Este artículo representa el criterio de quien lo firma. Los artículos de opinión publicados no reflejan necesariamente la posición editorial de este medio. Delfino.CR es un medio independiente, abierto a la opinión de sus lectores. Si desea publicar en Teclado Abierto, consulte nuestra guía para averiguar cómo hacerlo.

El trabajo de los diputados está constantemente expuesto al escrutinio y la opinión pública. Aunque sea casi un deporte nacional, minimizar y ridiculizar la labor de los legisladores, esta no deja de ser compleja, ardua y llena de responsabilidades. 

El artículo 105 de nuestra Constitución establece que “La potestad de legislar reside en el pueblo, el cual la delega en la Asamblea Legislativa por medio del sufragio...” Los diputados somos representantes de las distintas corrientes y formas de pensar que existen en nuestro país. No es casualidad entonces que en el Parlamento estén representadas tantas agrupaciones políticas, sumamente diversas en sus ideologías y pensamientos. Somos reflejo de la polarización que la sociedad costarricense está viviendo en este momento. 

Esta división nacional, ya prolongada por un tiempo considerable, ha ido generando asperezas en el pueblo. Resentimientos entre grupos, enojos y sentimientos de odio, muy alejados del título de “País más feliz del mundo” que constantemente nos jactamos de tener. Los actos, que solo se puede calificar como terroristas, de esta semana en casa presidencial y en mi despacho, son síntomas de que ya no somos un ni un país “Pura Vida”, ni el país abanderado de la paz.

La pobreza, el desempleo, la reforma tributaria, el descontento con la clase política, la corrupción y una gran polarización en temas de derechos humanos, tienen a este país al borde de un colapso social. A esto hay que sumarle que existen grupos sociales, prensa y por qué no decirlo, políticos, alimentando esta sensación de malestar para sacar réditos propios. Costa Rica está como un perro pitbull encadenado. Agresivo, muerto de hambre, y a punto de reventar la cadena para atacar. Pero no hay que dejar que la cadena se reviente. Todavía podemos rescatar al perro.

Tanto el Poder Ejecutivo como el Legislativo, debemos atender y escuchar a todos los sectores que clamen por nuestra ayuda y apoyo, tengan o no razón en sus argumentos. En esto hago un fuerte llamado de atención al Presidente de la República y sus Ministros. No puede ser que en una misma semana desfilen con un grupo que pide derechos, pero les cierren las puertas a otros cuyas necesidades son igual de válidas. 

De mí se ha dicho en algunos medios, que soy una diputada con ideas y posturas claras, que no doy vueltas y que confronto con vehemencia. Es cierto. Pero eso no significa que sea cerrada o intransigente. Todo lo contrario. Soy abierta a cualquier crítica o corrección. Cuando he tenido que rectificar lo he hecho, pero no cederé ante la anarquía, el terrorismo y la intimidación. 

Las puertas de mi despacho están abiertas, donde recibiré a cualquier persona con un café, para que, mediante el diálogo, con respeto y tolerancia, hablemos sobre los problemas que aquejan nuestro país. No hay insulto, amenaza, ni explosivo que me detendrá en mi ahínco por sacar a Costa Rica adelante.