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En nuestro país ya son costumbre los escándalos de tres días producto de un desacierto de comunicación.

El más recientemente es el anuncio del Icoder sugiriendo poner rejas al Parque Metropolitano La Sabana, pulmón verde de una ciudad amortajada en concreto y adoquines. Las reacciones se dispararon de inmediato, instrucción presidencial incluida.

A mí no me me interesa discutir si se debe enrejar o no, me interesa sobre todo lo que este debate revela sobre nuestra idiosincrasia y hacia dónde vamos producto de la misma.

En otros países...

Las reacciones de molestia ante el anuncio del Icoder, tienen un punto en común: en una ciudad con escasas áreas verdes se propone cerrar y restringir uno de los pocos espacios de esparcimiento existentes.

Sin embargo, hay quienes señalan con toda razón: en el mundo existen grandes parques urbanos con rejas y no son un impedimento para su disfrute. Señalan el Central Park de Nueva York o el Parque del Retiro de Madrid.

Efectivamente, son grandes parques enrejados, en ciudades rebosantes de otros parques abiertos y de espacios de esparcimiento. Y en el caso puntual del Retiro, hablamos del que fue el parque privado de los reyes españoles, concebido con rejas desde su fundación. No es que las rejas sean ajenas a la historia de los costarricenses.

El Parque Central de San José originalmente estaba cercado por una reja de hierro forjado, o sea que limitar el uso del espacio público nos viene de largo. Sin embargo, La Sabana es creado en 1978, de la mano de un estado de corte socialdemócrata, que quizá previendo el crecimiento de la ciudad decide garantizar un espacio libre de concreto.

Es muy significativo que se trata prácticamente del patio trasero de Los Hatillos, barrios obreros por definición, y muy anteriores al boom inmobiliario del oeste de la capital, que hoy vende La Sabana como un valor agregado a sus torres de apartamentos.

Luz y seguridad

Luego están los argumentos que parecen sensatos, pero que si se les mira ya no lo parecen tanto: es necesaria más iluminación y más presencia policial, no bastan cámaras y teléfonos de emergencia.

Vamos por lo segundo. ¿De verdad queremos policías acosando por fumarse un puro? ¿Motorizados maniobrando entre canastas de picnic y gente trotando? Porque esa ha sido la experiencia en el Parque Francia.

Tenemos una policía que acostumbra confundir la protección ciudadana con la represión. Y, sin embargo, voy a romper una lanza a favor de la Fuerza Pública. Tenemos la policía que hemos permitido. Si clamamos por mano dura, pensando que eso resuelve algo, no nos extrañe tener un mal encuentro con las fuerzas del orden.

Sobre la otra mitad del argumento, la iluminación, lo cierto es que La Sabana está iluminada en todo su perímetro y en el interior. Me dirán: ¿pero bien iluminada? A ver, se trata de un parque con árboles, hay sombras y oscuridad como es lógico.

¿O es qué pretendemos reemplazar los árboles por postes de iluminación? San José es ya de por sí una ciudad sobre iluminada; esto se puede constatar en fotos satelitales, donde queda evidenciado el contraste con otras capitales más grandes y con menos contaminación lumínica.

Pero en Costa Rica creemos de verdad que un par de postes de luz nos protegen de algo más que meternos en un hueco de la calle. En Berlín existe el Tiergarten, un pulmón verde y oscuro, con rejas que nunca se cierran, y que los berlineses caminan por las noches camino a sus destinos.

Reclamar el espacio público

Creo que el problema real del espacio público es que los “chepeños” llevamos más de treinta años de un abandono sistemático del espacio público; nos hemos encerrado en nuestras casas, después en residenciales cerrados, ahora en torres inexpugnables. Y digo “chepeños” porque creo que es un síndrome muy de la capital y sus alrededores.

En zonas de costa o rurales la relación con el espacio público es muy diferente, aunque poco a poco se asimilan estas políticas públicas que nos limitan en lo individual en lugar de resolver los problemas de fondo.

Asaltos en los cajeros automáticos, la respuesta fue ponerles horarios limitando su uso. Los cuidacarros se hicieron dueños de la calle, entonces les damos lo que nos pidan por miedo a sus represalias. Entran indigentes a La Sabana, cerramos el parque para todos.

Está claro que son muchas las cosas que deben resolverse en torno a seguridad y espacios públicos, pero creo que lo primero es que queramos hacer uso de los mismos, y en ese sentido hay iniciativas que apuntan a vivir la ciudad de una forma diferente, pero estas iniciativas solo sirven si nosotros salimos al espacio público y lo vivimos como nuestro, es decir, de todos.

Fe de erratas del autor: Si bien el Central Park de Nueva York es en la realidad un parque abierto, donde se cierran algunas atracciones durante la noche, muchas personas en redes sociales lo usaron de ejemplo como parque de acceso restringido, por eso lo menciono junto al Retiro de Madrid.