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Nuestro país debe y puede colocarse a la vanguardia de las mejores prácticas para alcanzar un Estado más eficiente, transparente y participativo; cuya operación se afiance en políticas públicas de calidad basadas en evidencia técnica y científica, que permitan garantizar la mejor calidad de vida posible para todos los habitantes del país.

En el mediano plazo los destinos de nuestros países estarán regidos por normas muy distintas a las que hoy nos ordenan y articulan. El mundo avanza hacia un periodo de incertidumbre que exige cambios profundos de los sistemas productivos, de las relaciones comerciales y sociales, y de las administraciones públicas. Todos los ámbitos cardinales de las sociedades se verán tocados por los efectos de la nueva economía digital, las disputas comerciales globales, la inteligencia artificial y una nueva ciudadanía con necesidades y aspiraciones diametralmente distintas a las de hoy.

Ingresar a la OCDE nos encamina a consolidar un perfil país capaz de enfrentar con mejores herramientas y capacidades estos desafíos. Nos abre las puertas a un prestigioso foro donde se discuten y diseñan los estándares del nuevo orden global, con la posibilidad de convertirnos en arquitectos y no solo en receptores de legislación internacional; sin menoscabo de nuestra exitosa experiencia política e institucional.

Una vez que mi Administración recibió la invitación formal a iniciar el proceso de adhesión, logramos la aprobación de 12 de las 22 evaluaciones necesarias para completar el ingreso. La OCDE reconoció nuestra trayectoria y regulaciones en materia comercial, en educación, salud y agricultura. Asimismo, obtuvimos el aval de los comités de ciencia y tecnología; empleo y asuntos sociales; política regulatoria, política del consumidor, economía digital y seguros y pensiones privadas.

Como Poder Ejecutivo, también logramos adelantar los restantes diez temas a un punto en el que su cumplimiento prácticamente solo dependía de leyes que debían ser aprobadas por las y los diputados del actual periodo de gobierno. Esto se alcanzó gracias a negociaciones realizadas con gran habilidad y defendiendo técnicamente tesis muy propias de nuestro modelo de desarrollo

Tres gobiernos hemos estado comprometidos con este proceso, que en todas sus etapas asumimos con la misma dedicación y desprendimiento, entendiéndolo como la revolución en materia de gobernanza y regulación que requiere el país. Sin banderías, sin otro objetivo que no fuese el bienestar futuro del mayor número de costarricenses.

Entendamos que las decisiones sobre la OCDE deben colocarse muy por encima de cualquier interés o aspiración personal, gremial, sectorial o partidaria, manteniéndonos unidos y reconociendo que un nuevo e inteligente esquema de gobernanza nos dará la versatilidad para enfrentar un mundo en el que las reglas y los esquemas actuales muy pronto habrán caducado.

Este es el espíritu y convicción que debe prevalecer en esta hora, en la que estamos a pocos pasos de hacer nuestra mayor contribución institucional a las futuras generaciones.