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Las tensiones en Medio Oriente no son noticia nueva, hay una constante a lo largo de la historia milenaria de esa región en términos de conflicto, producto de la diversidad étnica y religiosa, así como de su naturaleza geopolítica y estratégica. No solo es la cuna de la tres grandes religiones monoteístas, sino el punto de expansión del homo sapiens hacia todo el planeta, cuando abandonó África hace unos 70.000 años; como también de las primeras grandes civilizaciones.

Los enfrentamientos entre los múltiples actores en los distintos países es asunto cotidiano y en las últimas semanas se han sumado las protestas en Bagdad, Beirut y Teherán. Pero hay dos hechos recientes a los que me refiero hoy. Son el bombardeo aéreo cerca de Damasco, como represalia por el lanzamiento de cohetes contra posiciones israelíes en los Altos del Golán y la sempiterna cuestión de los asentamientos en territorio reclamado por Palestina.

En el primer caso se trata de un ataque contra objetivos iraníes en Siria, de la Fuerza al Quds (grupo élite de los Guardianes de la Revolución de Irán), cuya misión es ejecutar acciones de guerra e inteligencia no convencionales, al mismo tiempo que dar protección al presidente sirio Bashar Al-Asad y colaborar con grupos radicales en ese país; pero también ha sido responsable de atentados terroristas en Europa y América. Es decir, la operación israelí no fue un ataque contra posiciones sirias o de otras fuerzas extranjeras con presencia en ese país. Esto evidencia la complejidad y fragilidad de la situación en Medio Oriente, en donde si se mueve una pieza en el tablero, todas las otras reaccionarán.

En Relaciones Internacionales hay una máxima que establece que el enemigo de mi enemigo es mi amigo. Lo que significa que un país puede aliarse con otro, aun teniendo rivalidades, si tal alianza le permite contrarrestar las acciones de un adversario con el cual se tienen mayores diferencias. Pero es posible que, una vez derrotado ese enemigo común, las tensiones se trasladan a los que hasta ese momento fueron aliados.

Menciono esto, porque Rusia instaló un sistema de defensa antiaérea para proteger al régimen sirio; pero cuando los ataques son desde Israel o desde otros países contra posiciones iraníes, Moscú no activa el paraguas de protección. Esto a pesar de que Irán es un aliado ruso en algunos aspectos; en comentarios anteriores aludí al eje Moscú-Teherán-Ankara, tres aliados caracterizados por añejas rivalidades. https://delfino.cr/2019/10/turquia-y-la-reconfiguracion-del-medio-oriente

La rivalidad entre Israel e Irán es de larga data y ambas partes han manifestado su disposición a derrotar al adversario. En el caso de Teherán periódicamente recuerda su objetivo de exterminar a Israel, incluso en setiembre pasado el comandante de la Guardia Revolucionaria de Irán reiteró que “la destrucción de Israel es un objetivo alcanzable” y como “régimen siniestro debe ser eliminado de la geografía mundial”. De ahí la respuesta armada del Gobierno en funciones de Benjamín Netanyahu, quien por cierto ingresó en su fase otoñal, tras las acusaciones del fiscal general, que parece forzarán su retiro en un momento político de incertidumbre por la falta de acuerdo para formar Gobierno.

El otro hecho es la reactivación de los asentamientos en Cisjordania. Esta vez el aumento de las tensiones se produjo por el cambio en el criterio de la Casa Blanca sobre esos territorios, pues la administración Trump ahora no los considera ilegales. La respuesta de la Autoridad Palestina y de otros actores internacionales no se hizo esperar, reafirmando la ilegitimidad e ilegalidad de esos territorios ocupados.

En los dos hechos reseñados hay un punto medular: la construcción de identidades. Es decir, cómo cada uno se percibe a sí mismo y al otro. Si se observa el Medio Oriente no como un escenario limitado a las tensiones árabe-israelíes o palestino-israelíes, como muchos lo miran de forma simplista, o de los intereses de las grandes potencias, no se puede comprender el fondo del conflicto. Por lo que hay que recurrir a la identidad (intereses, conductas, roles). Mientras las partes no reconozcan quiénes son “nosotros” y los “otros” y el derecho que tiene cada uno a que se respete su identidad como individuos y comunidad, el conflicto seguirá por siglos. La relación Israel-Irán es un ejemplo de esto.