además es sumamente violento en su pasividad, al guardar silencio, al omitir y desentenderse de injusticias y temas primordiales, como el abstencionismo en las votaciones. En la anulación de su personalidad están las más bajas estrategias de las multinacionales que ya se acercan a crear un nuevo tipo de persona, el inválido psicosocial, seres sin ideas, sin empatía y sin ningún tipo de criterio, que cumplen con horarios y estándares solo y únicamente para conseguir atención. Degradarse para conseguir atención será su lema, por eso las cámaras de sus teléfonos son cada vez más importantes.

Como en cascada, la plenitud de los planes mundiales para el manejo de las multitudes está dando resultados alarmantes, basta con ver quiénes son famosos, quiénes son presidentes de potencias mundiales, quiénes son parte de la farándula; el tipo de música que rompe récords, el cine y los libros basura que generan millones y millones de dólares. La situación en la que nos encontramos está hecha y definida por y para el dinero.

Un loco es aquel

que acepta todo

como se les he dado

Un loco es un saíno

caminando en círculos

fuera del bosque.

Para llegar a los atormentados, esos que no han podido evitar que el sistema los trague como lo hace una planta hidroeléctrica con una bolsa de plástico, es necesario ser concisos, resumir, y hasta caer en el uso de diminutivos. Sin embargo, hoy nuestro fin no es llegar a ellos, esto más que una crítica es una confirmación, una conversación con quienes como yo estamos cansados de ver como crece la espuma de jabón, químicos y excremento en el fondo de lo que hasta hace poco tiempo eran cascadas cristalinas.

La verdadera razón para gastar nuestro tiempo en sentarnos a escribir un artículo corresponde con que el tema a tratar tiene la importancia suficiente como para dedicarle lo necesario, en este caso la singularidad de lo que nos compete está desde cada punto cardinal convirtiéndose en una más de las avalanchas peligrosas a las que nos hemos enfrentado. Es tan grotesco, superficial y desmedido que no sabemos ni por dónde comenzar, pero vamos a eso, a que en toda su medida esto se ha salido de control y en su proceso se ha llevado por delante tantas mentes como le ha cabido en sus fauces.

Podemos iniciar con la ola de burlas que se ha desatado en las redes, creo que bien merecidas, ya que ellos se han encargado de burlarse de tantos valores humanos como les ha sido posible, e incluso de situaciones y circunstancias de vida que definitivamente aún no entendemos cómo se han atrevido a irrespetar. El nuevo sistema les atrae, les hipnotiza y les convence, porque ellos mismos son productos. Presumir y alardear es la forma en que nos demuestran la precariedad de sus mentalidades.

Desde niños aprendimos que pavonearse de los objetos o el poder adquisitivo es una clase de ridículo peor a cualquier otro. Aquellos que conocemos como rajones siempre fueron lo más despreciable en la sociedad, y hoy más que nunca son los engreídos quiénes creen no sólo ser los más listos sino también los más privilegiados. Soberbio, petulante, jactansioso, empingorotado, altivo, encopetado, hinchado, ufano, orgulloso, envanecido, presuntuoso, creído, fantasioso; y podemos seguir con la lista de sinónimos que en cada país tienen para el comportamiento despreciable. En el caso de Costa Rica este síndrome de inseguridad y baja autoestima se ha venido desarrollando desde actividades financieras que son un nexo surrealista con la más baja de las excentricidades monetarias; videos sacando dinero del cajero, fotos de los estados de cuenta, selfies con dinero en la mano, retratos con sus autos, y publicaciones una y otra vez de lo que se han comprado o de la cantidad que han obtenido. Si nos enseñan sus relojes llenos de brillantes, sus viajes, sus maletas, sus bolsas de compras, de seguro dentro de sus cabezas no hay nada más que vacío, de tal forma que tienen más grande el ego que el cerebro.

Pero el verdadero daño no está en las neuronas que ya no habitan esas cabezas, porque realmente lo que hagan con sus vidas no nos interesa, lo que realmente importa es el mensaje que intentan transmitir a niños y jóvenes que están creciendo en una sociedad en crisis. Cuando abren la boca para decir que no necesitan estudiar, que cualquier puede ser millonario, que los pobres son pobres porque quieren, no solo están cayendo en el más deprimente de los sitios a lo que un ser puede llegar, sino que además están fomentando la superficialidad y la estupidez al proclamarse dueños de una verdad que es fraudulenta, precaria y peligrosa.

