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El día de ayer pude observar algo que lamento y que viene sucediendo con más frecuencia de lo que imaginamos, por lo que no le hemos prestado su debida atención.

Lamentablemente el domingo quedó marcado con la noticia del fallecimiento de tres policías en la zona de Pocosol, que nos sacudió a todos. Independientemente de las circunstancias y de que los datos no eran claros, a los pocos minutos empezaron a pulular los comentarios oportunistas de algunas lamentables figuras políticas que se frotaron las manos para ver qué podían decir para crear controversia contra el Gobierno y la situación del país.

Uno de los casos más obvios fue el de la diputada Ivonne Acuña, quien cambió 3 veces de mensaje atacando al Ejecutivo (luego borró sus publicaciones). Claro, no podría dejar pasar la situación para dar a entender que todo lo lamentable que ocurra debe ser culpa del Gobierno. Nótese que no dice Estado porque sabe que en el Estado están todos los poderes y eso incorporaría al que ella representa.

También ayer se viralizó un video del exdiputado (PAC...), animador de vida, politólogo, Juan José Vargas Fallas, quien ataca al Gobierno por sus políticas en derechos humanos entre otros temas con los que está en desacuerdo.

Sobre el fondo, demos el beneficio de la duda y digamos que el político solo hizo el comentario y su mensaje original no incluye las imágenes que acompañan el video en cuestión, más allá de que insista en que el Gobierno está en contra de la familia y los “valores”. “Están destruyendo la familia y están atacando la religiosidad”, dice.

Las imágenes incorporadas a su comentario y el tono en que están montadas y editadas se contrapone a las líneas de respeto y amor a la población sexualmente diversa de las que él se supone habla: “las respetamos” (a pesar de que en 2010 alcanzó 5 minutos de fama por su intento de crear una clínica para “curar” la homosexualidad). Hasta ahora el motivador ha guardado silencio y no ha condenado la ¿tergiversación? de su mensaje, que claramente no va de la mano con lo que se supone quiere dar a entender: “Con el odio y la violencia no ganamos nada... pero despertemos Costa Rica...”.

En medio de estos mensajes oportunistas, irresponsables y alarmistas vemos como las redes estallan con perfiles falsos y montajes de noticias falsas o imágenes atacando y culpando al Gobierno de cuanta situación suceda en el país.

Ese es el nivel más bajo de política, la manipulación de los sentimientos de los menos informados. Lo único que se consigue es crear una inestabilidad social más profunda de la que ya tenemos.

Igual que yo puede estar usted disconforme con el actuar del Poder Ejecutivo en algunos temas, pero como ciudadano mi principal interés debería ser que nuestro país salga adelante, no generar un ambiente de falsa ebullición a partir de información falsa y tergiversada.

Tanto estos diputados mediocres como quienes desde un púlpito generan un mensaje de levantamiento y resentimiento social no brindan soluciones, simplemente empeoran la situación. No muestran respeto ni siquiera ante la tragedia, son capaces de aprovecharse de cualquier evento lamentable para ejercer su “control político” y confundir a la población. ¿Para eso los elegimos? ¿Para eso los colocamos en posiciones de poder?

Queda claro que para algunos es más fácil manipular a la gente que ponerse a trabajar por Costa Rica. Queda claro lo bajo que están cayendo algunas personas por su afán de acaparar el poder o por ver de dónde recaudan más recursos para sus plataformas, desde las cuales, evidentemente, operan con irresponsabilidad.

¿Cuántas personas están siendo manipuladas en un juego que amenaza con hundir a Costa Rica? ¿Cuánto valor tienen estos mensajes germinados en el odio y la desinformación? ¿De qué forma nos ayudan a tener una conversación seria, de altura y democrática?

No podemos permitir que se nos olvide por un segundo: cuando se argumenta de esta forma el gran perdedor es el ciudadano costarricense.