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En el ámbito geológico durante la última década esa sido muy evidente la fuga de cerebros costarricenses. Muchos colegas trabajan alrededor del mundo ayudando con sus conocimientos y creatividad a fortalecer tierras ajenas a la que les vio nacer. No es sano para Costa Rica que los profesionales tengan que emigrar por razones politiqueras mal direccionadas por funcionarios que juraron mostrar su lealtad hacia la patria y han hecho todo lo contrario.

¿Cómo sabemos que las decisiones son antojadizas y no técnicas? En el 2010 la jerarca de la Comisión Nacional de Emergencia le prohibió al geólogo de la institución emitir los resultados de su evaluación acerca de los peligros para los conductores en la ruta 27. Para la construcción del puerto caribeño por APM, se trajeron piedras de Noruega y Nicoya, por no aprovechar un tajo idóneo ubicado a 20 kilómetros de Moín. El costo económico, social y ambiental de estas decisiones ideológicas lo pagaremos muy caro. Si hiciéramos una breve encuesta entre geólogos, veríamos más ejemplos de ineptitud y corrupción oficial.

A partir del 2010 en que se anuló la concesión minera ya otorgada y avalada por la Sala Constitucional, los oportunistas políticos profesionales condenaron a la pobreza a varias comunidades alrededor de Crucitas. El ciudadano no tardó en darse cuenta que la mejor opción habría sido permitir el aprovechamiento empresarial moderno, en contraste al caos y anarquía allí generado por los ideólogos extremistas quienes recibieron premios profesionales, políticos y personales, a costa de la afectación a la colectividad. Incluso hoy día, pudiendo corregir los errores del pasado, siguen recetándole la odiosa subsistencia al pueblo, mientras ellos como diputados, funcionarios o profesionales no se limitan a ese nivel de pobreza.

Costa Rica necesita de expertos en solucionar problemas en lugar de expertos en oponerse al desarrollo. Los demagogos han tenido rienda suelta y gran éxito en fabricar la tormenta perfecta con toda su labor anti-empresarial. En Latinoamérica disminuyó la brecha entre ricos y pobres con excepción de Venezuela y Costa Rica. En San José, jamás se han visto tantos locales vacíos, tantos indigentes ni tantos suicidios.

Los mismos que nos empobrecen con sus inmorales pensiones de lujo y abusos de autoridad, prohíben el desarrollo. En este caso, prohíben la investigación científica y la exploración requerida para conocer nuestros recursos. Se enorgullecen de imponer políticamente lo que no pueden justificar con la verdadera ciencia y razonamiento lógico, por eso necesitan el caos y el rio revuelto como el que vemos en Crucitas y zona norte.

Nuestros pseudo-servidores públicos consideran un gran logro que tengamos que importar todos los recursos mientras exportamos las fuentes de trabajo y los mejores talentos nacionales. En el país operan decenas de empresas que ocupan y utilizan oro para fabricar sus productos, un mineral ampliamente disponible en Costa Rica, sin embargo estas empresas se ven obligadas a importarlo.

En el 2010 varios colegas el Colegio de Geólogos (CGCR) advertimos sobre el desastre multifacético que se generaría al darle la espalda a la minería moderna, ahora evidente en la actualidad. Lastimosamente hoy podemos prever que debido a la falta de asesoramiento científico y de voluntad política, la crisis de la zona norte va a crecer y extenderse a otras zonas auríferas del país. Ya inició la etapa que advertimos hace años en que la orería ilegal y contaminante empieza a ser el menor de los problemas.

El arma oficial más eficiente para “controlar” la crisis es a nivel de noticieros, lograr que los medios ignoren la anarquía fabricada es ciertamente mucho más fácil que realmente solucionar nada. El documento enviado a medios con las 325 firmas de vecinos genuinos de la zona solicitando al presidente Alvarado que les permita trabajar la minería de manera legal y ordenada fue totalmente ignorado. Los vecinos siguen quejándose del acoso, de la pérdida de soberanía nacional y de sus propias fincas, del ingreso incontrolable de los oreros ilegales, y del elevado decomiso de material, oro y mercurio que nadie sabe a cuánto asciende ni adónde fue a parar. Ellos cuentan que desde el 2009 se sienten burlados y abandonados por el gobierno.

Por otro lado la denuncia presentada por el CGCR en noviembre ante el Tribunal Ambiental Administrativo no se resuelve, así como tampoco la solicitud de este mismo gremio ante el fiscal de San Carlos para conocer cuánto oro han decomisado y las alternativas serias y científicas ofrecidas por este Colegio, todo ha sido ignorado.

Mientras tanto, el gobierno de Nicaragua reporta un aumento drástico en sus exportaciones de oro, que coincide con los $400 millones estimados del saqueo en suelo Tico. El monto real robado a los costarricenses a la fecha puede ser fácilmente de $600 a $800 millones o más, cifra que siempre ha sido minimizada por el MINAE, con el fin de que el ciudadano no comprenda ni se indigne sabiendo que si esos recursos fueran aprovechados, no tendrían que pagar impuestos nuevos ni precios siempre crecientes, la economía estaría fortalecida y su calidad de vida estaría mejorando.

Tristemente, podemos pasar pronto a la historia como uno de los peores ejemplos a nivel mundial del daño provocado por los activistas que con sus ideologías radicales pretenden enviarnos de vuelta al Siglo XIX. Con una deuda pública de más de ₡16 billones equivalente a ₡11.000 millones diarios para cubrir solamente los intereses.

Es necesario que los profesionales de todos los campos demos el paso al frente y exijamos la aplicación de la correcta y verdadera ciencia en vez de conformarnos con la politiquería sin sentido ni fundamento.

Los jueces, diputados, ministros y funcionarios que hicieron posible el saqueo de nuestro oro a partir del 2010 cuando anularon una concesión debidamente otorgada luego de 15 años de trámites, fueron advertidos por el CGCR. Los servidores públicos de turno pueden ahora aprovechar la asesoría gratuita de nuestro gremio para bien del país o decidir terminar de hundirnos si continúan con la politiquería… lo peor estará por venir.