En poco más de un año empezará a regir el reconocimiento de un derecho que, durante décadas, solo pudo ser visto como un anhelo por la igualdad. Todas aquellas familias que hoy son discriminadas por la ley podrán vivir con mayor paz y, además, quienes deseemos formar una familia, no estaremos ante un sueño imposible. El Matrimonio Igualitario y el reconocimiento de las Uniones de Hecho entre parejas del mismo sexo son derechos ya dados en Costa Rica, que empezaremos a ejercer el 26 de mayo de 2020. Eso es una realidad incuestionable.

Hoy, en la conmemoración del Día Internacional contra la Homofobia, Lesbofobia, Bifobia y Transfobia hago este aporte, que deseo nos ayude a comprender los acontecimientos más recientes que nos trajeron aquí. Solo así, podremos honrar y gozar en forma plena, no a medias, los derechos reconocidos.

¿Qué fue lo que pasó?

Hoy, hace exactamente tres años, el Gobierno de Costa Rica presentó una solicitud de Opinión Consultiva ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos, respecto a cuáles y cómo debían ser reconocidos los derechos de las personas en temas de identidad de género y no discriminación a las parejas del mismo sexo.

La Corte, el 9 de enero de 2018, notificó su decisión. En relación con el segundo asunto —que trato acá— fue contundente: las familias conformadas por parejas del mismo sexo tienen el derecho de acceder a las mismas figuras que cubren a las parejas heterosexuales. Sentencia que ha hecho eco en gran parte de América Latina, incluida Costa Rica.

Así es como, meses después, el 8 de agosto de 2018, la Sala Constitucional declaró inconstitucionales los artículos del Código de Familia que prohibían el Matrimonio Igualitario y el reconocimiento de las Uniones de Hecho entre parejas del mismo sexo. Aún ello, la eficacia o “entrada en vigor” de esa decisión, sería hasta 18 meses después de publicada la sentencia.

Ahora bien, la crispación generada por ambas resoluciones se mantiene viva en las críticas de quienes, a hoy, cuestionan el hecho irrefutable de que la Corte y la Sala decidieron a favor de la igualdad para todas las familias. En el ámbito político, muchas de esas voces vienen desde la Asamblea Legislativa, órgano que no hizo su tarea en el tema.

A golpe de sentencia

Que el reconocimiento del Matrimonio Igualitario y las Uniones de Hecho entre personas del mismo sexo lo dictara la Sala Constitucional y no la Asamblea Legislativa es un asunto esencial para comprender los cuestionamientos que se realizan. Este asunto, es uno de los principales -y eternos- debates del Derecho.

En todo régimen democrático las personas elegimos a las máximas y máximos representantes para que conformen el Poder Legislativo, sitio donde -teóricamente- se abordan las realidades y necesidades más importantes que surgen en una sociedad, para dar respuesta a ellas.

Pero han existido —y existen— realidades y necesidades que han sido desatendidas durante tanto tiempo por las y los diputados, que la propia institucionalidad debe abrir otras válvulas de escape que permitan al Estado responder.

Cuando ese desamparo trata sobre asuntos protegidos por la Constitución o los tratados internacionales sobre Derechos Humanos, aparecen los máximos tribunales como válvula de salida. En el caso de la no discriminación a las parejas del mismo sexo fueron dos las vías que dieron respuesta: a nivel internacional, la Corte Interamericana de Derechos Humanos y, a lo interno, la Sala Constitucional.

Si bien creo fielmente que, por su naturaleza democrática, es en la Asamblea Legislativa donde deben darse las discusiones y tomar las decisiones sobre los temas centrales de un país, cuando las necesidades y realidades en materias como los Derechos Humanos son tan apremiantes que sobrepasan los tiempos legislativos, debe accederse a esas otras válvulas de salida.

En este caso a la Corte y la Sala para resguardar un Derecho Humano que, detrás, tiene a una persona que se está viendo afectada por no haber una decisión, una certeza. Este trasfondo del “cómo” se tomó la decisión nos permite ver como las críticas son infundadas, pero, más allá, nos deben preparar para lo que viene.

El paso siguiente

Cuando lleguemos al 26 de mayo de 2020 el reconocimiento del derecho al Matrimonio Igualitario y a las Uniones de Hecho entre personas del mismo sexo entrará en vigor. Nuevamente, eso es irrefutable.

Pero el “cómo” llegamos a la igualdad entre todas las familias, según lo comentado, podrá generar que ciertos grupos intenten crear distracciones jurídicas innecesarias, con un sinfín de opiniones para que sólo se reconozcan los derechos a medias. Dirán, por ejemplo, que la Sala anuló las dos frases que impedían el ejercicio de esos derechos, pero nada más, no se creó legislación correspondiente sobre el Matrimonio Igualitario y las Uniones de Hecho entre personas del mismo sexo.

Para mí, el asunto es claro. No debemos caer en esas distracciones, la Corte y la Sala fueron contundentes, para todas las familias, los mismos derechos. Es así, bajo una igualdad plena, como deberá aplicarse la Ley.

Y, nuevamente, serán las juezas y jueces quienes lo harán. Quienes en cuestiones tales cómo el orden de los apellidos de las y los hijos de una pareja del mismo sexo, resolverán con las técnicas de interpretación jurídica que aplican en cualquier otro caso. Así de simple.

Honrar el logro

Junto al golpe de sentencia, debe dársele atención a la cultura cívica de la sociedad, ya que este es un caso donde las normas irán más rápido que el cambio en la psique social. Para honrar ese logro, no debemos decaer en los esfuerzos que cientos de personas, activistas o independientes hacen día a día. Con el fin de hacer entender que los nuevos derechos traerán más paz social, no crispaciones.

Quienes vivimos, en uno u otro sitio este proceso, todavía no nos damos cuenta de las dimensiones de lo alcanzado. De la tranquilidad y felicidad que llevará a las familias el hecho de vivir ante la ley como esposas y esposos, con todos los derechos que eso trae. De la ilusión y felicidad que traerá a quienes deseamos formar una familia saber que está bien tomarse de la mano y caminar, dado que somos iguales. De que toda unión es una familia.