En primer lugar uno no estudia para ser millonario, sino por muchas otras razones, como por ejemplo no ser arrastrado por lo primero que le pongan al frente, esto debido a la construcción del criterio, por eso al construir una personalidad fuerte daremos con la virtud de estudiar una profesión que amamos y que con eso no solo nos vamos a beneficiar individualmente sino que ayudaremos a otros a través de nuestro desempeño y nuestras posibilidades.

Por otra parte si alguien cree que los pobres son pobres porque así lo quieren está llegando a un nivel de violencia que ya no solo se basa en la fantasía sino que, además, corrobora porque fue presa fácil de ese sistema piramidal. Al eliminar de su personalidad todas las características básicas comienza a comportarse como una fotocopia, y su vestimenta tanto como sus palabras son las que imita de aquellos que están involucrados en la misma secta. La burla a la que les han sometido en los medios de comunicación y en las redes está ligada a que mucha otra gente entiende el nivel de estupidez que sale las bocas y los comportamientos de estos nuevos empresarios. Ahora bien, es muy fácil explicar por qué algunos han hecho más dinero que otros y por qué estos les hacen creer que ahora son seres elevados, fantásticos, cuya inteligencia y capacidades son tan superiores que no tienen que ir a una universidad. El de los influencers es el más fácil de explicar, por un lado, se hicieron de muchos seguidores que son más idiotas que ellos, con capacidades de raciocinio menos que básicas y como estos son tan abundantes los llegaron a coleccionar en cantidades monstruosas, lo que por sí mismo es una prueba más del nivel educativo en el que nos encontramos como país. Así que estos influencers creen que tienen seguidores porque lo que hacen es importante, pero es todo lo contrario a eso, ya Umberto Eco nos lo ilustra: "Las redes sociales le dan el derecho de hablar a legiones de idiotas" y esto sumado a la frase que inicia el artículo nos va aclarando mejor todo el panorama del porqué es tan fácil para los seres primarios hacer dinero en ésta época de la historia, todo ha sido programado para que eso suceda, se llama el desenlace de la sociedad de consumo.

Una vez que los influencers llenaron sus redes de idiotas también conectaron con el fin de todo esto, usarlos en su propio beneficio. De ahí que al pasarse a negocios trendy solo tuvieran que canjear a todas esas personas por dinero y las pusieran a su servicio, por eso al final han llevado a miles y miles a que pierdan los ahorros mientras ellos se mofan de todo, porque ya no necesitan ni de las universidades, de las opiniones, ni de los consejos ni de nada de nada puesto que ahora son semidioses al servicio de compañías multinacionales a las que empeñaron sus vidas a través de un teléfono, una aplicación o lo que sea. Terminaron por encontrar eso que ellos denominan la realización, la plenitud.

Pero entonces si todos los demás estamos equivocados, si todo se reduce a una aplicación del mercado financiero donde eres tu propio jefe y tu propio Dios y además eso te convierte en millonario, guapo, feliz, elegante y todo lo que cualquiera siempre soñó, entonces ¿somos nosotros los idiotas? ¿Aquellos que trabajamos, que estudiamos, los que vamos por sueños propios y nos levantamos cada mañana para hacer de nuestra visión del mundo algo que deje un legado? Vamos a ver, quizá en todo esto estemos divididos por miles de años luz, y sea exactamente eso lo que nos causan tanta risa. Por un lado nadie les tienen envidia aunque sea esa la única palabra que usan para defender las atrocidades que hablan, en la opinión de general realmente se les considera enfermos, y en muchos casos esta enfermedad procede de temores y traumas de la infancia, es muy probable que la mayoría de ellos hayan nacido en un hogar en una situación económica precisamente como la que ahora desprecian y todo se trate de eso de la situación económica, y no del amor, ni del aprecio, ni de la educación, sino que al crecer el sistema les generó tanta presión por ser alguien en los términos del mercado que terminaron por construir su idea del éxito en torno a los objetos y las experiencias. Pero estamos hablando de dinero fácil, por eso el temor a las profesiones, a servir como profesionales en una sociedad que los necesita y a defender las causas más nobles que hacen crecer la cultura, donde predomine la humildad y la hermandad y no la competencia. Sí, son legiones de idiotas, tratando de menoscabar los valores más esenciales al reducir todo al poder adquisitivo, sí, son legiones de pobres, pobres en el más desesperante de los sentidos porque lo único que los hace felices es algo que se acaba de la noche a la mañana con un desequilibrio de la bolsa de valores. Por eso nosotros seguiremos confiados al tener otras cosas en que respaldarnos, cosas que nadie nos puede quitar y de las que nunca vamos a pavonearnos.