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La pasada huelga del sector salud con la que los costarricenses recibimos el mes de agosto dejó entrever múltiples facetas de la idiosincrasia tica, la mayoría de ellas para nada halagüeñas.

No soy anti huelgas. Son el mecanismo último para pelear nuestros derechos laborales. Pero cuando ese mecanismo último pasa a ser el primero, y cuando los líderes sindicales enmascaran sus verdaderas intenciones y buscan manipular apelando al romanticismo, eso no puede dejarse pasar por alto.

Pelear por un salario ya establecido por ley no es nada por lo que haya que avergonzarse. El problema radica precisamente en intentar opacar esa demanda con la inclusión a último minuto de una lucha “en defensa de la Caja” para conseguir más adeptos.

No me malentiendan: yo también estoy enamorada de nuestra Caja Costarricense de Seguro Social, lo que es y lo que representa. Pero agarrar ese amor como relleno de utilería para las demandas sindicales, en especial cuando en el pasado han visto y callado acciones que tratan de desmantelarla, me parece reprochable.

Y es que los sindicatos han visto y dejado pasar, entre otros:

Para ser justos, diversos sindicatos sí se han sentado a la mesa exigiendo respuestas a algunas de las situaciones previamente planteadas, pero ¿dónde han estado las fervientes y paralizantes manifestaciones nacionales para defender a nuestra Institución ante tales agravios?

No es secreto que múltiples sectores (algunos ocultos, otros muy visibles) intentan desmantelar nuestra Institución modelo de la paz social. Pero esta lucha nos corresponde a todos los costarricenses por igual, y no podemos permitir que grupos con intereses particulares prostituyan esa lucha y la utilicen sólo cuando lo vean conveniente.